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¿Y si Obama fuera africano?, por Mia Couto

Posted by Roberto on 10:03 in , , ,
La corrupción política es quizás uno de los escollos más importantes que tiene que vencer África en su larga travesía para salir de la miseria. La corrupción crea un círculo vicioso generando ineficiencia, inequidad, más pobreza y, en último lugar, más corrupción. Muy recomendable al respecto es el artículo de Jeffrey Sachs "¿Quien puede con la corrupción?" A este respecto, hoy he recibido un interesante artículo donde el escritor Mia Couto reflexiona sobre el destino que en África hubiera aguardado a la carrera política de Barack Obama.

Por cierto, ahora que acaba de caer otro alcalde chorizo más en Murcia, esta vez en el municipio de Librilla, me pregunto hasta qué punto la tan institucionalizada corrupción en la Región es responsable de nuestro escaso desarrollo económico.


¿Y si Obama fuera africano?

Por Mia Couto, escritor mozambiqueño

Los africanos nos felicitamos por la victoria de Obama. Yo fui uno de ellos, después de una noche en sin dormir, de la irrealidad de la penumbra de la madrugada, las lágrimas me brotaron cuando él pronunció el discurso de vencedor. En ese mismo momento yo también era vencedor. La misma felicidad que me atravesó cuando Nelson Mandela fue liberado y el nuevo estadista sudafricano consolidaba un camino de dignificación de África.

La noche del 5 de noviembre el nuevo presidente norteamericano no era sólo un hombre que hablaba. Era la sofocada voz de esperanza que resurgía libre dentro de nosotros. Mi corazón había votado sin permiso; acostumbrado a pedir poco festejaba una victoria sin dimensiones. Al salir a la calle, mi ciudad se había desplazado a Chicago, negros y blancos respirando a la vez de una misma sorpresa feliz. Porque la victoria de Obama no ha sido de una raza sobre otra porque sin la participación masiva de los norteamericanos de todas las razas (incluido la mayoría blanca) los Estados Unidos no nos hubieran dado motivo para festejarlo.

Los días siguientes, fui cogiendo las reacciones eufóricas de los mas diversos rincones de nuestro continente. Personas anónimas, ciudadanos comunes querían testimoniar su felicidad. Al mismo tiempo fui tomando nota, con algunas reservas, de mensajes solidarios de dirigentes africanos. Casi todos llamaban a Obama "nuestro hermano". Pensé: ¿estarán todos esos dirigentes siendo sinceros? ¿Será Barak Obama cercano a tanta gente políticamente tan diversa? Tengo dudas. Obcecados en ver los prejuicios en los otros no somos capaces de ver nuestros propios racismos y xenofobias. Obcecados en condenar a occidente, nos olvidamos de las lecciones que nos llegan del otro lado del mundo.

Fue entonces cuando llegó a mis manos el texto del escritor camerunés, Patrice Nganang, "Y si Obama fuese camerunés". Las cuestiones que mi colega del Camerún planteaba me sugerían a su vez diversas preguntas formuladas alrededor de la siguiente hipótesis: ¿Y si Obama fuera africano y concurriera a la presidencia de un país africano? Estas son las cuestiones que me gustaría explorar en este texto.

¿Y si Obama fuera africano y candidato a una presidencia africana?

1.- Si Obama fuera africano, su antecesor (un George Bush de las Áfricas) inventaría cambios en la constitución para prolongar su mandato mas allá de lo previsto, y nuestro Obama tendría que esperar unos años mas para volver a ser candidato. La espera podría ser larga si tomamos en cuenta algunos presidentes en el poder en África. 41 años en Gambia, 39 en Libia, 28 en Zimbabwe, 28 en Guinea Ecuatorial, 28 en Angola, 27 en Egipto, 26 en Camerún. A parte de estos hay una quincena de presidentes que gobiernan mas de 20 años consecutivos en el continente. Mugabe tendrá 90 años cuando termine su mandato para lo que ha tenido que imponerse al veredicto popular.

2.- Si Obama fuera africano, lo mas probable fuera que, siendo un candidato de un partido de la oposición no tendría espacio para hacer campaña. Harían como, por ejemplo, en Zimbawe o en Camerún. Sería agredido físicamente, sería detenido consecutivamente y se le retiraría el pasaporte. Los Bush de África no toleran opositores, no toleran la democracia.

3.- Si Obama fuera africano no sería ni siquiera elegido en gran parte de los países porque las elites del poder inventarían leyes restrictivas que cierran las puertas de la presidencia a hijos de extranjeros y a descendientes de emigrantes. El nacionalista zambiano Kenneth Kaunda está siendo cuestionado en su propio país por ser hijo de malawianos. Convenientemente "descubrieron" que el hombre que condujo a Zambia a su independencia y gobernó mas de 25 años era, finalmente, hijo de malawianos y durante todo ese tiempo gobernó "ilegalmente". Preso por supuestas intenciones golpistas, nuestro Kenneth Kaunda (que da nombre a una de las mas nobles avenidas de Maputo) tendrá prohibido hacer política y así el régimen vigente se verá libre de un opositor.

4.-Seamos claros, Obama es un negro de Estados Unidos. En África él es un mulato. Si Obama fuera africano, vería su raza lanzada contra él mismo. No porque el color de su piel fuera importante para los pueblos que esperan ver a sus líderes competentes desarrollando un trabajo serio, pero las elites predadoras harían campaña contra alguien que designarían como "no auténtico africano". El mismo hermano negro que hoy es saludado como nuevo presidente norteamericano sería vilipendiado en casa como un representante de los "otros", de otra raza, de otra bandera (¿o de ninguna bandera?).

5.- Si fuera africano, nuestro "hermano" tendría que dar muchas explicaciones a los moralistas cuando pensase en incluir en el discurso de agradecimiento el apoyo recibido por los homosexuales. Pecado mortal para los abogados de la llamada "pureza africana". Para estos moralistas tantas veces en el poder, tantas veces con poder: la homosexualidad es un inaceptable vicio moral que es ajeno a África y los africanos.

6.- Si ganara las elecciones, Obama tendría probablemente que sentarse a la mesa de negociaciones y repartir el poder con el derrotado en un proceso negociador degradante que muestra como, en ciertos países africanos, el perdedor puede negociar aquello que parece sagrado- la voluntad del pueblo expresada en el voto. A esta altura estaría Barak Obama sentado en una mesa con un Bush cualquiera en infinitas rondas negociadoras con mediadores africanos que nos enseñan que nos debemos contentar con las migajas de los procesos electorales que no corren a favor de los dictadores.


Inconclusas conclusiones.


Queda claro: existen excepciones de este cuadro general. Sabemos todos de que excepciones estamos hablando y nosotros mismos, los mozambiqueños, fuimos capaces de construir una de esas condiciones aparte.

Queda igualmente claro: todas estas trabas a un Obama africano no serían impuestas por el pueblo, sino por los dueños del poder, por elites que convierten a los gobiernos en fuentes de enriquecimiento sin escrúpulos.

La verdad es que Obama no es africano. La verdad es que los africanos- las personas simples y los trabajadores anónimos- festejaron con toda el alma la victoria americana de Obama. Pero no creo que los dictadores y corruptos de África tengan derecho de estar convidados a esta fiesta. Porque la alegría que millones de africanos experimentaron el día 5 de noviembre venía de que, lo que investían en Obama era exactamente lo opuesto de su propia experiencia con sus propios dirigentes. Por mucho que nos cueste admitirlo, apenas una minoría de estados africanos conocen o conocerán dirigentes preocupados con el bien público.

En el mismo día que Obama confirmaba su condición de vencedor, los noticiarios internacionales se abarrotaban de noticias terribles sobre África. En el mismo día de la victoria de la mayoría norteamericana, África continuaba siendo derrotada con guerras, mala gestión y ambición desmedida de políticos corruptos. Después de haber matado la democracia, esos políticos están matando la propia política. Queda la guerra en algún caso, en otros la resistencia o el cinismo.

Sólo hay un modo verdadero de celebrar a Obama en nuestros países africanos: es luchar para que mas banderas de esperanza puedan nacer aquí, en nuestro continente. Y luchar para que los Obamas africanos puedan también vencer. Y nosotros, africanos de todas las etnias y razas, venceremos con esos Obamas y celebraremos en nuestra casa aquello que ahora festejamos en casa ajena.

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Paul Krugman y vos, por José Daniel Espejo

Posted by Roberto on 4:50 in , , , ,

Por José Daniel Espejo, miembro del Foro Ciudadano de la Región de Murcia. Publicado en el diario La Opinión de Murcia el 8 de noviembre de 2008


Paul Krugman se ha llevado el Nobel de Economía. Los izquierdistas de salón se han puesto muy contentos, pues es sabido que este señor, articulista de The New York Times y profesor en Princeton, es la bestia negra del gabinete económico de George Bush junior. También es sabida su filiación neokeynesiana, cosa muy provechosa si eres economista con la crisis que está cayendo, pues a más de un neoliberal lo están corriendo a gorrazos últimamente por repetir sus mantras clásicos: "el mercado se autorregula" entre ellos. Busquen el nombre en el gúguel y lean las notas que han ido apareciendo en los diarios: no se enterarán por ellas de mucho más que esto.

En realidad, Paul Krugman, como recuerda en su nota el muy informado aprendiz de economista Félix Díez Romero, no se ha llevado el Nobel por todo eso, sino por ser uno de los principales promotores de una teoría económica llamada "Ciencia regional" o "Ciencia geográfica". Esta disciplina supera los viejos modelos micro y macroeconómicos, expandiéndose hacia terrenos de la sociología, el urbanismo, la arquitectura o la ecología, y tiene como objetivo la ordenación económica del territorio bajo criterios de sostenibilidad. Aunque el propio Krugman se ha manifestado a favor del libre mercado y repetidamente se ha desmarcado de líneas de pensamiento altermundista, es evidente que su modelo pone en cuestión una de las premisas de la globalización económica, en concreto el alargamiento impune de las cadenas de aprovisionamiento: la extracción de minerales en África para procesarlos en Bangladesh, ensamblarlos en Hong Kong o en Ciudad Juárez y vender el producto por todo Occidente, por poner un ejemplo. Ya en los años 70, Krugman demostró que este modelo era inoperante a la hora de crear riqueza y apostó por la relocalización. Treinta años después, y tras un aumento de precio del barril de petróleo cercano al 400%, es fácil darle la razón, pero en la época sus argumentos se las traían.

Este modelo es capaz de predecir fenómenos que de otra manera entrarían en el catálogo de lo "fortuito" o lo "imponderable", cajón que ya sabemos que los economistas tienen siempre lleno. Veamos un par de ejemplos. El primero lo conocemos a través de Las baladas del ajo, la novela de Mo Yan: el gobierno chino se ha propuesto reordenar la producción agraria para maximizar la rentabilidad, y "anima" a los campesinos a cambiar sus cultivos por el del ajo. Un par de cosechas después, los precios del ajo se hunden debido a la sobreproducción, arrastrando a la miseria (miseria sobre miseria) a millones de chinos. Al orientar la producción propia hacia una demanda externa sobre la que no se tiene un control efectivo, el riesgo se dispara y se vuelve inasumible. Es curioso que Krugman haya puesto en duda el crecimiento sostenible de China, precisamente. El fenómeno es similar al que protagonizó el FMI durante los años 90 en varios países africanos, "recomendándoles" sustituir sus cultivos tradicionales por el del cacahuete para exportación, producto que arruinó a millones de granjeros debido a sus continuas depreciaciones y a la imposibilidad de competir en igualdad de condiciones con la producción subvencionada de los estados sureños de E.E.U.U.

El otro ejemplo que les voy a poner es mucho más cercano. Bueno, más cercano si son ustedes murcianos como yo, porque en caso contrario les puede parecer economía marciana. A finales de los 90 y principios de esta década (por cierto, ¿cómo se llama esta década? ¿los cero cero?), la potencia de la libra esterlina provocó un aumento importante en la demanda de segundas residencias en la región por parte de compradores británicos. Este fenómeno monopolizó la política económica (y no solo la económica) regional y su capacidad financiera. Bajo la presión de los promotores, los ayuntamientos no solo costeros reordenaron sus territorios para abrirlos a la urbanización "californiana" o de baja densidad, la preferida por los británicos. Para eliminar barreras medioambientales, la asamblea regional aprobó una Ley del Suelo, la de 2001, que daba la puntilla a las últimas franjas costeras no invadidas (Cabo Cope, por ejemplo, será sustituido en breve por una nueva Marina D'Or), y proliferaron puertos deportivos y campos de golf. Al margen de los innumerables casos de corrupción sobrecogedora, la tendencia a bordear la ley a toda costa para facilitar las promociones se extendió, como la figura del convenio urbanístico, que pasó de medida excepcional a norma general, o la costumbre de aprobar éstos sin el informe favorable de la Confederación Hidrográfica asegurando el suministro de agua (ahora objeto de una investigación por parte de la Comisión Europea: de 250 casos en toda España, 121 se han producido en Murcia). Además, la administración regional decidió apostar en infraestructuras al servicio de este negocio, como la infame autovía AP-7, entre Cartagena y Vera, que atraviesa la última franja costera virgen del Mediterráneo hispano con salidas abiertas hacia los futuros desarrollos (el jefe del ejecutivo regional no se atrevió a aparecer en su inauguración), o el proyectado aeropuerto internacional de Corvera, que competirá con el de San Javier en tráfico de británicos, o el macropuerto deportivo de Puerto Mayor, en La Manga, abortado in extremis por el anterior Ministerio de Medio Ambiente.

Una vez reordenada la economía regional para aprovechar la demanda residencial británica, los riesgos incontrolables que comenté al hablar de Las baladas del ajo hacen su aparición, y una crisis financiera internacional destruye la potencia de la libra esterlina y mina la capacidad adquisitiva de los británicos, mientras el alza especulativa del precio del crudo hace temblar las aerolíneas de bajo coste, obligándolas a subir sus precios. La demanda desaparece. De repente, la supuesta rentabilidad infinita de nuestra producción entra en cuestión: primero lo de infinita, a continuación lo de rentabilidad y por último lo de producción, porque al fin y al cabo nuestro proyecto no estaba basado en la producción sino en la venta directa de unos recursos finitos por definición: nuestro territorio. Y en cuanto a sostenibilidad, bueno, ¿quién habló nunca de sostenibilidad? Eso eran cosas del loco de Krugman, que probablemente estaba drogado, como todos los hippies en los setenta. En fin. Ahora dice Antonio Cerdá (nuevo consejero de Medio Ambiente, Agua y Agricultura) que hay que volver a reordenar la economía regional. Hacia la agricultura de calidad. Suena bien, señor Cerdá. Solo que espero que no esté usted pensando en el ajo. Ni en los cacahuetes.


http://josedanielespejo.blogspot.com/


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Garzón, la Audiencia y las fosas

Posted by Roberto on 10:03 in
No pensaba entrar en este espinoso tema, a pesar de lo indignado que estoy hoy con la puñetera Audiencia Nacional [Ver por qué]. La cuestión es que una amiga me ha pedido que escriba algo del asunto, y como una imagen vale más que mil palabras, os dejo esta viñeta.


La otra mañana decía Fernando Onega en Los Desayunos que identificar a cada muerto nos costaría medio millón de pesetas, y que sólo en el Valle de los caídos habrá unos 40.000. El ABC cifra el coste de las identificaciones por debajo, un total de 137 millones de €uros (1.200 € por cadáver). Bien, he sacado cuentas con la primera estimación enlazando con el tema de ayer y resulta que con los 14,6 millones de €uros que nos cuesta la real familia en un año podemos identificar y enterrar con sus seres queridos a 4.900 personas. Dejando a pan y agua a la corona durante 23 años, se podrían pagar las identificaciones de los 114.266 desaparecidos bajo el genocidio fascista. Si optamos directamente por abolirla, el ahorro sería tal que incluso podríamos encontrar al padre del Caudillo. Artículo recomendado: Represión, víctimas y desaparecidos, de Antoni Segura

"No, no se puede pasar página mientras no hayan sido rescatadas del olvido las víctimas de la represión y dignificada su memoria. No es una cuestión de revancha, sino de justicia y dignidad, porque difícilmente se puede encarar el futuro olvidando un pasado que ha dejado en cunetas y campos los restos de unas víctimas condenadas a ser enterradas en el olvido y a las que se negó el derecho a ser dignamente sepultadas." A. Segura

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La gran lección de McCain

Posted by Roberto on 10:16 in
John McCain es un buen tipo. Durante la campaña electoral se ha visto obligado a abandonar, a buen seguro obligado por los ultras de su partido, el discurso independiente y moderado que otrora le había caracterizado.

Hoy, reconociendo con deportividad su derrota, ha vuelto a ser el tipo que era. Según los analistas americanos, su mejor discurso [Texto completo]. Oído lo dicho y visto a su funesto antecesor, está claro que pasase lo que hubiese pasado ayer, el mundo sólo podía salir ganando. "Le deseo buena suerte al hombre que fue mi rival y que ahora será mi presidente", ha dicho McCain para cerrar su discurso.

¿Sabrá McCain que entre Europa y África existe un país con una oposición que aún no ha reconocido su derrota electoral de hace cinco años? ¿Sabrá McCain que, mientras él lamentaba que la abuela del senador Obama no haya vivido para ver la victoria de su nieto, en ese país es un cántico muy popular el "Zapatero vete con tu abuelo"?

American style



Spanish style


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Un gran día para la humanidad

Posted by Roberto on 10:01 in


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El mundo después del 'crash', por Joaquín Estefanía

Posted by Roberto on 10:32 in , , , ,
En este artículo, Estefanía repasa la marcha de la crisis económica, y liga los grandes ciclos económicos con los ciclos ideológicos. El ascenso del keynesianismo tras el crack del 29, su caída y el ascenso del neoliberalismo a partir de las crisis petrolíferas de los 70 y la nueva etapa que se abre ante nosotros. Muy recomendable.

Artículo publicado en El País el 26-10-2008

Hay en economía un concepto más enérgico que el de recesión para explicar lo que está sucediendo: depresión. La depresión es más grave y duradera que la recesión, y se manifiesta en el frenazo en seco de la actividad, la debilidad de la demanda, la contracción del comercio internacional, el incremento del paro, la caída del poder adquisitivo, etcétera, todos ellos procesos muy dolorosos y contrarios al progreso. Pues bien, el profesor de Economía de la Universidad de Nueva York Nouriel Roubini, el gurú que se ha hecho famoso por haber anticipado la crisis financiera que se inició con el estallido de las hipotecas tóxicas, ya ha utilizado el concepto de depresión como síntoma de lo que ocurre en la economía a escala planetaria. Hace unos días escribía Roubini: "No podemos descartar un fracaso sistémico y una depresión global. (...) Se corre el riesgo de un desplome del mercado, una debacle financiera y una depresión mundial". El economista plantea que más que una coyuntura en forma de V (caída y pronta recuperación) estamos en otra en forma de U (caída en la que la economía se mantiene un tiempo, para luego ascender), o quizá en forma de L (caída y letargo a largo plazo).


Un arranque ciertamente tenebroso sobre la coyuntura quizá pueda compensar el optimismo del titular de este que parece llevar implícito -y no es así, como se ha visto la semana pasada- la superación del desplome bursátil que, en otras ocasiones históricas, ha sido la antesala de una recesión o de una depresión. Crash y depresión se retroalimentan. Hay muchas similitudes -y bastantes diferencias- con la Gran Depresión de 1929. Es urgente desempolvar los viejos manuales de entonces y establecer las comparaciones. "Pensar el presente desde un punto de vista histórico" (Walter Benjamin).


En diciembre de 2006 caía el Ownit Mortgate Solutions, un pequeño banco hipotecario de California especializado en productos de alto riesgo. Es el antecedente más cercano del estallido de la burbuja inmobiliaria y de las hipotecas subprime, que devendría en la norma a partir de julio de 2007. Desde entonces hay muchas víctimas sin enterrar. Entre ellas, la economía real en forma de estrangulamiento del crédito (que es su sistema sanguíneo), desaparición de los bancos de inversión y nacionalización de otras entidades que formaban parte de la aristocracia financiera internacional, desprestigio de los organismos reguladores nacionales y de las agencias de calificación de riesgos, profundísima descapitalización bursátil de muchas empresas financieras y no financieras, parón de la actividad económica y de la inversión, contracción de la demanda, suspensiones de pagos, desempleo, etcétera. Y sobre todo, un escalofrío en muchos ciudadanos en forma de inseguridad: no sólo miedo al terrorismo y a otras formas de inquietud ciudadana, sino a la inseguridad económica y el temor al otro, al diferente, al que compite con el puesto de trabajo y carga de obligaciones al Estado de bienestar.


Otra víctima de la crisis es una forma de entender el mundo, un modo de pensar que se identifica ampliamente con la ideología neoliberal. La máxima acuñada por la revolución conservadora de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, que ha durado un cuarto de siglo, de que el Estado es el problema y no la solución, ha saltado hecha trizas en cuanto se han acumulado las dificultades. La "destrucción creativa" de Schumpeter sólo se hizo realidad cuando las autoridades americanas dejaron hundirse al que era cuarto banco de negocios estadounidense, Lehman Brothers (y casi todos los analistas califican esta inacción como un grave error y el principio del pánico); las demás instituciones financieras con problemas han sobrevivido con una u otra fórmula de intervención pública, con paquetes de rescates a babor o a estribor, en forma de avales públicos, compras de activos o directamente de acciones. Lo explica resignado un economista español: "Hemos generado mucho riesgo moral para evitar el riesgo sistémico". Ahora, la retórica del libre mercado se utiliza con más soltura, más selectivamente: se asume cuando sirve a intereses especiales y se descarta cuando no es así. Sin complejos, el presidente de la patronal española llegó a exigir "un paréntesis" a la economía de mercado.


Hace escasamente año y medio, todavía la economía mundial continuaba en la senda de crecimiento más larga y profunda de la historia contemporánea. La teoría de los ciclos económicos parecía extinguida y el planeta se instalaba en el denominado ciclo Kondratief, una onda larga de prosperidad debida -se decía- a la confluencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) con la flexibilidad empresarial y la innovación financiera. Los mantras más citados eran los de la desregulación y la autorregulación. Hasta tal punto que cuando se encienden las primeras luces rojas de las dificultades hay una generación de jóvenes ejecutivos, los que mandan en muchas empresas y en bastantes Gobiernos, que no tienen puntos de referencia para saber lo que es una crisis y qué tratamiento preventivo darle.


Es muy interesante seguir las mutaciones que ha sufrido la naturaleza de esta crisis en apenas 18 meses: primero se identificó con el estallido de la burbuja inmobiliaria y el abuso en la concesión de hipotecas de alto riesgo; a ello se le añadió un tsunami protagonizado por las materias primas alimentarias y los elevadísimos precios de la energía, de modo que entonces se habló de "tormenta perfecta" y se hizo una equivalencia con los primeros años setenta del anterior siglo, al aparecer la estanflación (alta inflación y crecimiento cero). Cuando se hicieron sentir los primeros efectos de la sequía crediticia en forma de reducción del crecimiento económico bajaron los precios de las materias primas; como consecuencia de ello, la inflación dejó de estar en primer plano, pero a las víctimas de la coyuntura se añadieron los países emergentes, principales productores de materias primas, y de los que se había dicho que en esta ocasión estarían exentos del efecto contagio. Conforme pasaban las semanas y dejaba de funcionar el mercado interbancario debido a la desconfianza que las entidades se tenían entre sí (¿cuál de ellas tenía en su interior la metástasis de los productos estructurados y colaterales sin valor alguno en el mercado?), la crisis hipotecaria devino en crisis financiera y los Gobiernos salieron al rescate en el entendido de que la desconfianza de los ciudadanos en las entidades de crédito es la antesala de una catástrofe en la economía real. Hubo un momento en que en algunas plazas y sucursales bancarias los clientes, después de hacer colas para sacar sus ahorros, intentaban transmutar sus depósitos en lingotes de oro, en la creencia de que este metal precioso era la inversión más segura.


Sólo cuando los ciudadanos, airados, comenzaron a preguntarse en alto por qué habían de rescatar a quienes habían sido víctimas de su codicia, es cuando se sofisticó un poco el discurso: la mayor inyección de dinero público utilizada en la historia para salvar a los bancos en dificultades era tan sólo una etapa intermedia para salvar a la economía real. Lo que es bueno para Wall Street es también bueno para la calle. Proteger a Wall Street es proteger a Main Street. Así lo ve el grupo de banqueros con chistera y puro que aparecen en la tira satírica del New Yorker. Uno de ellos grita indignado: "¡Maldita sea, para nosotros Wall Street es Main Street".


Las ayudas oficiales a la banca ("Aportaremos todo lo que sea necesario", ha declarado Berlusconi, el más desvergonzado de los políticos actuales) han servido hasta ahora para detener el pánico de los clientes y para que emerja un hilillo de liquidez en los mercados, que se ha concretado en una pequeña baja de los tipos de interés (Euríbor y Líbor). Pero sigue sin saberse si tanto dinero aportado por el Estado se trasladará del sistema financiero al conjunto de las empresas con inmediatez, para que la situación tienda a normalizarse, y a qué precio. Esto era así hasta anteayer. Pero resuelta al menos en parte la dificultad financiera más urgente, los mercados bursátiles han reaccionado extraordinariamente a la baja cuando en el frontispicio ha aparecido el problema de fondo: el colapso de la economía real. La mayor parte de los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) -los 30 países más ricos del mundo- han entrado en recesión o están a punto de hacerlo (dos trimestres seguidos de reducción de sus productos brutos), y sin visos de salida. Además, el contagio afecta a muchos países emergentes, que han tenido que gastar las reservas de divisas en defensa de sus monedas, mientras aumenta su riesgo país y ven bajar los precios de sus exportaciones. Se ha llegado a la madre de todas las crisis. Cada uno de los pronósticos que han ido elaborando las organizaciones multilaterales (OCDE, Fondo Monetario Internacional, etcétera) se han tirado a la papelera en el mismo momento en que se hacían públicas. La velocidad de la metástasis es tal que todas las explicaciones de la coyuntura se han quedado antiguas en tiempo real. Aun hace dos fines de semana, en su asamblea semestral, el FMI preveía un ligero crecimiento en 2009 para el conjunto de las economías avanzadas y del orden del 6% en las emergentes. Sin embargo, el pasado miércoles, el Foro Económico Mundial sentenciaba: "La crisis financiera afecta ya a la economía real en un nivel alto y el riesgo de una profunda y prolongada recesión crece".


Con esta crisis multiforme y poliédrica ha desaparecido también una forma de hacer la política económica, que ha sido dominante en el último cuarto de siglo. Aquella que había formalizado el dogma de que los mercados son los que mejor saben qué hacer. Del mismo modo que hay ciclos en la coyuntura también hay ciclos ideológicos que conceden el énfasis a las distintas herramientas económicas. Y ha comenzado otro. En el año 1936, el que probablemente ha sido el economista más influyente del siglo XX (y lo vuelve a ser ahora), John Maynard Keynes, escribió en su obra magna Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero: "Las ideas justas o falsas de los filósofos de la economía y de la política tienen más importancia de lo que en general se piensa. A decir verdad, ellas dirigen casi exclusivamente el mundo. Los hombres de acción que se creen plenamente eximidos de las influencias doctrinales son normalmente esclavos de algún economista del pasado". Las ideas keynesianas, tan menospreciadas en el último cuarto de siglo, están siendo aplicadas ahora por quienes tratan de sacar a la economía de la camisa de fuerza de la revolución conservadora y de la desregulación permanente. No por casualidad, sino como un signo de los tiempos, la Academia Sueca ha concedido hace unos días el Nobel de Economía a quien es uno de los neokeynesianos más insignes: Paul Krugman.


El New Deal del presidente Franklin Delano Roosevelt, respuesta a la Gran Depresión de 1929, inauguró un ciclo progresista de intervención en la económía que duró casi medio siglo y que ha sido denominado la edad dorada del capitalismo: el mundo creció mucho y los países más avanzados construyeron su Estado de bienestar. El 31 de diciembre de 1933, 10 meses después del inicio del New Deal, Keynes escribe una carta abierta al presidente en The New York Times, en la que le aconseja actuaciones adicionales, entre las que sobresale "una atención predominante en el más alto grado al incremento de la capacidad de compra resultante de los gastos públicos, financiados mediante créditos".


A finales de los años setenta y principios de los ochenta se inició la revolución conservadora, que tuvo sus principales ideólogos en Margaret Thatcher y Ronald Reagan, y su continuidad en los neocons que han gobernado en la Casa Blanca y en la Reserva Federal. Francis Fukuyama, el constructor del concepto del fin de la historia, ha matizado aquella forma de entender el mundo y recientemente ha hecho un balance de ese tiempo: la revolución conservadora perdió su rumbo porque se convirtió en una ideología irrebatible, y no en una respuesta pragmática a los excesos del Estado de bienestar. En ella había dos conceptos sacrosantos: que las reducciones de impuestos se autofinanciarían y que los mercados financieros podrían autorregularse. Pues bien, el balance es clarificador: Reagan y Bush dejan a EE UU con gigantescos déficit, la economía creció tanto con Clinton como con Reagan y con superávit público, y de las secuelas de la autorregulación del mercado financiero tenemos suficientes ejemplos catastróficos en los últimos meses.


La crisis traza una frontera, la del final (por ahora) de otra edad dorada: el crédito fácil, la liquidez extrema, los riesgos fuera del balance, los sueldos astronómicos de los grandes ejecutivos ligados a la creación de valor a corto plazo y no a la calidad de lo que se fabrica o con lo que se trabaja, los cambios legales para facilitar la especulación sin límites y las zonas de sombra (el capitalismo gris), una psicología mediante la cual los ahorradores se convirtieron en inversores y los inversores en activos apalancados, la autorregulación como pretexto para administrar sin límites, etcétera.


Cada ciclo ideológico en economía está provocado por una crisis. El New Deal llegó por la Gran Depresión; la revolución conservadora, como reacción a la estanflación; y el paradigma que parece instalarse a principios del siglo XXI, por la crisis iniciada con las hipotecas subprime llevada al paroxismo. Las matrices que lo componen son las de la intervención del Estado siempre que sea necesaria, la regulación financiera, quien contamina paga (en relación a los activos tóxicos) y la necesidad de dotar de gobernanza a la globalización realmente existente. Por ello se ha dado tanta significación a la construcción de un nuevo Bretton Woods, en analogía con la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, celebrada en New Hampshire del 1 al 22 de julio de 1944, al final de la II Guerra Mundial, y que ha constituido hasta ahora el intento más ambicioso por configurar un nuevo orden económico internacional. Entonces participaron 44 países. Hoy se trata, como se declara con ampulosidad, de "refundar el capitalismo": cambiar todo para que nada cambie.


Se trata de evitar otra Gran Depresión e ir, por el contrario, a una Gran Transformación, como tituló su libro de referencia Karl Polanyi en 1943. En él demostraba, acudiendo a la historia y a los datos empíricos, que no existe nada parecido a una mano invisible que ordene a los mercados; éstos se regulan por la acción del Estado. Hay que actualizar la Gran Transformación a la era de la globalización en la que los Estados tan sólo son entes intermedios.


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Aznar y Friedman, tanto monta...

Posted by Roberto on 11:12 in , , ,
El omnisciente ex-presidente Aznar, conocedor de todo lo real y posible, vuelve a deleitarnos en el desayuno. Ayer apareció en Madrid junto con David Friedman presentando la reedición del libro de Milton y Rose Friedman "Libertad de Elegir".

"Libre para elegir", publicado en 1980, es el panfleto más vergonzoso de divulgación del ultraliberalismo jamás publicado junto a "Camino de servidumbre" de su compinche austriaco Friedrich Hayek (1944), libro que Esperanza Aguirre dice regalar a todas sus amistades. A la publicación siguió una serie de 10 publirreportajes de una hora de duración cada uno para difundir el mensaje neoliberal a las masas. [Pincha para verlos, si te atreves]. Era la época de esplendor de Reagan y Thatcher.

No voy a ser yo quien critique al estafador intelectual de Milton Friedman. Para eso os dejo leer el artículo que le dedicó hace dos semanas Paul Krugman, que sabe infinitamente más de estos temas que yo.
A quien quizás no conozcáis es a David Friedman, el retoño de Milton y Rose. David es un señor que se define como anarcocapitalista (no es coña). En su libro La maquinaria de la libertad, va mucho más allá de lo que llegó Milton y defiende la abolición de toda forma gubernamental y del Estado, pues incluso la ley puede ser producida por el libre mercado. Parece ser que el pequeño David, al igual que su padre, no conoce lo que es un Bien Público (y el problema del polizón), ni una Externalidad de Mercado ni la Información Asimétrica, hechos que justifican irrefutablemente la necesidad de un Estado no ya por equidad, sino por eficiencia.



Algunas de las perlicas que nos dejó Aznar durante la presentación del libro [Leer el discurso completo] fueron las siguientes:

  • "La culpa de la crisis que vivimos es del gobierno socialista". ¡Vaya hombre, y todos los economistas del mundo pensando que era culpa de las subprime norteamericanas!.
  • "Esta crisis se debe a los fallos del Estado, no del mercado". En esto estoy de acuerdo con Aznar, aunque quizás por distintos conceptos. El Estado ha fallado, efectivamente, por no atar más en corto a este atajo de sinvergüenzas. No lo digo yo: lo dicen Samuelson, Stiglitz...
  • "Hay que seguir por la vía de liberalización de los mercados, especialmente en el caso del suelo". Esto me ha hecho recordar la famosa Ley del Suelo de Aznar (1999), que liberalizó todo el suelo, puso una alfombra roja a los especuladores de la nación e hizo que los precios del mismo se quintuplicaran. Qué poca memoria tenemos, señor Aznar.
Y para despedir el post, os dejo con una recopilación de grandes éxitos del omnisciente Aznar:
  • "Pueden estar seguros de que estoy diciendo la verdad. En Irak hay armas de destrucción masiva". [Verlo con mis propios ojos].
  • "Los defensores del cambio climático son unos entusiastas de los consensos científicos y unos inquisidores". [Verlo con mis propios ojos] [Ver más]
  • "Déjeme usted conducir tranquilo con los vinos que me plazca mientras no haga daño a nadie (...). No me gusta que me digan no puede usted ir a más de tanta velocidad...". [Verlo con mis propios ojos] Sin comentarios.
  • "He autorizado contactos con el entorno del Movimiento Vasco de Liberación" [Verlo con mis propios ojos] Pero que no llamen a esto negociación...

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Actualidad económica, en breve

Posted by Roberto on 9:50 in , , ,
A hostia limpia entre bancos y patronal

El presidente de la Croem, Miguel del Toro, responsabilizó ayer a las entidades financieras de la crisis económica por haber dejado a las empresas sin financiación.

Después, pidió ayuda a las administraciones públicas para que puedan mantener su actividad y dejen de destruir empleo en su intervención el jueves en la comisión especial de Empleo de la Asamblea Regional (La Opinión, 31-10-08)










Consideraciones:
  • Resulta divertido, cuando no bizarro, a la vez que aterrador ver pelearse a los empresarios y la banca.
  • El señor Del Toro no criticó en ningún momento la cultura especulativa y depredadora de cierto sector del empresariado murciano.
  • El señor Del Toro sufrió, como su hermano mayor Díaz Ferrán, un breve ataque keynesianitis pidiendo al Poder Público que les arregle el desbarajuste que han montado. El susto pasó segundos después cuando Del Toro recuperó la cordura y pidió la eliminación del IAE, del Impuesto de Sucesiones y una moratoria de seis meses en el pago del IVA (que digo yo que ya puestos, haber pedido también la supresión, oiga).
  • Fuentes no confirmadas rumorean que tras la intervención, el señor del Toro se fue de comida con los más selectos banqueros de la zona.
Murcia celebrará entre el 6 y el 9 de noviembre la Semana de la Ciencia y la Tecnología en los jardines del Malecón.

- Habrá 70 expositores dedicados a las distintas áreas del conocimiento.
- Participarán 47 instituciones y empresas.
- El objetivo es crear cultura científica entre la juventud.
- Las seis grandes áreas temáticas reciben los siguientes nombres: Arquímedes (Ingeniería y TIC), Galileo (Matemáticas, Física y Tecnología), Cajal (Biología y Salud), Darwin (Química y Medio Ambiente), Floridablanca (Ciencias Sociales) y Keynes (Economía y empresa)

Consideraciones:
  • Es una grata sorpresa que le den a la zona dedicada a la Ciencia Económica el nombre del gran Keynes. Esperemos que le hagan honor, y que el espacio no acabe convirtiéndose en otro lupanar de apología al anarcocapitalismo.
Marx contraataca

No es el nombre de ningún estreno de cine. La crisis ha vuelto a despertar el interés del respetable por la figura de Karl Marx, y este año 40.000 personas han visitado Tréveris, en Alemania, su localidad natal. Las ventas de El Manifiesto Comunista se disparan en las librerías. [Leer noticia completa en BBC Mundo]

Consideraciones:
  • Aunque en Cuadernos Keynesianos no somos sospechosos de marxistas, reconocemos a este gran pensador su indispensable aportación a la construcción del conocimiento económico. No podemos por tanto suscribir las palabras de nuestro querido Samuelson cuando lo tildó la semana pasada de "paleto económico".
  • No obstante, sí que recomendamos a la juventud leer con cautela a este hombre. Directamente proporcional a su lucidez diagnosticando las miserias del capitalismo fue su fracaso en la propuesta de alternativas. No lo decimos nosotros, lo dice la historia, que habla por sí sola.

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Ideas que guían este blog

"El liberalismo económico es la zorra libre en el gallinero libre"

Rosa Luxemburgo

"Donde hay educación no hay distinción de clases"

Confucio

“El alojamiento es una necesidad humana prioritaria, como el alimento y el agua, y una condición esencial de la vida civilizada. Cuando se comprendan estas verdades, se reconocerá el problema de estar sin hogar como lo que verdaderamente es: una afrenta contra la dignidad humana y la denegación de un derecho humano básico.”

Lord Scarman

"Querer informarse sin esfuerzo es una ilusión que tiene que ver con el mito publicitario más que con la movilización cívica. Informarse cansa y a este precio el ciudadano adquiere el derecho de participar inteligentemente en la vida democrática"

Ignacio Ramonet.

"Al mismo tiempo que mejora la organización de los mercados de inversión, aumentan, sin embargo, los riesgos del predominio de la especulación. Los especuladores podrían no resultar perjudiciales si fueran como burbujas dentro de una corriente empresarial estable; lo grave se produce cuando es la empresa la que se convierte en una burbuja en medio del desorden especulativo".

"Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es probable que el trabajo se haya hecho mal".


J. M. Keynes. 1936

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