0

Elinor Ostrom, Nobel de Economía

Aún no habíamos hablado del primer Nobel de economía concedido a una mujer, Elinor Ostrom. El profesor Mario Bunge nos explica por qué ha sido merecedora de este galardón en el diario argentino La Nación
Para quien quiera conocer más a fondo su aportación, es también recomendable leer a Paul Dragos Aligica, quien fue compañero suyo en la Universidad de Indiana [ir al texto].

Elinor Ostrom: un Nobel de Economía bien ganado
Mario Bunge
La Nación, 14 octubre 2009

Felicitaciones a los señores directores del Banco de Suecia y de la Academia Sueca de Ciencias. Esta vez acertaron al darle el premio 2009 a Elinor Ostrom. Ya era tiempo que se lo dieran a una socioeconomista progresista, en lugar de regalárselo a algún ideólogo cavernícola, como han acostumbrado hacerlo.

También era tiempo de que galardonaran a una mujer, la primera desde 1982, año en que premiaron a la socióloga Alva Myrdal, esposa y colaboradora de Gunnar Myrdal, premiado en 1974, y uno de los arquitectos del Estado sueco moderno.

¿Cuál es el principal mérito académico de la doctora Ostrom, profesora en Indiana University? Que estudió y propició la autogestión del bien común, tal como lo viene haciendo todos los jueves a mediodía el Tribunal de Aguas de Valencia, desde que lo instalaron los moros en el año 960.

¿Por qué importa este aspecto de la obra de Ostrom? Porque ha sido ignorado por casi todos los economistas políticos, no sólo los viejos conocidos de la derecha, sino también los marxistas, siempre enemigos de las cooperativas.

En efecto, casi todos los economistas reconocen sólo dos regímenes de propiedad: la privada y la estatal. No les interesa el tertium quid , la propiedad colectiva autogestionada, la que escapa tanto a la garra del gran capital como a la del Estado autoritario.

La economía política estándar propone los postulados siguientes:

1- Todos los bienes deberían ser de propiedad de particulares o corporaciones. (¿Por qué? Porque lo digo yo.)

2- El ojo del amo engorda al ganado: la propiedad sin dueño se deteriora, como lo demuestra la tragedia del bien común, tal como el ejido o el pastizal de la aldea. (¿Por qué? Porque lo dijo Garrett Hardin.)

3- El Estado debería ser mínimo: su única función debería ser garantizar el funcionamiento del mercado libre, o sea, el capitalismo sin reglas (Friedrich Hayek, premio Nobel 1974 y Milton Friedman, premio Nobel 1976).

Si hubiera popperianos de izquierda, acaso dirían que la contribución de Ostrom fue refutar el segundo postulado. Pero cualquiera podría argüir que refutar una proposición es lo mismo que confirmar su negación. No importa, sigamos.

En 1968 la prestigiosa revista Science publicó el artículo The tragedy of the commons , o sea, "La tragedia del bien común". Este hizo famoso a su autor, el ecólogo tejano Garrett Hardin, quien ya se había destacado por su defensa del principio sistémico "no puedes hacer una sola cosa" y su principio de exclusión competitiva (que discutimos en mi seminario de filosofía de la biología, en 1962, en la Universidad de Buenos Aires).

¿En qué consiste la tragedia de marras? Si todos los habitantes de una aldea tienen libre acceso a un pastizal común, todos pondrán a pastar tantos animales como puedan. De esta manera, el pasto no tendrá tiempo de volver a crecer, y el pastizal se acabará para mal de todos. La moraleja que sacó Hardin es que la propiedad sin propietario se deteriora hasta destruirse.

En su libro Governing the Commons: The Evolution of Institutions for Collective Action (1990), Elinor Ostrom refuta a Hardin. Lo hace recurriendo a ejemplos históricos de autogobierno de bienes comunes, tales como tierras comunales (como los ejidos mexicanos), bosques (como muchos en la India), acequias (como las del río Turia), pesquerías (como la del Maine) y tambos (como los del Gujurat).

El resultado neto es que lo que importa para preservar un bien no es la propiedad sino la administración. Tanto es así, que una empresa privada mal administrada no beneficia siquiera a sus propietarios. La economía experimental y la psicología social contemporáneas nos dan datos para explicar por qué tiene razón Elinor Ostrom y, por el mismo motivo, por qué no la tuvo Garrett Hardin.

En efecto, esas ciencias han demostrado que solamente una minoría procura siempre maximizar sus utilidades esperadas, sin importarle si perjudica al prójimo. La mayoría de los seres humanos somos considerados y cooperativos. Basta consultar el volumen colectivo Moral Sentiments and Material Interests: The Foundations of Cooperation in Economic Life , publicado en 2005 por los economistas Herbert Gintis, Robert Boyd, y Ernst Fehr.

En mi libro Filosofía política (2009) cito muchas veces la obra de Ostrom, que sintoniza con una parva de documentos sobre el funcionamiento de cooperativas de todo tipo dispersas por el mundo, en particular, los anuarios de la Alianza Internacional de Cooperativas y de la Oficina Internacional del Trabajo, que mantiene la ONU en Ginebra.

En resumen, profesora Ostrom: enhorabuena por haber contribuido a resaltar el lado angélico de la bestia humana, y por haber desprestigiado a la economía y la filosofía políticas que dan por sentado que todos somos rapiñadores y carroñeros. Era tiempo de que el Premio Nobel lo ganase quien cree que la economía y la política pueden ser beneficiosas para la mayoría si reemplazan el pesimismo de Hobbes por el optimismo de Rousseau, y la incompetencia del asesor financiero por la competencia del almacenero de la otra cuadra.

Mario Bunge
es filósofo y físico, su último libro es Filosofía política. Solidaridad, cooperación y democracia integral. Editorial Gedisa. Permanentemente comprometido con los valores del laicismo republicano, el socialismo democrático y los derechos humanos, son memorables sus devastadoras críticas de las pretensiones pseudocientíficas de la teoría económica neoclásica ortodoxa y del psicoanálisis “charlacanista”.





Actualización del post. Incluyo este interesante artículo de Xavier Sala i Martin publicado en La Vanguardia donde comenta la "tragedia de los comunes" y la aportación de Ostrom:

La tragedia del bien comunal, de Xavier Sala i Martín en La Vanguardia

Se han fijado en que cuando vamos al restaurante en grupo y dividimos la cuenta entre todos, la factura es mucho más alta que cuando cada uno paga lo suyo? Si pagamos individualmente, todos evaluamos el beneficio y el coste de pedir langosta. Si el coste es demasiado alto, nos inclinamos por el pollo, que es más barato. Por el contrario, si el coste de la langosta se divide entre quince, ya no sale tan cara, por lo que decidimos pedirla. El problema es que todos los comensales piensan lo mismo, por lo que todos acaban comprando langosta (y copas, y puros) y la factura común acaba siendo estratosférica.

Este es un problema económico que se conoce como “la tragedia del bien comunal”. Los bienes comunales son aquellos que mucha gente puede utilizar a la vez: un parque, el mar, el bosque y los aparcamientos en las calles de la ciudad. Todos ellos comparten un fenómeno curioso: el beneficio es para el usuario, pero los costes se comparten entre todos.

Por ejemplo, si las tierras de pasto son comunales (como lo eran en la Europa medieval y todavía lo son en algunas zonas rurales), la hierba que come mi vaca me beneficia a mí, su propietario, porque me da mejor leche o mejores terneras. La destrucción que ocasiona mi vaca cuando come, sin embargo, es compartida por todos los demás propietarios, ya que sus vacas tienen menos pasto para comer. La tragedia de este tipo de situaciones es que, al ser los beneficios individuales y los costes compartidos, los usuarios tienden a poner demasiadas vacas y a sobreexplotar los recursos. Al final el pasto desaparece. Del mismo modo, los pescadores tienden a sobrepescar hasta que el mar se queda sin bancos de pesca, los leñadores tienden a cortar demasiados árboles hasta que nos quedamos sin bosques y cuando la factura es comunal, todos pedimos langosta, y se convierte en descomunal (y perdonen el fácil juego de palabras).

Para evitar la tragedia, se han propuesto dos tipos de soluciones. La primera es la privatización. Si la tierra de todos se divide en parcelas y nuestras vacas sólo puede pastar en nuestra granja, cada uno de nosotros se encargará de mantener un número de vacas que permita un pasto sostenible porque si este desaparece, desaparece el negocio. En el caso del restaurante, la solución es que cada uno pague lo suyo.

La privatización de los bienes comunales a veces es complicada por la naturaleza del bien en cuestión. Por ejemplo, es muy difícil dividir el mar en parcelas privadas. Para estos casos, las sociedades han encontrado otra solución: la intervención del Estado. El Estado se apropia del bien comunal (el mar), decide la cuota de pescado de cada uno y castiga con multas a los que se pasan. En el caso del restaurante, la solución consistiría en establecer una ley que prohibiera a los grupos de más de seis personas pedir langosta (una ley que seguro que le encantaría aprobar a la Generalitat actual, amante de regular y prohibir los comportamientos más recónditos del ser humano).

¿Por qué les explico todo esto? Pues porque el premio Nobel de Economía 2009 ha sido concedido a Elinor Ostrom, una politóloga que piensa en una tercera vía para evitar la tragedia del bien comunal: la cooperación. Si la gente que va a cenar en grupo lo hace repetidamente, son amigos y tienen sentido de la vergüenza, seguramente desarrollarán mecanismos para evitar que nadie se pase: el que pide langosta un día no es invitado el día siguiente, o se le recrimina en público o se habla entre todos para ponerse de acuerdo para que no pase.

Las investigaciones de Ostrom están entre la economía, la antropología y la ciencia política. Un ejemplo interesante ocurre con los pastos de los nómadas del centro de Asia. Los satélites detectaron hace años que el pasto en las zonas de Rusia y

China estaba desapareciendo mientras que los de Mongolia, no. Ostrom observó que en Rusia y China las tierras estaban colectivizadas mientras que las de Mongolia seguían siendo explotadas según las normas milenarias de las tribus de la zona (que compartían tierras y se respetaban entre ellas de tal modo que nadie se atrevía a perjudicar a las tribus vecinas). En 1980, China cambió de sistema y privatizó la explotación. Los satélites demostraron que los pastos no aumentaron. Con este ejemplo, Ostrom mostró que las soluciones encontradas por las tribus milenarias basadas en la cooperación y el respeto a veces son superiores a la privatización o a la intervención pública.

Ostrom no estaba entre los favoritos (lo escribo en masculino porque entre los favoritos no había ninguna mujer) a recibir el premio Nobel este año. Su contribución no es ni de las más citadas ni de las más conocidas del mundo. Yo, de hecho, confieso que no sabía quién era hasta el día que se le concedió el premio. Su metodología no es la más comúnmente aceptada por la profesión y sus conclusiones no parecen tan sólidas o bien probadas como las que la ortodoxia exige hoy en día. Pero, ya se sabe, a veces al Comité Nobel le gusta premiar las fronteras de la heterodoxia y eso, a la ortodoxia, no le gusta. Yo siempre he sido partidario de escuchar las ideas minoritarias, porque la ciencia no es democracia: en ciencia, que la mayoría piense una cosa no quiere decir que sea verdad. A veces, personas como Copérnico o Darwin están solos contra todos y… acaban teniendo razón. Bienvenido sea, pues, el premio Nobel a la señora Ostrom, no porque sea una mujer, sino porque nos enseña una nueva manera de enfocar la tragedia del bien comunal.

XAVIER SALA I MARTÍN, Columbia University, UPF y Fundació Umbele.


|

Ideas que guían este blog

"El liberalismo económico es la zorra libre en el gallinero libre"

Rosa Luxemburgo

"Donde hay educación no hay distinción de clases"

Confucio

“El alojamiento es una necesidad humana prioritaria, como el alimento y el agua, y una condición esencial de la vida civilizada. Cuando se comprendan estas verdades, se reconocerá el problema de estar sin hogar como lo que verdaderamente es: una afrenta contra la dignidad humana y la denegación de un derecho humano básico.”

Lord Scarman

"Querer informarse sin esfuerzo es una ilusión que tiene que ver con el mito publicitario más que con la movilización cívica. Informarse cansa y a este precio el ciudadano adquiere el derecho de participar inteligentemente en la vida democrática"

Ignacio Ramonet.

"Al mismo tiempo que mejora la organización de los mercados de inversión, aumentan, sin embargo, los riesgos del predominio de la especulación. Los especuladores podrían no resultar perjudiciales si fueran como burbujas dentro de una corriente empresarial estable; lo grave se produce cuando es la empresa la que se convierte en una burbuja en medio del desorden especulativo".

"Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es probable que el trabajo se haya hecho mal".


J. M. Keynes. 1936

Copyright © 2009 Cuadernos keynesianos All rights reserved. Theme by Laptop Geek. | Bloggerized by FalconHive | Distributed by Blogger Templates | rb