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El planeta se nos agota, por Paul Krugman

Posted by Roberto on 4:16 in , , , , ,

Paul Krugman

Publicado en el New York Times el 21/04/2008



¿Habrá un momento en el que la economía mundial no pueda seguir creciendo? La actual crisis global de recursos naturales sugiere que sí.

Hace nueve años, The Economist publicó un largo artículo sobre el petróleo, que en ese entonces se vendía en 10 dólares el barril. La revista advirtió que esa situación no podía durar. En cambio, sugería, el petróleo bien podría caer a cinco dólares el barril.

En todo caso, afirmaba The Economist, el mundo enfrentaba "la perspectiva de petróleo barato y abundante en el futuro previsible".

El pasado 21 de abril el petróleo llegó a los 117 dólares.

No es sólo el petróleo lo que hoy desafía la autocomplacencia de hace unos cuantos años. Los precios de los alimentos también se han disparado, al igual que los de los metales básicos. Y el aumento mundial en los precios de las mercancías está reviviendo una pregunta que no hemos oído mucho desde los años 70: ¿Representarán las reservas limitadas de recursos naturales un obstáculo para el crecimiento económico mundial futuro?

El cómo se responde a esta pregunta depende en gran medida de qué creamos que está impulsando el aumento en los precios de los recursos. En líneas generales, hay tres puntos de vista contrapuestos:

El primero afirma que se trata, principalmente, de la especulación: que los inversionistas, buscando rendimientos más altos en momentos de bajos tipos de interés bajos, se han metido a acaparar en los mercados de futuros de mercancías, lo que ha provocado el aumento de los precios. Desde este punto de vista, algún día cercano, reventará la burbuja y desaparecerán los precios altos de los recursos.

El segundo sostiene que los precios crecientes de los recursos, de hecho, sí tienen una base en aspectos reales — en especial el rápido incremento en la demanda de los chinos, nuevos consumidores de carne y automóviles —, pero que con el tiempo perforaremos más pozos, plantaremos más hectáreas, y el incremento en el suministro hará que vuelvan a bajar los precios.

El tercer punto de vista es el que dice que ya terminó para siempre la era de los recursos baratos, que nos estamos quedando sin petróleo, sin tierra para expandir la producción de alimentos y, en general, sin planeta que explotar.

Yo me ubico en algún lugar entre el segundo y el tercer punto de vista.

Hay algunas personas muy inteligentes —incluido George Soros— que creen que estamos en una burbuja de mercancías (aunque el Sr. Soros dice que nos encontramos aún en la fase expansiva de la burbuja). Mi problema con esa perspectiva, no obstante, es éste: ¿dónde están los inventarios?

Por lo general, la especulación hace que suban los precios de las mercancías al promover el acaparamiento. No obstante, los datos no muestran ningún signo de acaparamiento de recursos: los inventarios de alimentos y metales están en puntos bajos históricos o cercanos a ellos, mientras que los del petróleo son sólo normales.

El mejor argumento del segundo punto de vista (que la crisis de los recursos es real, pero temporal), es el fuerte paralelismo entre lo que estamos viendo ahora y la crisis de recursos de los años 70. Lo que los americanos más recuerdan de los 70s son los incrementos en los precios del carburante y las colas en las gasolineras. Pero también hubo una severa crisis alimentaria mundial, que causó mucho dolor en las cajas de los supermercados y causó hambrunas devastadoras en los países más pobres.

En retrospectiva, es probable que el auge de las mercancías de 1972 a 1975 fuera resultado de un rápido crecimiento económico mundial que rebasó las reservas, en combinación con los efectos del mal tiempo y el conflicto en Oriente Medio. Pero al final, la mala suerte llegó a su fin, se dedicaron más tierras al cultivo, se encontraron nuevos yacimientos de petróleo en el Golfo de México y el Mar del Norte, y los recursos volvieron a ser baratos.

Sin embargo, es posible que en esta ocasión las cosas sean diferentes: ahora suenan más verídicas que nunca las inquietudes sobre lo que sucederá cuando una economía mundial en continuo crecimiento aumente hasta alcanzar los límites de un planeta finito.

Por una parte, no espero que el crecimiento en China se desacelere drásticamente a corto plazo. Ese es un gran contraste en relación a lo que sucedió en los 70, cuando el crecimiento se ralentizó en Japón y Europa, las economías emergentes de entonces, y con ello se liberó mucha de la presión que había sobre los recursos del mundo.

Entre tanto, cada vez es más difícil encontrar recursos. Los grandes descubrimientos de petróleo, en particular, han sido pocos y espaciados entre sí, y, en los últimos años, la producción a partir de los nuevos yacimientos apenas ha sido suficiente para contrarrestar su descenso en los ya establecidos.

Y el mal tiempo que ha golpeado la producción agropecuaria en esta ocasión está empezando a manifestarse más recurrente que El Niño o La Niña, que devastaron las cosechas hace 35 años. Australia, en particular, ahora está en el décimo año de una sequía que parece cada vez más una manifestación a largo plazo del cambio climático.

Supongamos que realmente vamos contra los límites mundiales. ¿Qué significa esto?

Aún si resulta que realmente estamos en el punto máximo, o cerca de él, en la producción petrolera, eso no significa que un día diremos: "¡Oh, Dios mío! se nos acabó el petróleo!", y observemos cómo la civilización se colapsa en una anarquía tipo "Mad Max".

Sin embargo, los países ricos se enfrentarán a una presión sistemática en sus economías por los precios en aumento de los recursos, lo que dificultará más elevar su nivel de vida. Y algunos países pobres se encontrarán viviendo peligrosamente en el límite, o encima de él.

No miren ahora, pero es posible que los buenos tiempos simplemente hayan terminado.
Paul Krugman es profesor de economía y política exterior en la Universidad de Princeton.

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"Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es probable que el trabajo se haya hecho mal".


J. M. Keynes. 1936

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