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¿Necesitamos estímulos o reformas?

Hace un par de días, Guillermo de la Dehesa, uno de los mejores economistas de nuestro país, presentó su nuevo libro: La primera gran crisis del S. XXI (Alianza Editorial). La presentación tuvo el aliciente añadido de contar con la colaboración de cuatro ex-ministros de economía: Boyer, Solchaga, Rato y Solbes. [ver Expansión] [El País] [Cinco Días]
Alguno auguraba un crudo enfrentamiento entre ellos, pero no se produjo. Lo que sí vimos son las profundas diferencias que siguen marcando a socialdemócratas y liberales en cuanto a cómo atajar una crisis. Boyer, Solchaga y Solbes insistían en la necesidad de mantener los estímulos en estos momentos, algo en lo que Krugman estaría bastante de acuerdo. Proceder en estos delicados momentos a endurecer la política fiscal o la monetaria podría causar una fuerte recaída. Nos sobran ejemplos históricos de grandes meteduras de pata: uno de ellos es la retirada de estímulos en 1937 por parte de Roosevelt que recrudeció la crisis iniciada en 1929 tras la recuperación que comenzó en 1933 a raíz de la aplicación de medidas keynesianas. Otro ejemplo es la política contractiva de Japón en 1996, que ayudó a consolidar lo que ha venido a conocerse como la década perdida [ver más]. Solbes, no obstante avisa de algo que ya apunté yo hace algún tiempo en mi artículo La necesaria reforma fiscal: el gasto público debería realizarse con bastante más criterio que hasta ahora (pensemos en el PlanE). En el otro lado estaba Rato. Según él, los esfuerzos fiscales han sido ya muchos y no se pueden seguir sosteniendo, por lo que ahora tocan reformas estructurales. ¿Quién tiene razón, Rato o Solbes y compañía? Seguramente todos, aunque la cuestión es elegir sabiamente el orden. Posiblemente ahora lo más importante sea volver a la senda de la creación de empleo, y una vez en ella, acometer esas reformas. Os dejo para terminar con un artículo que ahonda en estas cuestiones. Es de Antón Costas, catedrático de Política Económica de la UB, y se publicó en El País Negocios el pasado 25 de octubre de 2009.

Cinco erres para mover la economía, por Antón Costas

Dice un refrán que "a perro flaco todo son pulgas". Algo así le ocurre a la economía española. Hasta hace un poco más de un año era un ejemplo a imitar, un "milagro económico". Crecía, creaba empleo, tenía estabilidad presupuestaria y de precios. Tenía algún defectillo congénito, como era su escasa productividad, pero en todo caso era una enfermedad asintomática que no impedía crecer. Pero una vez ha entrado en recesión, todo son males y defectos.


La crisis financiera y el fallo de los bancos en suministrar ese bien público que es el crédito (¿qué haríamos con las empresas eléctricas privadas si dejasen de suministrar el servicio público?) han traído el hambre de consumo e inversión. Ahora todo son parásitos, como el desempleo y la pobreza, y defectos estructurales. ¿Qué hacer? ¿Aprovechamos para reformarla, o primero remediamos la debilidad del sector privado con más gasto público, aunque para ello tengamos que endeudarnos?


Acogiéndose a lo de que "nunca se debe desaprovechar una buena crisis", algunos priorizan reformas profundas aun antes de que el enfermo se recupere. El riesgo es que haya que decir lo del cirujano cínico: "La intervención fue bien, pero el paciente murió". En sentido contrario, es sorprendente la cantidad de males y defectos que desaparecen con una buena alimentación.


Para hacer que la economía vuelva a funcionar va bien pensar en una estrategia con cinco R: rescate, recuperación, reconversión, reforma y reequilibrio.


La magnitud del desplome del valor de los activos inmobiliarios y el peso que las operaciones con esos activos tenían en el balance de los bancos amenazaron hundir el sistema financiero. La primera tarea tenía que ser, y sigue siendo, salir al rescate de los bancos, utilizando para ello el dinero de los contribuyentes y provocando déficit público. Los bancos son un bien público, pero los banqueros no. El hecho de que se utilicen recursos de los ciudadanos para remediar los desaguisados de directivos muy bien pagados que no se hacen responsables de sus fallos ha generado una justa indignación. Más allá de la crisis, ésta es una de las grandes cuestiones pendientes que nos deja esta crisis financiera.


La siguiente R es la recuperación de la actividad económica. Una economía de mercado no funciona si no existe consumo e inversión privada. Cuando desaparecen, como es el caso, hay que salir al rescate de la demanda. Eso genera más gasto público y, como con la crisis caen los ingresos por impuestos, también más déficit.


¿A qué damos prioridad a corto plazo, a la recuperación o al déficit? Imaginen a un piloto de una aerolínea con problemas que cuando el avión aún está despegando decide sacar potencia a los motores para ahorrar combustible. El desastre. El conflicto entre recuperación y déficit hay que resolverlo en el medio plazo.


La tercera R es la de la reconversión industrial y financiera. Una recesión no es sólo una simple caída temporal de la demanda. Al contrario, es como un vendaval que a la vez que se lleva por delante empresas y modelos de negocio obsoletos, libera energías acumuladas que hacen surgir nuevos negocios y empresas. Más de la mitad de las grandes empresas de la lista de Fortune nacieron durante una recesión. Esta "destrucción creadora" obliga a sectores y empresas a reestructurarse o desaparecer.


Eso es lo que ocurrió, como recordarán los menos jóvenes, en los años ochenta, cuando tuvimos que llevar a cabo una fortísima reconversión industrial. Lo mismo hay que hacer ahora con el sector de la construcción o el turístico, entre otros. Han de transformarse desde modelos de negocio que en muchos casos son aún artesanales en verdaderas industrias. Como dije aquí en otra ocasión, se trata de mejorar el "modelo" productivo, no de cambiarlo. Eso exige una profunda reforma empresarial, en la que los protagonistas son los empresarios y trabajadores. Pero el sector público ha de ayudar mediante planes que fomenten esa reconversión y la reforma. Planes que también generan déficit público.


La cuarta R es la de la reforma de las instituciones y reglas que rigen la conducta de los agentes económicos, pero también de los actores políticos. Pretender que todos nuestros problemas se arreglen reformando las formas de contratación laboral o las pensiones es un despropósito, reflejo en muchos casos de una cierta pereza intelectual. Los problemas con las instituciones y reglas van más allá del mercado laboral. Una reforma evidente es la de los mecanismos de retribución de altos directivos. Si no se contempla la reforma desde una perspectiva amplia, la percepción de injusticia y agravio bloqueará cualquier avance en este terreno.


La última R es la del reequilibrio de las cuentas públicas. Es de sentido común que no se puede vivir mucho tiempo con niveles elevados de déficit y deuda. El riesgo sería la "portugalización" o "italianización" de nuestra economía, en el sentido en que esos dos países se estancaron a inicios de esta década por su elevado déficit e incapacidad de transformarse. La clave está en que los déficits a corto plazo vayan acompañados de políticas de recuperación, reconversión y reforma creíbles. Y que el reequilibrio afecte tanto a los ingresos como a los gastos. De hecho, hay margen para hacer de los gastos un instrumento socialmente más equitativo y eficiente.


¿Cuál es la estrategia más adecuada para combinar esas cinco R? Los manuales no nos lo dicen. La respuesta pertenece al campo del "arte" de la política. Tiene mucho que ver con el "olfato clínico" de los políticos, con su intuición acerca de lo que en cada momento es socialmente aceptable. Y con su decisión para hacerlo.


Hace falta política. Buena política.


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1 Comments


Creo que todas las teorias en el papel son perfectas pero luego en la practica es otra cosa.

Siceramente y sin querer quedar como prepotente, creo en España hace falta un montón de reformas, desde la justicia, a la politica fiscal y la legislación laboral.

La sociedad cambian y alunas de estas leyes estan vigentes de tiempos pasados, y muy pasados.

Saludos.

Ideas que guían este blog

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"Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es probable que el trabajo se haya hecho mal".


J. M. Keynes. 1936

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