0

¿Quién quiere recortarnos los impuestos?

Posted by Roberto on 10:28 in , , , , ,
El pasado domingo, el profesor y premio Nobel de Economía en 1970 Paul Samuelson publicaba en El País un artículo magnífico con el título "Adiós al capitalismo de Friedman y Hayek" que os invito encarecidamente a leer. En él repasa los culpables de la crisis que nos azota: desde los "envenenados" legados intelectuales de Milton Friedman y Friedrich Hayek hasta las torpezas geopolíticas de Bush o Reagan, el papel de supervisores y agencias de calificación de riesgos, los ingenieros financieros y los recortes impositivos de Bush.

El artículo volvió a despertar mi interés por las enseñanzas del viejo profesor, con cuyo manual de Economía (que lleva 18 ediciones y más de 4 millones de ejemplares vendidos) nos hemos criado en la mitad de facultades de económicas del mundo.

Pues bien, navegando por la red he dado con un texto magnífico: un manifiesto firmado por catorce de los más importantes economistas del mundo (junto a Samuelson firman otros 9 premios Nobel), condenando las políticas de recortes fiscales de Bush en 2003 para "combatir la recesión". [Descargar] .

Pincha sobre la foto para verla a tamaño completo

Traduzco lo más interesante:

"(...) El exceso de capacidad productiva, los escándalos corporativos y la incertidumbre seguirán ralentizando la economía.

El recorte impositivo propuesto por Bush no es la respuesta a estos problemas. (...) Existe gran consenso acerca de que el propósito de estas medidas es cambiar de forma permanente la estructura impositiva y no la creación de empleos o el crecimiento en el corto plazo. El recorte permanente en la carga impositiva sobre los dividendos, en particular, no es creíble como estímulo a corto plazo (...).

El deterioro fiscal reducirá la capacidad del gobierno para financiar la Seguridad Social y el gasto del Medicare (NT: Seguro de salud gubernamental para los mayores de 65 años), como también las inversiones educativas, salud, infraestructuras e investigación básica. Además, el recorte de impuestos generará mayores desigualdades en la distribución de la renta después de impuestos.

Para ser efectivo, un plan de estímulo debería basarse en ampliar de forma inmediata, pero temporal, el gasto, además de medidas fiscales para estimular la demanda, así como incentivos a la inversión. Estas medidas estimularían el crecimiento y la creación de empleo sin comprometer el equilibrio presupuestario futuro."

No hace falta ser un lince para apreciar muchos paralelismos entre la política económica de Bush y las recetas mágicas de los señores Cristóbal Montoro y Rajoy. Creo que se les ve un poco el plumero, caballeros. Sus medidas no sirven para atajar la crisis, es más, la empeoran. Sólo sirven para desmantelar el Estado de Bienestar del que tan orgullosos estamos los europeos. Que alguien les regale el manual de Samuelson, urgentemente.

|
0

La fiesta del ladrillo acaba en drama

Posted by Roberto on 4:58 in , ,
La noticia que abajo reproducimos aparece hoy en el diario La Verdad de Murcia. De ella podemos destacar los siguientes datos, estremecedores:
  • El número de viviendas iniciadas en la Región ha caído casi un 60% respecto al último año. Aunque obviamente se esperaba un bajón importante, el frenazo creo que supera las previsiones más pesimistas. Del sobredimensionado peso de la construcción en nuestra región se deriva el segundo dato:
  • El número de parados en la Región de Murcia supera ya los 101.600, lo que representa una tasa del 14,09% de nuestra población activa, habiendo aumentado el paro durante el último año en 44.800 personas, un 78,85%. En España, la tasa de paro está en el 11,33%, habiendo subido durante el último año el número de parados hasta los 2.598.800 respecto a 1.717.900 de hace un año. Esto es, el paro ha aumentado en España un 51,27%. A los mismos gobernantes regionales que se vanagloriaban hace unos años de crear más empleo que el resto de España deberíamos ahora preguntarles de quién es responsabilidad que la crisis (que a todos golpea) lo esté haciendo aquí con tanta virulencia.
  • Otros datos preocupantes son la caída del número de matriculaciones (36%) y, sobre todo, el estancamiento de nuestras exportaciones. Nuestra descompensada estructura productiva, de la que muchos vienen avisando hace tiempo entre las mofas del séquito de Valcárcel, comienza a pasarnos factura, y no es menuda.

La promoción de nuevas viviendas desciende casi un 60% en la Región


Frenazo en seco en el sector de la construcción de la Región de Murcia. Después de varios años en los que en ninguna otra provincia española se edificaban tantas casas como en Murcia, el sector parece haber caído por un terraplén empujado por la crisis financiera y económica, tal y como muestra el dato de que en los siete primeros meses del año el número de viviendas iniciadas en la Región ha disminuido un 58,80% con respecto al mismo periodo de 2007.

En concreto, el número de viviendas iniciadas entre enero y julio fue de 13.277 y el pronunciado descenso tiene su reflejo en las caídas del número de hipotecas suscritas y de las operaciones de compraventa registradas en la Región en lo que va de año.

El dato aparece en el boletín económico de octubre de Cajamar, en el que se comenta cómo, a pesar de la fortaleza mostrada hasta ahora por la construcción murciana, «las dificultades de financiación, así como el clima de incertidumbre, tanto nacional como internacional, están provocando un rápido e intenso deterioro de los indicadores del sector».

Dos de estos indicadores que muestran las dificultades que acucian a los constructores en los últimos meses son la caída en un 17% de las ventas de cemento registrada en la Región durante el pasado año, y el descenso de la licitación oficial en un 58,90% en el primer semestre del año.

Una de las consecuencias de la notable disminución de las viviendas que se inician en la Región ha sido el rápido incremento del desempleo, que superó los más de 100.000 parados y alcanzó la tasa del 14,09% en el tercer trimestre del año, según la Encuesta de Población Activa.

Esta negativa evolución del empleo, según el boletín económico de Cajamar podría agravarse a corto plazo, a medida que se vayan concluyendo las promociones que aún siguen en marcha. «Por si fuera poco -indica la entidad financiera-, las viviendas terminadas aún presentan tasas positivas, lo que es preludio de nuevas incorporaciones a los listados de los organismos gestores del desempleo».

Impacto en el consumo

En concreto, el número de viviendas terminadas en la Región ascendió en los siete primeros meses del a 26.990, con un aumento del 22,30% con respecto al mismo periodo del año anterior.

Para completar las poco halagüeñas perspectivas que aguardan a la economía murciana, Cajamar agrega que «el impacto sobre el consumo interno ha sido, como en el resto de ámbitos analizados, muy importante, aunque aquí no se está encontrando el alivio de la demanda externa o del turismo, afectados también por indicadores negativos».

El boletín económico se refiere, entre otros datos, al acusado descenso de la matriculación de vehículos en la Región, que fue de más del 36% entre enero y agosto, y al estancamiento de las exportaciones, que sólo crecieron una décima en el primer semestre del año, periodo en el que las importaciones cayeron más de un 55%.

|
0

Impotentes (literalmente) ante la crisis

Posted by Roberto on 10:25 in ,
Impotentes, literalmente. Si estaba usted partiéndose de la risa porque jamás supo lo que es tener unas acciones, debería saber que la crisis está emigrando desde el NASDAQ y el IBEX-35 directamente hasta nuestras braguetas. Si tres billones de euros es la suma nos vamos a gastar en levantar el sistema financiero, ¿cuánto nos costará volver a levantar el humor a cientos de millones de desacelerados ciudadanos? ¿propondrán Paulson y la UE un fondo de rescate de emergencia? ¿cuando retomaremos los niveles normales de inflación? ¿podrán reanudarse las inyecciones de liquidez?

La crisis dispara los casos de disfunción eréctil.
Información de El Mundo Negocios. 17/10/2008

ALICANTE.- Era cuestión de tiempo que la crisis se colara entre las sábanas de los españoles y amenazara con inmiscuirse en la dimensión de la pareja. Luis Prieto, responsable del departamento de Urología del Instituto Bernabeu, en Alicante, ha sido el primero en constatar que la coyuntura económica está detrás del paulatino crecimiento de casos de disfunción eréctil.

Según manifestó este jueves el doctor, «han aumentado el número de consultas porque ha crecido el número de parados». Y es que la preocupación inherente a este tipo de situaciones provoca insomnio, falta de apetito, cansancio, tristeza, irritabilidad y pesimismo. «Con todo ello», añadió Prieto, «hay más ansiedad, se consigue una menor relajación y peores condiciones para las relaciones sexuales».

La preocupación y el estrés generado por la crisis explicaría, según reconoce el experto, que la disfunción eréctil tenga cada vez más un «origen psicológico». También en esta clave se entienden otros fenómenos al alza, como el insomnio y la falta de descanso adecuado y el descontrol del ciclo del sueño.

La ansiedad y las alteraciones de la autoestima son el origen de la disfunción pero, al mismo tiempo, desempeñan también un importante papel en el mantenimiento de la misma, ya que «un primer episodio disfuncional puede convertirse en una primera experiencia frustrante».

El circulo vicioso se completa con la auto-observación que provoca un primer fracaso y puede verse acrecentado por causas exógenas, como inseguridades, mitos o ideas de culpa. Si a todo ello, se añaden problemas en la relación de pareja, la situación puede volverse «francamente amenazadora o displacentera», añade el doctor Luis Prieto.

Una de las alarmas se registra al analizar el perfil de la persona que acude a la consulta de Urología del Instituto Bernabeu.

El doctor Prieto describe como prototipo a un varón de entre 35 y 45 años, sin alteraciones orgánicas, con relaciones sexuales previas satisfactorias, pero que a partir de un expediente de regulación de empleo o del cese en su actividad laboral, empieza a experimentar cómo afloran los problemas en su vida de pareja.

Los varones acuden indistintamente solos o acompañados. También es destacable que, en los últimos años, son cada vez más las mujeres que «traen» a su pareja a la consulta, cuando la timidez del varón es importante.

Aunque este tipo de problemas suelen solucionarse solos, sobre todo si desaparece la causa. No obstante, es importante la entrevista con un especialista para conocer si los motivos son psicológicos u orgánicos. Influyen también en la recuperación los hábitos de vida saludables, como el descanso, el ejercicio físico, una dieta saludable, el consumo limitado de alcohol y la eliminación del tabaco.

La revelación del doctor Prieto cae como un jarro de agua fría sobre la salud de los españoles, y especialmente de los valencianos, que hace pocas semanas conocieron que la calidad de su esperma estaba por debajo de la media debido, en gran parte, por la contaminación y el ritmo de vida actual.


|
8

¿Vuelve la trampa de la liquidez?

Posted by Roberto on 11:54 in , , ,
“Hemos alcanzado un punto crítico. Podemos apreciar claramente el abismo al que el presente camino nos está conduciendo. Si los gobiernos no toman parte, debemos esperar el progresivo colapso de la estructura existente de contratación e instrumentos de endeudamiento, acompañado por el total descrédito del liderazgo ortodoxo en las finanzas y los gobiernos, con un resultado final que no podemos predecir"

J. Maynard Keynes. Marzo de 1933, en plena Gran Depresión.

Estas palabras tienen más de 75 años, pero vuelven a estar de rabiosa actualidad, tras la nefasta gestión económica del gobierno de George W. Bush, así como de Greenspan y Bernanke al frente de la Reserva Federal norteamericana, donde se han convertido en las "cheerleaders" de la ingeniería financiera, en palabras del profesor Nouriel Roubini, que predijo hace más de 2 años el desbarajuste en el que andamos inmersos.

La cuestión es que la política monetaria está mostrándose bastante impotente para sacarnos de la crisis. Los recortes de tipos llegan escasos y, sobre todo, muy tarde. La situación estadounidense bien recuerda al Japón de los 90. El profesor Krugman lo tiene claro, es el momento de la política fiscal, de estimular el PIB y el empleo a través del gasto público, dada la debilidad del consumo y la inversión privada, a pesar de que algunas voces claman que la mejor manera de afrontar una crisis es con una política procíclica, es decir, deprimiendo todavía más la actividad sumando el frenazo público al privado con un presupuesto contractivo.

Si realmente la política monetaria ha perdido la efectividad en esta coyuntura, la pregunta que debemos hacernos pues, no puede ser otra que la siguiente: ¿Estamos de nuevo, como durante la Gran Depresión, en una situación de trampa de la liquidez?

La trampa de la liquidez es una situación en la que la demanda de dinero es totalmente elástica respecto al tipo de interés, es decir, sucesivos incrementos de la oferta monetaria no consiguen hacer reducir más los tipos y, por lo tanto, estimular la inversión y el consumo. Esto se produce cuando los tipos de interés son tan bajos que los agentes sólo pueden esperar que suban en el futuro. El bajo nivel de los tipos hace que retener activos líquidos en vez de invertirlos tenga un bajo coste. Por otra parte, no sería cauto invertir en bonos, pues su precio es ya muy elevado debido a la caída de tipos, y la previsible subida de éstos en el futuro haría perder valor a la cartera del inversor. Como consecuencia, las inyecciones de liquidez se atesoran en vez de destinarse a la inversión productiva, siendo por completo inefectivas. En términos del análisis IS-LM de Hicks, la curva LM es horizontal, por lo que sólo la política fiscal expansiva (que actúa sobre la IS) puede aumentar producción y empleo, y lo hace además sin causar presión al alza sobre los tipos de interés, por lo que no habrá efecto expulsión de la inversión privada (crowding-out).

En una situación de trampa de la liquidez, los aumentos de la oferta monetaria no consiguen hacer descender más los tipos de interés, al ser la demanda de dinero perfectamente elástica.

La curva LM, que muestra las combinaciones de tipos de interés y nivel de producción que equilibran el mercado de dinero es horizontal. Sólo una política fiscal expansiva, que desplazará a la derecha la curva IS puede hacer aumentar el nivel de actividad y empleo. [Leer más sobre el modelo IS-LM]

La situación descrita bien puede estar sucediendo actualmente en EEUU, con los tipos de referencia en el 1,5% (Actualización del post en septiembre de 2009: ahora los tipos en EEUU están ya en el 0-0,25%). En la Eurozona, a pesar de tener los tipos sensiblemente por encima, en el 3,75% (Actualización del post: 11 meses depués, el tipo de referencia en la eurozona se sitúa en el 1%) parece que el miedo de las entidades a prestarse está logrando provocar el mismo efecto. Parece que, efectivamente, éste es el tiempo de la política fiscal, de retomar la inversión en infraestructuras y proteger el poder adquisitivo de los más desfavorecidos. Sólo esto podrá evitar otra depresión como la de los 30. (Actualización del post: con los tipos actuales cerca del 0%, está claro que la política monetaria ha agotado todo su margen de actuación, leer las notas de Krugman más abajo)

Kruman nos explica la teoría de Keynes de la trampa de la liquidez:

"Antes de Keynes, los economistas consideraban la oferta monetaria una herramienta primordial de la gestión económica. Pero él sostenía que en condiciones de depresión, cuando los tipos de interés son muy bajos, los cambios en la oferta monetaria tienen pocas consecuencias sobre la economía. La lógica era la siguiente: cuando los tipos de interés son del 4% o del 5%, nadie quiere que su dinero quede ocioso. Pero en una situación como la de 1935, cuando el tipo de interés de las letras del Tesoro a tres meses era sólo del 0,14%, hay muy poco incentivo para asumir el riesgo de poner el dinero a trabajar. El banco central podría tratar de estimular la economía acuñando grandes cantidades de moneda adicional; pero si el tipo de interés es ya muy bajo, es probable que el efectivo adicional languidezca en las cámaras acorazadas de los bancos o debajo de los colchones. En consecuencia, Keynes sostenía que la política monetaria, un cambio en la oferta de dinero circulante para gestionar la economía, sería ineficaz. Y por eso, él y sus seguidores creían que hacía falta una política presupuestaria -en especial un aumento del gasto público- para sacar a los países de la Gran Depresión.


Más sobre la trampa de la liquidez actual en palabras del profesor Krugman:

"Durante una recesión normal, la Reserva Federal responde comprando Letras del Tesoro -deuda pública a corto plazo- de los bancos. Esto hace bajar los tipos de interés de la deuda pública; los inversores, al buscar un tipo de rendimiento más alto, se mueven hacia otros activos, haciendo que bajen también otros tipos de interés; y normalmente esos bajos tipos de interés finalmente conducen a la recuperación económica. La Reserva Federal abordó la recesión que comenzó en 1990 bajando los tipos de interés a corto plazo del 9% al 3%. Abordó la recesión que comenzó en 2001 bajando los tipos de interés del 6,5% al 1%. E intentó abordar la actual recesión bajando los tipos de interés del 5,25% al 0%.

Pero resultó que el cero no es lo suficientemente bajo como para acabar con esta recesión. Y la Reserva Federal no puede poner los tipos a menos de cero, ya que con tipos próximos al cero los inversores sencillamente prefieren acaparar efectivo en lugar de prestarlo. De tal modo que a finales de 2008, con los tipos de interés básicamente en lo que los macroeconomistas llaman zero lower bound, o límite inferior cero, como quiera que la recesión continuaba ahondándose, la política monetaria convencional había perdido toda su fuerza de tracción.

¿Y ahora qué? Ésta es la segunda vez que Estados Unidos se ha tenido que enfrentar al límite inferior cero, habiendo sido la Gran Depresión la ocasión precedente. Y fue precisamente la observación de que hay un límite inferior a los tipos de interés lo que llevó a Keynes a abogar por un mayor gasto público: cuando la política monetaria es infructuosa y el sector privado no puede ser persuadido para que gaste más, el sector público tiene que ocupar su lugar en el sostenimiento de la economía. El estímulo fiscal es la respuesta keynesiana al tipo de situación económica depresiva en la que estamos inmersos."


Artículos relacionados

La deflación y la trampa de la liquidez

¿Ha caído EEUU en la trampa de la liquidez?



Actualización del post a 28 de enero de 2009

Desde que decidí escribir este post hace ya unos cuantos meses, ha sido uno de los que más visitas ha generado en este blog. Hoy, con los tipos al 2% ya en la Eurozona, parece que cada vez nos acercamos más a la temida trampa de la liquidez, extremo que quiere evitar a toda costa el BCE. Ahí hay unas cuantas noticias relacionadas.

Sugiere BCE evitar "trampa de liquidez" y descansar recortes

Trichet asegura que los tipos de la eurozona no bajarán hasta cero

Trichet sugiere una pausa en las bajadas tras dejar los tipos en su mínimo histórico

El keynesianismo no ha muerto, por William Pesek

¿Se está usando la máquina de hacer dinero? Andy es el nuevo gurú
(divertido e instructivo)

|
0

Los empresarios de la construcción bloquean las carreteras españolas

Posted by Roberto on 12:07 in ,
Última hora
Los empresarios de la construcción bloquean las carreteras
Sacan sus coches para protestar por la negativa del Gobierno a conceder ayudas financieras a sus empresas para combatir la crisis del sector

Aspecto de un acceso a la madrileña M-30 a las 12:37 horas

La Ronda Oeste de Murcia a su paso por El Palmar tampoco se libró de los atascos

Actualización del post a las 22:43 horas
Ante la avalancha de correos de ciudadanos alarmados por la exclusiva, debo reconocer que se trata de una humilde coña. Como todo el mundo sabe, en Murcia lo que nos gusta son los Mercedes, a ser posible 4X4's

|
0

La crisis económica obliga a los jóvenes murcianos a volver a las aulas

Posted by Roberto on 11:16 in , , ,
Hace un par de días explicaba el concepto de coste de oportunidad y lo aplicábamos a reflexionar sobre el coste del rescate financiero de 2,5 millones de €uros. Hoy aparece una noticia que pone de manifiesto el aumento de la demanda de formación en los centros educativos de la Región de Murcia. Es una clara consecuencia de la crisis: en tiempos de vacas flacas y pocas oportunidades de empleo, el coste de oportunidad de estudiar disminuye drásticamente, por lo que la demanda de educación aumenta. Algo bueno vamos a sacarle a la crisis, aunque quizás demasiado tarde. Muchos jóvenes han desperdiciado unos años cruciales de su vida a cambio de cuatro miserables euros que a ellos les parecían una fortuna para que el mercado los haya desechado en el preciso instante en el que han dejado de serle útiles.

Por otra parte, resulta curioso comprobar que el Foro Ciudadano ya avisó de este asunto hace dos años en su publicación "El Otro Estado de la Región. 2006", pág 169:

"Además de estas voces críticas, que ponen de manifiesto la falta de conexión entre las estructuras formativas y el mercado de trabajo, en la actualidad asistimos a una situación agravante: los alumnos que desertan antes de tiempo de los estudios entre la ESO y el Bachiller, principalmente en las zonas del levante español, donde florecen una gran cantidad de empleos en los sectores de la hostelería y la construcción, y que, una vez terminado el periodo de “bonanza” de empleos (siempre precarios y transitorios en estos sectores) deja en el aire las opciones de futuro formativo para el joven."

Noticia publicada en el diario La Opinión de Murcia el 19 de oct de 2008

La crisis económica que sufre actualmente el país también lleva a los jóvenes murcianos a regresar a las aulas, ya que el abandono escolar sufrido en los últimos años a consecuencia "de una etapa de bonanza en los sectores del turismo y la construcción" empieza a pasar factura.

EUROPA PRESS El trabajo escasea y los jóvenes se encuentran ahora sin empleo y cualificación, con lo que crece el número de adultos que quieren estudiar la ESO, FP o ir a la Universidad, así lo aseguran los centros de estudios de la Región y el PSOE murciano.

En concreto, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el 31 por ciento de los adolescentes en España no aprueban la ESO, el otro 69 por ciento continúa, pero un 28 por ciento de ellos no conseguirá un título de bachillerato o FP de grado medio.

La tasa de los que abandonan en esa etapa es más dramática en hombres (35,8 por ciento); exactamente, en Murcia el fracaso escolar ascendió al 39,1 por ciento en el año 2006, de los que el 41,9 por ciento eran hombres y un 35,8 por ciento, mujeres.

Muchos dejaron los estudios para trabajar en la construcción, pero en estos momentos, según los datos del Instituto Nacional de Estadística del mes de septiembre, la comunidad de Murcia cuenta con 76.000 desempleados, un 2,89 por ciento más que en el mismo mes del año pasado.

De tal forma, "con el miedo a perder oportunidades o al paro", los adultos están volviendo a clase este curso; así, 138.000 adultos están estudiando en busca del graduado escolar. Son 22.500 más que hace cuatro años; y 11.500 quieren entrar en la Universidad (2.000 más); y 14.000 quieren hacer las pruebas de acceso para la FP superior (el doble ahora). Además, 35.000 (15.000 más que entonces) asisten a talleres, según datos nacionales.

FORMACIÓN PROFESIONAL EN MURCIA.

En estos tiempos aumentan las demandas en los ciclos de Cualificación Profesional Inicial y en la Formación Profesional en General en la Región de Murcia, con lo que las 3.600 plazas ofertadas por la Consejería de Educación para los nuevos ciclos de Cualificación Profesional Inicial, "no son suficientes", según explicó a Europa Press el diputado regional socialista, Jesús López.

La oferta de plazas en FP ha subido este año a 21.780 --17.460 en centros públicos, frente a los 14.860 del pasado curso--, repartidas en 21 familias profesionales, con 41 títulos de grado medio y 55 de grado superior (96 en total).

"A pesar de haberse implantado algunos ciclos nuevos la oferta en cuanto a variedad de titulaciones permanece estancada: el curso pasado hubieron 94 títulos, pero el anterior habían más, 101", señaló.

Y es que, incidió, "aunque el principal problema continúa siendo la falta de adaptación de las titulaciones al mercado laboral, el incremento de plazas ofertadas debe corresponderse con un aumento de la matrícula".

No obstante, criticó "lo poco que se ha hecho para desarrollar los instrumentos que la LOE da para la FP". La Consejería aprobó, por orden de 5 de Octubre de 2007, la creación del Instituto de Cualificaciones, en cumplimiento de la Ley de Cualificaciones y de Formación Profesional de junio de 2002, así como de los objetivos de la LOE.

"El objetivo de esta orden era que los trabajadores con experiencia obtuvieran títulos y, así, profundizar en la educación para toda la vida, a la vez que para ajustar la formación profesional a la realidad social y económica de la Región", explicó.

Sin embargo, "dicha orden sigue siendo, a día de hoy, una mera declaración de intenciones, dado que el Instituto de Cualificaciones no se ha puesto en marcha en la práctica, ni mucho menos se ha cumplido lo que establecía la disposición adicional primera de la orden de la Consejería para ajustar la Formación Profesional a las demandas reales del mercado en la Región".

El citado Instituto comenzó a actuar "tímidamente" el pasado mes de marzo con la aprobación, por parte del Consejo Asesor de Formación Profesional, de un plan de actuación que "consistió básicamente en la creación de seis comisiones territoriales para estudiar las demandas del mercado de trabajo".

Lo mismo sucede con los centros Integrados de Formación Profesional, regulados por un real decreto ministerial --de diciembre de 2005-- y con desarrollo normativo de la Comunidad Autónoma del pasado mes abril.

En este caso, apuntó López, "responsables de la Consejería y el propio presidente Ramón Luis Valcárcel hicieron alusión a la puesta en marcha de alguno de estos centros en Lorca, Yecla o Cieza. Lo cierto es que la creación de este tipo de centros ya se estableció en el plan regional de FP 2004-09; plan que en éste y en otros aspectos ha sido papel mojado".

"En definitiva, las nuevas demandas de formación profesional por la población joven no tienen una respuesta adecuada por parte de la administración regional", denunció públicamente.

COLAPSO EN LA EDUCACIÓN DE ADULTOS.

Para el diputado regional del PSOE, el capítulo de la educación de adultos "ha pillado también desprevenida a la Administración". Y es que la mitad de los 17 centros de educación adultos de la Región consultados coinciden en que ha habido un incremento notable en la demanda de plazas en la mayoría de las enseñanzas que ofertan; "destacando la Enseñanza Secundaria para Personas Adultas (ESPA), el curso para acceso a la Universidad para mayores de 25 años y las aulas mentor".

Por ello, argumentó que "casi todos los centros tienen problemas para cubrir la demanda y en la mayoría existen listas de espera e incluso en algunos centros tuvieron que dejar de aceptar solicitudes".

En concreto, en Caravaca "se ha duplicado el número de alumnos matriculados en ESPA, pasando de 35 a 70 alumnos. Los ciclos de Cualificación Profesional Inicial (Peluquería, Hostelería, Fontanería), vinculados al IES 'Ginés Pérez Chirinos', están completos, al igual que los talleres de Geriatría, Gestión de Comercio y Fiscalidad, aunque se ha recuperado un curso de acceso a la universidad, pero éste está completo (30 alumnos)".

En el caso de Mula, según explicó el diputado, hay un grupo completo de ESPA y existe lista de espera de alumnos. Además "han iniciado por primera vez estudios de ESPA-1 y ESPA-2, que equivale a los primeros cursos de ESO, sorprendiendo la cantidad de alumnos inscritos (40), lo que también refleja un alto nivel de fracaso en los primeros cursos de ESO".

Mientras el centro de adultos de Yecla, que imparte enseñanzas a 632 alumnos, especialmente en ESPA y aula mentor, cuenta con 48 personas en lista de espera tanto en ESPA-3 como en ESPA 4, y 60 más en las aulas mentor. "Aún así, tendrán que eliminar tres grupos por falta de espacio y de ordenadores y también van a tener que quitar un grupo de taller de lectoescritura".

López apuntó que la demanda en el curso de acceso a la Universidad ha crecido un 20 por ciento en el caso de Murcia, así como el número de alumnos por grupo en la Enseñanza Secundaria para Personas Adultas y "aún así, no ha sido suficiente". En Lorca "ha habido que desdoblar un grupo para resolver el incremento de la demanda, que se puede cifrar en un 15 por ciento; lo mismo ha ocurrido con el curso de acceso a la Universidad de mayores de 25 años, donde hay más de 100 solicitudes".

"Los anteriores responsables de Educación restaban importancia a este indicador porque entendían que estaba relacionado con la bonanza económica, pero hemos entendido contrariamente que éste era uno de los grandes retos del sistema, en tanto que la mejor formación de los jóvenes les da mayores oportunidades en un mundo complejo". Además, concluyó, "los trabajos poco cualificados les hace más vulnerables a las situaciones de crisis".

|
1

¿Quién era Milton Friedman?, por Paul Krugman

El domingo 19 de octubre el suplemento Negocios de El País publicó un extenso artículo del recientemente galardonado con el Premio Nobel de Economía Paul Krugman. Esta joya es una lección magistral sobre la figura del también Nobel Milton Friedman, el liberalismo económico y el papel de las políticas monetarias en una crisis económica. Aunque su lectura os lleve un rato, os recomiendo encarecidamente leerlo. Sencillamente imprescindible.

La historia del pensamiento económico en el siglo XX es algo parecida a la del cristianismo en el XVI. Hasta que John Maynard Keynes publicó su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero en 1936, la ciencia económica -al menos en el mundo anglosajón- estaba completamente dominada por la ortodoxia del libre mercado. De vez en cuando surgían herejías, pero siempre se suprimían. La economía clásica, escribía Keynes en 1936, "conquistó Inglaterra tan completamente como la Santa Inquisición conquistó España". Y la economía clásica decía que la respuesta a casi todos los problemas era dejar que las fuerzas de la oferta y la demanda hicieran su trabajo.

Pero la economía clásica no ofrecía ni explicaciones ni soluciones para la Gran Depresión. Hacia mediados de la década de 1930, los retos a la ortodoxia ya no podían contenerse. Keynes desempeñó la función de Martín Lutero, al proporcionar el rigor intelectual necesario para hacer la herejía respetable. Aunque Keynes no era ni mucho menos de izquierdas -vino a salvar el capitalismo, no a enterrarlo-, su teoría afirmaba que no se podía esperar que los mercados libres proporcionaran pleno empleo, y estableció una nueva base para la intervención estatal a gran escala en la economía.

El keynesianismo constituyó una gran reforma del pensamiento económico. Inevitablemente, le siguió una contrarreforma. Diversos economistas desempeñaron un papel importante en la gran recuperación de la economía clásica entre los años 1950 y 2000, pero ninguno fue tan influyente como Milton Friedman. Si Keynes era Lutero, Friedman era Ignacio de Loyola, el fundador de los jesuitas. Y al igual que los jesuitas, los seguidores de Friedman han actuado como una especie de disciplinado ejército de fieles y provocado una amplia, pero incompleta, retirada de la herejía keynesiana. A finales de siglo, la economía clásica había recuperado buena parte de su anterior hegemonía, aunque ni mucho menos toda, y a Friedman le corresponde buena parte del mérito.
No quiero llevar demasiado lejos la analogía religiosa. La teoría económica aspira al menos a ser ciencia, no teología; se ocupa de la tierra, no del cielo. La teoría keynesiana se impuso en un principio porque era mucho mejor que la ortodoxia clásica a la hora de dar sentido al mundo que nos rodea, y la crítica de Friedman a Keynes adquirió tanta influencia porque supo detectar los puntos débiles del keynesianismo. Y sólo a modo de aclaración: aunque este artículo sostiene que Friedman estaba equivocado en algunos aspectos, y a veces parecía poco sincero con sus lectores, le considero un gran economista y un gran hombre.

Milton Friedman desempeñó tres funciones en la vida intelectual del siglo XX. Estaba el Friedman economista de economistas, que escribía análisis técnicos, más o menos apolíticos, sobre el comportamiento de los consumidores y la inflación. Estaba el Friedman emprendedor político, que pasó décadas haciendo campaña en nombre de la política conocida como monetarismo y que acabó viendo cómo la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra adoptaban su doctrina a finales de la década de 1970, sólo para abandonarla por inviable unos años más tarde. Por último, estaba el Friedman ideólogo, el gran divulgador de la doctrina del libre mercado.

¿Desempeñó el mismo hombre todas estas funciones? Sí y no. Las tres estaban guiadas por la fe de Friedman en las verdades clásicas de la economía del libre mercado. Además, su eficacia como divulgador y propagandista descansaba en parte en su merecida fama de profundo economista teórico. Pero hay una diferencia importante entre el rigor de su obra como economista profesional y la lógica más laxa y a veces cuestionable de sus pronunciamientos como intelectual público. Mientras que la obra teórica de Friedman es universalmente admirada por los economistas profesionales, hay mucha más ambivalencia respecto a sus pronunciamientos políticos y en especial su trabajo divulgativo. Y debe decirse que hay serias dudas respecto a su honradez intelectual cuando se dirigía a la masa de ciudadanos.

Pero dejemos de lado por el momento el material cuestionable y hablemos de Friedman en cuanto teórico económico. Durante la mayor parte de los dos siglos pasados, el pensamiento económico estuvo dominado por el concepto del Homo economicus. El hipotético Hombre Económico sabe lo que quiere; sus preferencias pueden expresarse matemáticamente mediante una función de utilidad, y sus decisiones están guiadas por cálculos racionales acerca de cómo maximizar esa función: ya sean los consumidores al decidir entre cereales normales o cereales integrales para el desayuno, o los inversores que deciden entre acciones y bonos, se supone que esas decisiones se basan en comparaciones de la utilidad marginal, o del beneficio añadido que el comprador obtendría al adquirir una pequeña cantidad de las alternativas disponibles.

Es fácil burlarse de este cuento. Nadie, ni siquiera los economistas ganadores del Premio Nobel, toma las decisiones de ese modo. Pero la mayoría de los economistas, yo incluido, consideramos útil al Hombre Económico, quedando entendido que se trata de una representación idealizada de lo que realmente pensamos que ocurre. Las personas tienen preferencias, incluso si esas preferencias no pueden expresarse realmente mediante una función de utilidad precisa; por lo general toman decisiones sensatas, aunque no maximicen literalmente la utilidad. Uno podría preguntarse por qué no representar a las personas como realmente son. La respuesta es que la abstracción, la simplificación estratégica, es el único modo de que podamos imponer cierto orden intelectual en la complejidad de la vida económica. Y la suposición del comportamiento racional es una simplificación especialmente fructífera.

La cuestión, sin embargo, es hasta dónde se puede llevar. Keynes no atacó de lleno al Hombre Económico, pero a menudo recurría a teorías psicológicas verosímiles y no a un cuidadoso análisis de qué haría una persona que tomara decisiones racionales. Las decisiones empresariales estaban guiadas por impulsos viscerales (animal spirits); las decisiones de consumo, por una tendencia psicológica a gastar parte, pero no la totalidad, de un aumento de la renta; los acuerdos salariales, por un sentido de la equidad, y así sucesivamente.

Pero era realmente una buena idea reducir tanto la función del Hombre Económico? No, decía Friedman, que en un artículo de 1953 titulado The methodology of positive economics [La metodología de la economía positiva] sostenía que las teorías económicas no deberían juzgase por su realismo psicológico, sino por su capacidad para predecir el comportamiento. Y los dos mayores triunfos de Friedman como economista teórico procedieron de aplicar la hipótesis del comportamiento racional a cuestiones que otros economistas habían considerado fuera del alcance de dicha hipótesis.

En un libro de 1957 titulado Una teoría de la función del consumo -no exactamente un título que agradara a las masas, pero sí un tema importante-, Friedman sostenía que el mejor modo de entender el ahorro y el gasto no es, como había hecho Keynes, recurrir a una teorización psicológica laxa, sino, por el contrario, pensar que los individuos hacen planes racionales sobre cómo gastar su riqueza a lo largo de la vida. Ésta no era necesariamente una idea antikeynesiana; de hecho, el gran economista keynesiano Franco Modigliani planteó de manera simultánea e independiente el mismo argumento, incluso con más cuidado, al considerar el comportamiento racional, en colaboración con Albert Ando. Pero sí señalaba un retorno a los modos de pensar clásicos, y funcionaba. Los detalles son un poco técnicos, pero la "hipótesis de la renta permanente" planteada por Friedman y el "modelo del ciclo vital" de Ando y Modigliani resolvían varias paradojas aparentes sobre la relación entre renta y gasto, y todavía hoy siguen constituyendo las bases de cómo estudian los economistas el gasto y el ahorro.

El trabajo sobre el comportamiento de los consumidores habría forjado por sí solo la fama académica de Friedman. Sin embargo, obtuvo un triunfo al aplicar la teoría del Hombre Económico a la inflación. En 1958, el economista neozelandés A. W. Phillips señalaba que existía una correlación histórica entre el desempleo y la inflación, de modo que la inflación iba asociada a un bajo desempleo y viceversa. Durante un tiempo, los economistas trataron esta correlación como si fuera una relación fiable y estable. Esto provocó un debate serio sobre qué punto de la curva de Phillips debería escoger el Gobierno. ¿Debería Estados Unidos, por ejemplo, aceptar una tasa de inflación más alta para alcanzar una tasa de desempleo más baja?

En 1967, sin embargo, Friedman pronunciaba ante la Asociación Económica Estadounidense una conferencia presidencial en la que sostenía que la correlación entre inflación y desempleo, aun siendo visible en los datos, no representaba una verdadera compensación, al menos no a largo plazo. "Siempre hay", decía, "una compensación temporal entre inflación y desempleo; no hay una compensación permanente". En otras palabras, si los políticos intentaran mantener el desempleo bajo mediante una política de generar mayor inflación, sólo conseguirían un éxito temporal. Según Friedman, el desempleo acabaría por aumentar de nuevo, incluso con una inflación elevada. En otras palabras, la economía sufriría la situación que Paul Samuelson más tarde denominaría "estanflación".

¿Cómo llegó Friedman a esta conclusión? (Edmund S. Phelps, premio Nobel de Economía de este año, había llegado de manera simultánea e independiente al mismo resultado). Como en el caso de su trabajo sobre el comportamiento de los consumidores, Friedman aplicó la idea del comportamiento racional. Sostenía que después de un periodo de inflación sostenido, las personas introducirían las expectativas de inflación futura en sus decisiones, lo cual anularía cualquier efecto positivo de la inflación sobre el empleo. Por ejemplo, una de las razones por las que la inflación puede aumentar el empleo es que contratar a más trabajadores se vuelve más rentable cuando los precios suben más que los salarios. Pero en cuanto los trabajadores comprenden que el poder de adquisición de sus salarios se verá erosionado por la inflación, exigen por adelantado acuerdos de subida salarial más elevados, para que los salarios alcancen el mismo nivel que los precios. En consecuencia, cuando la inflación se mantiene durante un tiempo, ya no proporciona el mismo impulso al empleo que al principio. De hecho, se producirá un aumento del desempleo si la inflación no cumple las expectativas.

En el momento en que Friedman y Phelps propusieron sus ideas, Estados Unidos tenía poca experiencia con la inflación sostenida. De modo que ésta fue verdaderamente una predicción, en lugar de un intento de explicar el pasado. Sin embargo, en la década de 1970, la inflación persistente puso a prueba la hipótesis de Friedman-Phelps. Sin duda, la correlación histórica entre inflación y desempleo se rompió exactamente como Friedman y Phelps habían predicho: en la década de 1970, mientras la tasa de inflación superaba el 10%, la tasa de desempleo era tan elevada o más que en las décadas de 1950 y 1960, unos años de precios estables. Al fin la inflación se controló en la década de 1980, pero sólo después de un doloroso periodo de desempleo extremadamente elevado, el peor desde la Gran Depresión.

Al predecir el fenómeno de la estanflación, Friedman y Phelps alcanzaron uno de los grandes triunfos de la economía de posguerra. Este triunfo, más que ninguna otra cosa, confirmó a Milton Friedman en su categoría de grande entre los economistas, independientemente de lo que pudiera pensarse de sus demás funciones.

Una interesante anotación: aunque avanzó mucho en la aplicación del concepto de racionalidad individual a la macroeconomía, también sabía dónde parar. En la década de 1970, algunos economistas llevaron más lejos aún el análisis de Friedman, llegando a sostener que no hay una compensación útil entre inflación y desempleo ni siquiera a corto plazo, porque los ciudadanos anticiparán las acciones del Gobierno y aplicarán esa anticipación, así como la experiencia pasada, al establecimiento de precios y a las negociaciones salariales. Esta doctrina, conocida como las "expectativas racionales", se extendió por buena parte de la economía académica. Pero Friedman nunca la aceptó. Su sentido de la realidad le advertía de que esto era llevar demasiado lejos la idea del Homo economicus. Y así se demostró: la conferencia pronunciada por Friedman en 1967 ha superado la prueba del tiempo, mientras que las opiniones más extremas propuestas por los teóricos de las expectativas racionales en los años setenta y ochenta no la han superado.
"A Milton todo le recuerda la oferta monetaria. Bien, a mí todo me recuerda el sexo, pero no lo pongo por escrito", escribía en 1966 Robert Solow, del MIT. Durante décadas, la imagen pública y la fama de Milton Friedman se definieron en gran medida por sus pronunciamientos sobre la política monetaria y su creación de la doctrina conocida como monetarismo. Sorprende darse cuenta, por tanto, de que el monetarismo se considera en gran medida un fracaso, y que parte de lo dicho por Friedman sobre el dinero y la política monetaria -al contrario que lo que dijo acerca del consumo y la inflación- parece haber sido engañoso, y quizá de manera deliberada.

Para comprender de qué trataba el monetarismo, lo primero que hay que saber es que la palabra dinero no significa exactamente lo mismo en economía que en el lenguaje común. Cuando los economistas hablan de oferta monetaria [en inglés, money supply, oferta de dinero] no se refieren a riqueza en el sentido habitual. Sólo se refieren a esas formas de riqueza que pueden usarse de manera más o menos directa para comprar cosas. La moneda -trozos de papel con retratos de presidentes muertos- es dinero, y también los depósitos bancarios contra los que se pueden extender cheques. Pero las acciones, los bonos y los bienes raíces no son dinero, porque hay que convertirlos en efectivo o en depósitos bancarios antes de poder usarlos para hacer compras.

Si la oferta monetaria constara sólo de moneda, estaría bajo el control directo del Gobierno, o más precisamente, de la Reserva Federal, un organismo monetario que, como sus homólogos los bancos centrales de muchos otros países, está institucionalmente un poco separado del Gobierno propiamente dicho. El hecho de que la oferta de dinero incluya también los depósitos bancarios complica un poco la realidad. El banco central sólo tiene control directo sobre la base monetaria -la suma de moneda en circulación, la moneda que los bancos tienen en sus cámaras acorazadas y los depósitos que los bancos guardan en la Reserva Federal-, pero no sobre los depósitos que los ciudadanos tienen en los bancos. En circunstancias normales, sin embargo, el control directo de la Reserva Federal sobre la base monetaria basta para darle también un control efectivo sobre la oferta monetaria total.

Antes de Keynes, los economistas consideraban la oferta monetaria una herramienta primordial de la gestión económica. Pero él sostenía que en condiciones de depresión, cuando los tipos de interés son muy bajos, los cambios en la oferta monetaria tienen pocas consecuencias sobre la economía. La lógica era la siguiente: cuando los tipos de interés son del 4% o del 5%, nadie quiere que su dinero quede ocioso. Pero en una situación como la de 1935, cuando el tipo de interés de las letras del Tesoro a tres meses era sólo del 0,14%, hay muy poco incentivo para asumir el riesgo de poner el dinero a trabajar. El banco central podría tratar de estimular la economía acuñando grandes cantidades de moneda adicional; pero si el tipo de interés es ya muy bajo, es probable que el efectivo adicional languidezca en las cámaras acorazadas de los bancos o debajo de los colchones. En consecuencia, Keynes sostenía que la política monetaria, un cambio en la oferta de dinero circulante para gestionar la economía, sería ineficaz. Y por eso, él y sus seguidores creían que hacía falta una política presupuestaria -en especial un aumento del gasto público- para sacar a los países de la Gran Depresión.



¿Por qué es esto importante? La política monetaria es una forma de intervención pública en la economía altamente tecnocrática y en gran medida apolítica. Si la Reserva Federal decide aumentar la oferta monetaria, todo lo que hace es comprar unos cuantos bonos del Tesoro a bancos privados, y pagar los bonos mediante anotaciones en las cuentas de reserva de esos bancos: en realidad, todo lo que la Reserva Federal tiene que hacer es acuñar un poco más de base monetaria. En cambio, la política presupuestaria supone una participación mucho más profunda del sector público en la economía, a menudo de un modo cargado de ideología: si los políticos deciden usar las obras públicas para promover el empleo, tienen que decidir qué construir y dónde. Por tanto, los economistas con una inclinación al libre mercado tienden a querer creer que la política monetaria es todo lo que hace falta; los que desean un sector público más activo tienden a creer que la política presupuestaria es esencial.

El pensamiento económico tras el triunfo de la revolución keynesiana -como se refleja, por ejemplo, en las primeras ediciones del libro de texto clásico de Paul Samuelson- daba prioridad a la política presupuestaria, mientras que la política monetaria quedaba relegada a los márgenes. Como Friedman decía en la conferencia pronunciada en 1967 ante la Asociación Económica Estadounidense: "La amplia aceptación de las opiniones entre los profesionales de la economía ha hecho que durante dos décadas, prácticamente todos menos unos cuantos reaccionarios pensaran que los nuevos conocimientos económicos habían vuelto obsoleta la política monetaria. El dinero no importaba".

Aunque esto tal vez fuese una exageración, la política monetaria no estuvo muy bien considerada en las décadas de 1940 y 1950. Friedman, sin embargo, hizo una cruzada a favor de la propuesta de que el dinero también importaba, la cual culminó con la publicación en 1963 de A monetary history of the United States, 1867-1960, en colaboración con Anna Schwartz. Aunque A monetary history of the United States es una gran obra de extraordinaria erudición, que abarca un siglo de desarrollos monetarios, su análisis más influyente y controvertido fue el relativo a la Gran Depresión. Friedman y Schwartz afirmaban que habían refutado el pesimismo de Keynes acerca de la eficacia de la política monetaria en condiciones de depresión. "La contracción" de la economía, declaraban, "es de hecho un trágico testimonio de la importancia de las fuerzas monetarias".

¿Pero qué querían decir con eso? Desde el principio, la posición de Friedman y Schwartz parecía un poco escurridiza. Y con el tiempo, la presentación que Friedman hacía de la historia se hizo más grosera, no más sutil, y acabó pareciendo -no hay otra forma de decirlo- intelectualmente corrupta.

Al interpretar los orígenes de la Gran Depresión es crucial distinguir entre la base monetaria (dinero más reservas bancarias), que la Reserva Federal controla directamente, y la oferta monetaria (dinero más depósitos bancarios). La base monetaria aumentó durante los primeros años de la Gran Depresión, subiendo de una media de 6.050 millones de dólares en 1929 a una media de 7.020 millones en 1933. Pero la oferta monetaria cayó drásticamente, de 26.600 millones a 19.900 millones de dólares. Esta divergencia reflejaba principalmente las consecuencias de la oleada de quiebras bancarias de 1930-1931: a medida que los ciudadanos perdían la fe en los bancos, empezaron a guardar su riqueza en efectivo y no en depósitos bancarios, y los bancos que sobrevivieron empezaron a tener grandes cantidades de efectivo a mano en lugar de prestarlo, para evitar el peligro de un pánico bancario. La consecuencia fue que se hacían muchos menos préstamos y, por tanto, muchos menos gastos de los que habría habido si los ciudadanos hubieran seguido depositando el efectivo en los bancos, y los bancos hubieran seguido prestando los depósitos a las empresas. Y dado que el desplome del gasto fue la causa próxima de la depresión, el deseo repentino tanto por parte de los individuos como de los bancos de poseer más efectivo empeoró sin duda la recesión.


Friedman y Schwartz sostenían que la caída de la oferta monetaria había convertido lo que podría haber sido una recesión ordinaria en una depresión catastrófica, un argumento de por sí discutible. Pero incluso poniendo por caso que lo aceptemos, cabe preguntar si puede decirse que la Reserva Federal, que al fin y al cabo aumentó la base monetaria, provocó la caída de la oferta monetaria total. Al menos inicialmente, Friedman y Schwartz no dijeron eso. Lo que dijeron, por el contrario, fue que la Reserva Federal pudo haber prevenido la caída de la oferta monetaria, en especial acudiendo al rescate de los bancos en quiebra durante la crisis de 1930-1931. Si la Reserva Federal se hubiera apresurado a prestar dinero a los bancos en apuros, la oleada de quiebras bancarias podría haberse evitado, y eso a su vez podría haber evitado la decisión de los ciudadanos de guardar el dinero en efectivo en lugar de depositarlo en los bancos, y la preferencia de los bancos supervivientes por acumular los depósitos en sus cámaras acorazadas en lugar de prestar esos fondos. Y esto, a su vez, podría haber evitado lo peor de la depresión.
A este respecto, tal vez sea útil una analogía. Supongamos que se desata una epidemia de gripe, y que análisis posteriores indican que una acción adecuada de los centros de control de enfermedades podrían haber contenido la epidemia. Sería justo culpar a las autoridades públicas de no tomar las medidas adecuadas. Pero sería un exceso decir que el Estado causó la epidemia, o usar el fallo de esos centros para demostrar la superioridad de los mercados libres sobre el sector público.

Pero muchos economistas, y todavía más lectores legos en la materia, han interpretado que la explicación de Friedman y Schwartz significa que de hecho la Reserva Federal causó la Gran Depresión; que la depresión es en cierto sentido una demostración de los males de un Estado excesivamente intervencionista. Y en años posteriores, como he dicho, las afirmaciones de Friedman se volvieron más imprecisas, como si quisiera alimentar esta percepción errónea. En su alocución presidencial de 1967 declaraba que "las autoridades monetarias estadounidenses siguieron políticas altamente deflacionarias", y que la oferta monetaria cayó "porque el Sistema de la Reserva Federal forzó o permitió una reducción aguda de la base monetaria, al no ejercer las responsabilidades que tenía asignadas", una afirmación extraña dado que, como hemos visto, la base monetaria aumentó de hecho mientras la oferta monetaria caía. (Friedman tal vez se refiriese a dos episodios en los que la base monetaria cayó moderadamente por breves periodos, pero aun así su declaración es, como mínimo, muy engañosa).

En 1976, Friedman les decía a los lectores de Newsweek que "la verdad elemental es que la Gran Depresión se produjo por una mala gestión pública", una declaración que seguramente sus lectores interpretaron como que la depresión no se habría producido si el Estado se hubiera mantenido al margen, cuando de hecho lo que Friedman y Schwartz afirmaban era que el sector público debería haberse mostrado más activo, no menos.

¿Por qué los debates históricos sobre la función de la política monetaria en la década de 1930 importaban tanto en la de 1960? En parte porque encajaban en el programa más amplio de Friedman en contra del sector público, del que hablaremos más adelante. Pero la aplicación más directa era su defensa del monetarismo. De acuerdo con esta doctrina, la Reserva Federal debía mantener el crecimiento de la oferta monetaria en una tasa baja y constante, por ejemplo, el 3% anual, y no desviarse de ese objetivo, con independencia de lo que ocurriese en la economía. La idea era poner la política monetaria en piloto automático, eliminando cualquier poder por parte de las autoridades públicas.

El razonamiento de Friedman a favor del monetarismo era en parte económico y en parte político. Sostenía que el crecimiento constante de la oferta monetaria mantendría una economía razonablemente estable. Nunca pretendió que siguiendo esta norma se eliminarían todas las recesiones, pero sí afirmaba que las variaciones en la curva de crecimiento de la economía serían suficientemente pequeñas como para ser tolerables, de ahí la afirmación de que la Gran Depresión no habría ocurrido si la Reserva Federal hubiera seguido una norma monetarista. Y junto a esta fe con reservas en la estabilidad de la economía con un régimen monetario se daba su desprecio sin reservas hacia la capacidad de los directivos de la Reserva Federal para hacerlo mejor si se les daba poder para ello. La demostración de la falta de fiabilidad de la Reserva Federal estaba en el inicio de la Gran Depresión, pero Friedman podía señalar otros muchos ejemplos de políticas que habían salido mal. "Un régimen monetario", escribía en 1972, "aislaría la política monetaria del poder arbitrario de un pequeño grupo de hombres no sujetos al control de los electores, y de las presiones a corto plazo de la política partidista".

El monetarismo fue una fuerza poderosa en el debate económico durante unas tres décadas a partir de que Friedman expusiera por primera vez su doctrina en Un programa de estabilidad monetaria y reforma bancaria, publicado en 1959. Hoy, sin embargo, es una sombra de lo que era, por dos razones principales.

En primer lugar, cuando Estados Unidos y Reino Unido intentaron poner en práctica el monetarismo a finales de los setenta, los resultados fueron decepcionantes: en ambos países, el crecimiento constante de la oferta monetaria no consiguió impedir recesiones graves. La Reserva Federal adoptó oficialmente objetivos monetarios al estilo Friedman en 1979, pero los abandonó de hecho en 1982, cuando la tasa de desempleo superó el 10%. Este abandono se hizo oficial en 1984, y desde entonces la Reserva Federal realiza precisamente el tipo de afinación discrecional que Friedman condenaba. Por ejemplo, en 2001 respondía a la recesión reduciendo los tipos de interés y permitiendo que la oferta monetaria creciese a ritmos que en ocasiones superaban el 10% anual. Cuando se convenció de que la recuperación era sólida, la Reserva Federal cambió el rumbo, subiendo los tipos de interés y permitiendo que el crecimiento de la reserva monetaria cayese a cero.

En segundo lugar, desde comienzos de la década de 1980, la Reserva Federal y sus homólogos de otros países han realizado un trabajo razonablemente bueno, debilitando la imagen que Friedman daba de los banqueros centrales, a los que consideraba chapuceros irredimibles. La inflación se mantiene baja, las recesiones -excepto en Japón, país del que hablaremos enseguida- han sido relativamente breves y leves. Y todo esto ha ocurrido a pesar de las fluctuaciones de la oferta monetaria, que horrorizaban a los monetaristas y que los llevaron -incluso a Friedman- a predecir desastres que no llegaron a materializarse. Como señalaba David Warsh, de The Boston Globe, en 1992, "Friedman despuntó su lanza prediciendo la inflación en la década de 1980, durante la que se equivocó profunda y frecuentemente".

En 2004, el Informe Económico del Presidente, escrito por los muy conservadores economistas del Gobierno de Bush, podía no obstante hacer la altamente antimonetarista declaración de que "una política monetaria audaz", no estable ni constante, sino audaz, "puede reducir la profundidad de una recesión".

Ahora, unas palabras sobre Japón. Durante la década de 1990, Japón experimentó una especie de reproducción a pequeña escala de la Gran Depresión. La tasa de desempleo nunca llegó a los niveles de la Depresión, gracias a un enorme gasto en obras públicas que hizo que cada año Japón, con menos de la mitad de población, vertiese más cemento que Estados Unidos. Pero las condiciones de tipos de interés muy bajos que se dieron en la Gran Depresión reaparecieron con fuerza. Hacia 1998, el tipo del dinero a la vista, los tipos de los préstamos a un día entre bancos, era literalmente cero.

Y en esas condiciones, la política monetaria resultó tan ineficaz como Keynes había afirmado que lo fue en los años treinta. El Banco de Japón, el equivalente japonés a la Reserva Federal, podía aumentar la base monetaria, y lo hizo. Pero los yenes añadidos se guardaban, no se gastaban. Los únicos bienes de consumo duradero que se vendían bien, me dijeron por aquel entonces algunos economistas japoneses, eran las cajas fuertes. De hecho, el Banco de Japón se vio incapaz siquiera de aumentar la oferta monetaria tanto como deseaba. Puso en circulación enormes cantidades de efectivo, pero las medidas más generales de oferta monetaria crecieron muy poco. Por fin, hace dos años, iniciaba una recuperación económica, impulsada por una recuperación de la inversión empresarial para aprovechar las nuevas oportunidades tecnológicas. Pero la política monetaria nunca consiguió arrancar.

En efecto, Japón en los años noventa brindó una nueva oportunidad para poner a prueba las opiniones de Friedman y Keynes respecto a la eficacia de la política monetaria en condiciones de depresión. Y claramente los resultados respaldaban el pesimismo de Keynes y no el optimismo de Friedman.

En 1946, Milton Friedman debutó como divulgador de la economía del libre mercado con un panfleto titulado Roofs or Ceilings: The Current Housing Problema [Tejados o techos: el actual problema de la vivienda], escrito en colaboración con George J. Stigler, que más tarde se uniría a él en la Universidad de Chicago. El panfleto, un ataque contra el control de los alquileres, que todavía era universal inmediatamente después de la II Guerra Mundial, se publicó en circunstancias bastante extrañas: era una publicación de la Fundación para la Educación Económica, organización que, como Rick Perlstein escribe en Before the Storm (2001), su libro sobre los orígenes del movimiento conservador actual, "difundía un evangelio libertario tan drástico que rondaba el anarquismo". Robert Welch, fundador de la John Birch Society, era miembro de su consejo directivo. Esta primera aventura en la popularización del libre mercado anticipaba de dos maneras el curso de la evolución de Friedman como intelectual público a lo largo de las seis décadas siguientes.

En primer lugar, el panfleto demostraba la especial voluntad de Friedman de llevar las ideas del libre mercado hasta sus límites lógicos. Ni la idea de que los mercados son medios eficientes de asignar bienes escasos ni la propuesta de que los controles de precios crean escaseces e ineficacias eran nuevas. Pero muchos economistas, temiendo la reacción negativa contra una subida repentina de los alquileres (que Friedman y Stigler predecían que sería del 30% para el país en su conjunto), podrían haber propuesto una especie de transición gradual a la liberalización. Friedman y Stigler quitaban hierro a esas preocupaciones.

En décadas posteriores, esta tozudez se convertiría en uno de los sellos característicos de Friedman. Una y otra vez pedía soluciones de mercado a problemas -educación, atención sanitaria, tráfico de drogas ilegales- que en opinión de casi todos los demás exigían una intervención estatal extensa. Algunas de sus ideas han sido objeto de aceptación generalizada, como sustituir las normas rígidas sobre contaminación por un sistema de permisos de contaminación que las empresas pueden comprar y vender. Otras, como los cheques escolares, tienen un amplio respaldo en el movimiento conservador, pero no han avanzado mucho políticamente. Y algunas de sus propuestas, como eliminar los procedimientos de concesión de licencia para los médicos y abolir la Administración de Alimentos y Medicamentos, las consideran estrambóticas incluso la mayoría de los conservadores.

En segundo lugar, el panfleto demostraba lo bueno que Friedman era como divulgador. Está escrito de manera elegante y sagaz. No hay jerga; los argumentos se presentan con ejemplos del mundo real inteligentemente escogidos, desde la rápida recuperación de San Francisco tras el terremoto de 1906 hasta los problemas de un ex combatiente en 1946, recién licenciado del ejército, para encontrar un lugar decente donde vivir. El mismo estilo, mejorado por la imagen, marcaría la celebrada serie televisiva de Friedman en la década de 1980 Free to choose
[Libre para elegir].

Hay muchas probabilidades de que la gran oscilación hacia las políticas liberales que se produjeron en todo el mundo a comienzos de la década de 1970 se hubiera dado aunque Milton Friedman no hubiese existido. Pero su incansable y brillantemente eficaz campaña a favor de los libres mercados seguramente ayudó a acelerar el proceso, tanto en Estados Unidos como en todo el mundo. Desde cualquier punto de vista -proteccionismo frente a libre comercio; reglamentación frente a liberalización; salarios establecidos mediante convenio colectivo y salarios mínimos obligatorios frente a salarios establecidos por el mercado-, el mundo ha avanzado en la misma dirección que Friedman. E incluso más llamativa que su logro en lo referente a los cambios de la política real ha sido la transformación de la opinión general: la mayoría de las personas influyentes se han convertido hasta tal punto al modo de pensar de Friedman que simplemente se da por sentado que el cambio de políticas económicas promovido por él ha sido una fuerza positiva. ¿Pero lo ha sido?

Consideremos en primer lugar los resultados macroeconómicos de la economía estadounidense. Tenemos datos de la renta real -es decir, teniendo en cuenta la inflación- de las familias estadounidenses entre 1947 y 2005. Durante la primera mitad de ese periodo de 55 años, desde 1947 hasta 1976, Milton Friedman era una voz que predicaba en el desierto, cuyas ideas no eran tenidas en cuenta por los políticos. Pero la economía, a pesar de todas las ineficacias que él denunciaba, mejoró enormemente el nivel de vida de la mayoría de los estadounidenses: la renta media real se duplicó con creces. Por contraste, en el periodo transcurrido desde 1976, las ideas de Friedman se han ido aceptando cada vez más; aunque siguió habiendo intervención pública de sobra para que él pudiera quejarse, no cabe duda de que las políticas de libre mercado se generalizaron mucho más. Pero el aumento del nivel de vida ha sido mucho menos fuerte que durante el periodo anterior: en 2005, la renta media real sólo era un 23% superior a la de 1976.
Parte de la razón de que a la segunda generación de posguerra no le fuese tan bien como a la primera era la tasa total de crecimiento económico más lenta, un hecho que tal vez sorprenda a quienes suponen que la tendencia hacia el libre mercado ha aportado mayores dividendos económicos. Pero otra razón importante del retraso en el nivel de vida de la mayoría de las familias es un incremento espectacular de la desigualdad económica: durante la primera generación de posguerra, el aumento de la renta se extendió ampliamente a toda la población, pero desde finales de la década de 1970, la mediana de la renta, la renta de la familia típica, sólo ha subido la tercera parte de la renta media, que incluye la gran subida experimentada por las rentas de la pequeña minoría situada en lo más alto de la pirámide.

Esto plantea una cuestión interesante. Milton Friedman solía asegurar a su público que no hacía falta ninguna institución especial, como el salario mínimo y los sindicatos, para garantizar que los trabajadores compartiesen los beneficios del crecimiento económico. En 1976 les decía a los lectores de Newsweek que los cuentos de los perjuicios causados por los barones ladrones eran puro mito: "Probablemente no haya habido ningún otro periodo en la historia, en este o en cualquier otro país, en el que el hombre de a pie haya experimentado una mejora tan grande de su nivel de vida como en el periodo transcurrido entre la guerra civil y la I Guerra Mundial, cuando más fuerte era el individualismo desenfrenado".

(¿Y qué hay del extraordinario periodo de 30 años posterior a la II Guerra Mundial, que abarcó buena parte de la trayectoria profesional del propio Friedman?). Sin embargo, en las décadas que siguieron a ese pronunciamiento, mientras se permitía que el salario mínimo cayese por debajo de la inflación y los sindicatos desaparecían en gran medida como factor importante en el sector privado, los trabajadores estadounidenses veían cómo sus fortunas iban a la zaga del crecimiento de la economía en general. ¿Era Friedman demasiado optimista respecto a la generosidad de la mano invisible?


Para ser justos, hay muchos factores que afectan tanto al crecimiento económico como a la distribución de la renta, por lo que no podemos culpar a las políticas friedmanistas de todas las decepciones. Aun así, dada la suposición común de que el cambio a las políticas de libre mercado ha hecho grandes cosas por la economía estadounidense y por el nivel de vida de los estadounidenses corrientes, es asombroso el poco respaldo que los datos proporcionan a esa afirmación.

Dudas similares respecto a la falta de pruebas claras de que las ideas de Friedman funcionan de hecho en la práctica se pueden encontrar, todavía con más fuerza, en Latinoamérica. Hace una década era normal citar el éxito de la economía chilena, en la que los asesores de Augusto Pinochet, educados en Chicago, se habían pasado a las políticas del libre mercado después de que Pinochet se hiciera con el poder en 1973, como prueba de que las políticas inspiradas por Friedman mostraban la senda hacia un próspero desarrollo económico. Pero aunque otros países latinoamericanos, desde México hasta Argentina, han seguido el ejemplo de Chile en la liberación del comercio, la privatización de empresas y la liberalización, la historia de éxito chilena no se ha repetido.

Por el contrario, la percepción de la mayoría de los latinoamericanos es que las políticas neoliberales han sido un fracaso: el prometido despegue del crecimiento económico nunca llegó, mientras que la desigualdad de la renta ha empeorado. No quiero culpar de todo lo que ha salido mal en Latinoamérica a la Escuela de Chicago, ni idealizar lo sucedido antes, pero hay un asombroso contraste entre la percepción que Friedman defendía y los resultados reales de las economías que se pasaron de las políticas intervencionistas de las primeras décadas de posguerra a la liberalización.

Centrándonos más estrictamente en el tema, uno de los principales objetivos de Friedman era la, en su opinión, inutilidad y naturaleza contraproducente de la mayor parte de la reglamentación pública. En una necrológica para su colaborador George Stigler, Friedman elogiaba en concreto la crítica de Stigler a la normativa sobre la electricidad, y su argumento de que los reguladores normalmente acaban sirviendo a los intereses de los regulados y no a los de los ciudadanos. ¿Cómo ha funcionado entonces la liberalización?

Empezó bien, comenzando con la liberalización del transporte por carretera y de las aerolíneas a finales de la década de 1970. En ambos casos, la liberalización, aunque no contentó a todos, aumentó la competencia, en general bajó los precios, y aumentó la eficacia. La liberalización del gas natural también fue un éxito.

Pero la siguiente gran oleada de liberalización, la del sector eléctrico, fue otra historia. Al igual que la depresión japonesa de la década de 1990, demostraba que las preocupaciones keynesianas por la eficacia de la política monetaria no eran un mito; la crisis de la electricidad en California en 2000 y 2001 -en la que las compañías eléctricas y las distribuidoras de energía crearon una escasez artificial para hacer subir los precios- nos recordó la realidad que había tras los cuentos de los barones ladrones y sus depredaciones. Aunque otros Estados no sufrieron una crisis tan grave como la de California, en todo el país la liberalización de la electricidad supuso un aumento, no una disminución, de los precios, y unos beneficios enormes para las compañías eléctricas.

Aquellos Estados que, por la razón que fuera, no se subieron al vagón de la liberalización en la década de 1990 se consideran ahora afortunados. Y las más afortunadas son aquellas ciudades que por algún motivo no recibieron el memorando sobre los males del sector público y las bondades del sector privado, y siguen teniendo compañías eléctricas públicas. Todo esto demuestra que los argumentos originales a favor de la reglamentación eléctrica -la observación de que sin reglamentación las compañías eléctricas tendrían demasiado poder monopolístico- siguen siendo tan válidos como siempre.

¿Debería esto llevarnos a la conclusión de que la liberalización es siempre mala idea? No. Depende de los detalles específicos. Deducir que la liberalización es siempre y en todas partes una mala idea sería incurrir en el mismo tipo de pensamiento absolutista que, se podría decir, fue el mayor defecto de Milton Friedman.

En la reseña de 1965 sobre Monetary history, de Friedman y Schwartz, el fallecido premio Nobel James Tobin acusaba levemente a los autores de ir demasiado lejos. "Considérense las siguientes tres proposiciones", escribía. "El dinero no importa. Sí que importa. El dinero es lo único que importa. Es demasiado fácil deslizarse de la segunda proposición a la tercera". Y añadía que "en su celo y euforia", eso es lo que muy a menudo hacían Friedman y sus seguidores.

La defensa del laissez-faire por parte de Milton Friedman parece haber seguido una secuencia similar. Después de la Gran Depresión, muchos empezaron a decir que los mercados nunca pueden funcionar. Friedman tuvo la valentía intelectual de decir que los mercados sí funcionan, y sus dotes teatrales, unidas a su habilidad para organizar datos objetivos, lo convirtieron en el mejor portavoz de las virtudes del libre mercado desde Adam Smith. Pero caía con demasiada facilidad en la afirmación de que los mercados siempre funcionan y que son lo único que funciona. Es extremadamente difícil encontrar casos en los que Friedman reconociese la posibilidad de que los mercados pudieran funcionar mal, o de que la intervención pública podía ser útil.

El absolutismo liberal de Friedman ha contribuido a crear un clima intelectual en el que la fe en los mercados y el desdén por el sector público a menudo se imponen a los datos objetivos. Los países en vías de desarrollo se apresuraron a abrir sus mercados de capitales, a pesar de las advertencias de que eso podría exponerlos a crisis financieras; después, cuando las crisis llegaron como era previsible, muchos observadores culparon a los Gobiernos de esos países, no a la inestabilidad de los flujos de capital internacionales. La liberalización de la electricidad se produjo a pesar de las claras advertencias de que el poder de monopolio podría ser un problema; de hecho, al tiempo que la crisis de la electricidad en California seguía su evolución, la mayoría de los analistas quitaban importancia a las preocupaciones por el posible amaño de los precios alegando que no eran más que teorías de conspiración descabelladas. Los conservadores siguen insistiendo en que el libre mercado es la respuesta a la crisis sanitaria, frente a las abrumadoras pruebas en contra.

Lo extraño del absolutismo de Friedman respecto a las virtudes de los mercados y los vicios del Estado es que en su trabajo como economista teórico era de hecho un modelo de comedimiento. Como ya he señalado, hizo grandes contribuciones a la teoría económica al resaltar la importancia de la racionalidad individual, pero, a diferencia de algunos de sus colegas, sabía cuándo parar. ¿Por qué no mostró el mismo comedimiento en su papel de intelectual público?
La respuesta, sospecho, es que se vio atrapado en una función esencialmente política. Milton Friedman, el gran economista, sabía reconocer la ambigüedad y la reconocía. Pero de Milton Friedman, el gran defensor de la libertad de mercado, se esperaba que predicase la verdadera fe, no que manifestase sus dudas. Y acabó desempeñando la función que sus seguidores esperaban. A consecuencia de ello, la refrescante iconoclasia de los primeros años de su carrera se convirtió con el tiempo en una rígida defensa de algo que se había convertido en la nueva ortodoxia.

A la larga, a los grandes hombres se les recuerda por sus virtudes y no por sus defectos, y Milton Friedman fue de hecho un hombre muy grande, un hombre de valentía intelectual que fue uno de los pensadores económicos más importantes de todos los tiempos, y posiblemente el más brillante comunicador de las ideas económicas a los ciudadanos en general que jamás haya existido. Pero hay buenas razones para sostener que el friedmanismo, al final, fue demasiado lejos, como doctrina y en sus aplicaciones prácticas. Cuando Friedman inició su trayectoria como intelectual público, había llegado la hora de llevar a cabo una contrarreforma contra el keynesianismo, y todo lo que eso conllevaba. Pero lo que el mundo necesita ahora, diría yo, es una contra-contrarreforma.

Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía 2008. New York Times Service, 2008. Traducción de News Clips.

|
0

Tesis Krugman, por Joaquín Estefanía

Posted by Roberto on 17:16 in , , , , ,
Artículo publicado en El País el 19-10-08

Al tiempo que por necesidad cambia el ciclo ideológico de la economía -hoy nadie se acuerda del grito de la revolución conservadora "¡El Estado es el problema, el mercado, la solución!"-, la Academia Sueca ha concedido el Nobel de Economía al profesor de Princeton y columnista del New York Times, Paul Krugman. Ambos acontecimientos, una tendencia y una decisión, parecen coherentes. Krugman ha sido un feroz debelador de los mantras neocons ("el gran engaño", los denominó), con la fuerza de sus investigaciones científicas y de su gran capacidad divulgadora.

El economista como parte activa de la sociedad, el desprecio hacia los investigadores sociales de laboratorio, irrelevantes en el mundo de las ideas y exentos de influencia, han sido la práctica de Krugman anotada en sus numerosos libros. En ellos ha dispersado una serie de tesis de máxima actualidad en medio del oleaje financiero, de la posibilidad de una recesión global y a tres semanas de las elecciones presidenciales en EE UU.

1. Polarización y desigualdad. A la igualdad en lo económico corresponde la moderación en lo político. La polarización política en EE UU es en buena parte la causa del incremento de las desigualdades económicas: mientras una minoría no ha dejado de medrar, la mayoría de los ciudadanos apreciaba poco o ningún progreso. La desigualdad de ingresos resulta ahora tan elevada como en los veinte, y los niveles de confrontación política nunca han sido tan altos como hoy.

2. El secuestro del Partido Republicano. La polarización política no se ha producido porque los demócratas se hayan ido a la izquierda, sino porque el Partido Republicano ha derivado a la derecha extrema desde principios de los años ochenta con Reagan. El objetivo de los neocons -que se han apoderado del aparato republicano- ha sido acabar con la herencia de Roosevelt y su Estado de bienestar (la Seguridad Social, el seguro de paro, el Medicare, el Medicaid,...). Primero bajan los impuestos a los más acomodados, luego sube el déficit (Reagan, los Bush), aumentan los gastos de seguridad y defensa... ¿Cómo arreglarlo?: bajando las pensiones, esquilmando el welfare.

3. Cuestión racial, cuestión económica. En las próximas elecciones se confrontarán estas dos cuestiones, hasta ver cuál es la dominante. Dice Krugman que la cuestión racial resulta de capital importancia para explicar lo que ha sucedido en EE UU. Las secuelas de la esclavitud (pecado original del país) son la causa de que EE UU sea la única economía avanzada en el mundo que no garantiza la atención médica universal a sus ciudadanos.

4. Otro New Deal. Krugman, que apoyó a Hillary Clinton, defiende la necesidad de abrazar un programa decididamente liberal (socialdemócrata), destinado a extender la red de cobertura social y a reducir la desigualdad económica. Pero ahora, después del crash y de los planes de rescate, ¿con qué dinero financiar el New Deal? -


|
0

En pie contra la pobreza

Posted by Roberto on 23:54 in , , ,
  • Viernes 17 de octubre. 20:00. Encendido de velas. 0,7 y POBREZA CERO Lugar: Plaza Cardenal Belluga.
  • Sábado 18 de octubre. 19:00 h. Lugar: Santo Domingo

|
0

El coste de oportunidad de 2,5 billones de €uros

Posted by Roberto on 14:46 in , , ,
En economía se entiende por coste de oportunidad la mejor elección alternativa a la que debemos renunciar al tomar una decisión de asignación de recursos. Por ejemplo, el coste de oportunidad de ir al cine supone no solo lo que podríamos haber adquirido con los 5 € de la entrada sino también esas 2 horas de nuestra vida. El coste de ir a la Universidad estará de esta forma compuesto no solo por los gastos de matrícula, libros o alquiler, sino que también debemos computar lo que hemos dejado de ganar por no estar trabajando durante ese tiempo.

Informa Europa Press que tratar a los 19 millones de niños que padecen desnutrición aguda severa en el mundo no costaría más de 3.049 millones de euros, una cifra que incluye el tratamiento nutricional completo de cada enfermo y la producción local de alimento terapéutico necesario, el denominado Ready To Use Therapeutic Food (RUTF). Así lo asegura un nuevo informe del observatorio Hunger Watch, que lleva por título "El Hambre Estacional" y que ha sido publicado por Acción contra el Hambre, con motivo del Día Mundial de la Alimentación, el próximo 16 de octubre.

Por otro lado, el plan de recapitalización de entidades de crédito en Europa nos va a costar a los contribuyentes 2 billones de euros. Si a eso le sumamos el medio billón de euros del plan de rescate norteamericano, hacemos un total de 2,5 billones de euros.


Pues bien, una división sencilla nos indica que con el plan de rescate de los especuladores que han practicado la usura y el despilfarro a nuestra costa se podrían financiar 833 planes de choque como el descrito, o visto de otra manera, alimentar a 16.000 millones de personas (casi el triple de la población mundial). También se podrían dar 1.700 € a cada una de los 1.500 millones de personas que viven en el mundo con menos de un dólar al día, es decir, proporcionarles los recursos con los que se ven obligados a malvivir durante 5 años. Este es el coste de oportunidad del rescate.

Cada cual que saque sus conclusiones.

|

Ideas que guían este blog

"El liberalismo económico es la zorra libre en el gallinero libre"

Rosa Luxemburgo

"Donde hay educación no hay distinción de clases"

Confucio

“El alojamiento es una necesidad humana prioritaria, como el alimento y el agua, y una condición esencial de la vida civilizada. Cuando se comprendan estas verdades, se reconocerá el problema de estar sin hogar como lo que verdaderamente es: una afrenta contra la dignidad humana y la denegación de un derecho humano básico.”

Lord Scarman

"Querer informarse sin esfuerzo es una ilusión que tiene que ver con el mito publicitario más que con la movilización cívica. Informarse cansa y a este precio el ciudadano adquiere el derecho de participar inteligentemente en la vida democrática"

Ignacio Ramonet.

"Al mismo tiempo que mejora la organización de los mercados de inversión, aumentan, sin embargo, los riesgos del predominio de la especulación. Los especuladores podrían no resultar perjudiciales si fueran como burbujas dentro de una corriente empresarial estable; lo grave se produce cuando es la empresa la que se convierte en una burbuja en medio del desorden especulativo".

"Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es probable que el trabajo se haya hecho mal".


J. M. Keynes. 1936

Copyright © 2009 Cuadernos keynesianos All rights reserved. Theme by Laptop Geek. | Bloggerized by FalconHive | Distributed by Blogger Templates | rb