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Educación para la ciudadanía, nada que objetar.

Posted by Roberto on 14:56 in , ,
He escrito mucho en este blog sobre la artificial e interesada campaña en contra de Educación para la Ciudadanía. Desde sus contenidos nada sospechosos de querer infundir a los niños doctrina marxista o masónica [ver] hasta la justificación de su necesidad según la CEAPA [ver] y las lamentables actuaciones destinadas a boicotearla llevadas a cabo por la Consejería de Educación murciana [ver] o sus jefes de la iglesia católica [ver].

Por lo tanto no pienso repetirme en lo dicho. El Tribunal Supremo lo ha dejado bien claro: no hay nada que objetar. Si se sigue huyendo hacia adelante recurriendo en Estrasburgo en esta lamentable cruzada que no tiene otro objeto que desgastar al Gobierno de España con una materia que se imparte en media europa sin el más mínimo conflicto, harán sencillamente el ridículo. Espero ansioso.

Mención aparte merece la cobertura que El Mundo da a la noticia. ¿Qué novedad es esa de que se podrán recurrir los manuales? Desde que no es necesaria autorización previa del Ministerio de Educación para publicar los libros de texto, se puede recurrir cualquier manual que no se adapte al currículo establecido [ver el Real Decreto de currículo, páginas 39 a 43]. Desafío una vez más a los tenaces objetores a encontrar en la ley una sola prueba de las graves acusaciones que han vertido sobre la materia. Si han de pedir explicaciones a alguien, es a las editoriales. Por cierto, el PP ya está diciendo que en cuanto vuelva al poder se limpia la asignatura [ver]. Así es como se acatan las decisiones del Supremo en la casa popular. Visto el lamentable espectáculo que están ofreciendo en Madrid, deberían sin duda ponerse a estudiarla un poco.



Dejo para otro día comentar el bochornoso video del presuntamente reputado economista y bien reconocido falangista Juan Velarde hablando sobre economía y Educación para la Ciudadanía. Para quien quiera ir haciendo boca, ahí está el enlace.

Temas relacionados:

La "libertad de los padres"

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¡¡ Espionaje en el PP madrileño !!

Posted by Roberto on 11:43 in ,

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La última ocurrencia de Miguel Sebastián

Posted by Roberto on 10:51 in , , ,
En casi todas las facultades de economía del mundo, lo primero que suelen recomendar al alumno que entra por primera vez a una clase de Economía Internacional es que se vaya haciendo con el manual de igual nombre de los profesores Maurice Obsteld y Paul Krugman. En él, repasan las teorías mercantilistas y proteccionistas, a Smith y Ricardo, a Hecksher y Ohlin, las economías autárquicas, etc, y nadie pone en duda los beneficios que del libre comercio (del de verdad se entiende, no del comercio tramposo de la OMC) se derivan para todas las partes implicadas.

A nuestro ministro Miguel Sebastián, sin embargo, debieron convalidarle la asignatura en la Complutense, tiempo que parece ser que aprovechó para escuchar discursos de J. F. Kennedy:

"En momentos como éste no solo hay que preguntarse qué puede hacer tu país por ti,
sino también lo que tú puedes hacer por tu país"


Así que llevando esto al terreno de la economía, al señor Sebastián se le ha ocurrido que una ingeniosa forma de atajar la crisis es consumiendo productos españoles. [El País] [Público] [El Mundo] [Swissinfo]

Con la medida, dice el ministro, podemos salvar 120.000 puestos de trabajo con tan solo cambiar 150 € de nuestras cestas de consumo por productos made in spain. La cuestión es bien sencilla: "en vez de irnos a esquiar a los Alpes, vayamos a Sierra Nevada o el Pirineo".



Por los foros se ataca al ministro de querer volver a la autarquía franquista. Yo no seré tan severo: diría que Miguel Sebastián se quedó leyendo los manuales de historia económica por el siglo XVII, concretamente en el mercantilismo y en Sancho de Moncada, azote de la invasión de productos extranjeros.

No me ha aclarado el sr. Ministro si consumir productos españoles es comprar coches de Seat o ropa de Zara made in Indonesia. Tampoco si debo viajar en Iberia y llamar con Movistar. Al igual que con aquella tontuna de la campaña anticatalana que maquinó la rancia derecha española (y que perjudicó no solo a los productores de cava, sino también a los productores de corcho extremeños o vidrio aragonés), quizás nos estemos olvidando que en una economía globalizada, nuestras empresas usan ordenadores japoneses, software americano, patentes alemanas y maquinaria francesa. Tampoco me ha quedado claro si debemos consumir petróleo y gas español, ya que tan beligerante se muestra con la energía nuclear (es obvio que es mucho mejor comprarla a Francia).

Me pregunto si alguien ha pensado qué pasaría si al resto de países les diera por decir las mismas cosas. Que no se compre vino ni limones españoles, y que no venga nadie a veranear a nuestras costas... ya veríamos qué risa... ¿qué diríamos si se expresaran en tales términos los ministros de Francia o Reino Unido?

En definitiva, lo que tienen que hacer los empresarios españoles y nuestro gobierno no es llamar al aislacionismo, sino trabajar juntos para mejorar la competitividad de la industria española. Quien compra un producto de fuera lo hace porque aprecia en él una mejor relación calidad-precio o porque no se produce aquí. Vivo mucho mejor desde que compro productos chinos; China también desde que me los vende (incluso a pesar del dumping social). Cierto es que muchas empresas de ropa o calzado han tenido que echar las persianas en España, pero ¿qué empresas han sido? Sendra sigue exportando sus productos de primerísima calidad a todo el mundo. Mejorar o desaparecer, pero nunca pedirnos a las familias que paguemos la incompetencia de las empresas.

Los desastrosos efectos de intentar combatir una crisis como la actual con proteccionismo quedaron más que patentes en el periodo de entreguerras y de la Gran Depresión en la vieja Europa. Quizás don Miguel tampoco ha leído este capítulo de la historia.

Creo que empiezo a entender las depresiones del pobre señor Solbes, que sí sabe un rato de economía. Por mi parte, seguiré sin poderme ir a esquiar a los Alpes, ni a Sierra Nevada. Quien tenga aún ganas de leer más barbaridades de Sebastián, que pinche en este artículo de El País en donde dice que el IRPF no tiene poder redistributivo, por lo que alega la implantación de un tipo único en la renta. ¿No es más fácil reducir o eliminar las deducciones a los planes de pensiones o ampliar en vez de reducir el tipo marginal entre tramos si es aquí donde reside el problema?

Por cierto, en este mundo global, ¿quiénes somos nosotros y quiénes son los demás? Aquí dejo un interesante vídeo para la reflexión.




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Ombligos sin fronteras, por Amparo Estrada

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Luchar contra la depresión

Posted by Roberto on 14:37 in , , , , ,
Otro interesantísimo artículo de Krugman, tratando la conveniencia de la política monetaria y fiscal en un contexto de crisis como el actual y poniendo una vez más en evidencia a Milton Friedman, Robert Lucas y demás tramposos neocons de la escuela de Chicago. Muy recomendable.

Luchar contra la depresión, por Paul Krugman.

Publicado en El País el 11/01/2009


Si no actuamos con rapidez y audacia", declaraba el presidente electo Barack Obama en un reciente discurso semanal, "podríamos experimentar una recesión económica mucho más profunda, que podría provocar un desempleo superior al 10%". Si me preguntan a mí, diría que Obama estaba siendo muy suave.


El hecho es que las recientes cifras económicas son aterradoras, no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. La fabricación, en concreto, se está desplomando por doquier. Los bancos no prestan; las empresas y los consumidores no gastan. Las cosas como son, esto se parece mucho al principio de la segunda Gran Depresión.


¿Actuaremos con suficiente "rapidez y audacia" para evitar que eso ocurra? Pronto lo averiguaremos. Se suponía que no deberíamos hallarnos en esta situación. Durante muchos años la mayoría de los economistas creían que sería fácil evitar otra gran depresión. En 2003, Robert Lucas, de la Universidad de Chicago, en su discurso presidencial ante la Asociación Económica Estadounidense, declaraba que "el problema principal para prevenir la depresión se ha resuelto, a todos los efectos prácticos, y lleva de hecho muchas décadas resuelto".


Milton Friedman, en especial, convenció a muchos economistas de que la Reserva Federal pudo haber frenado en seco la Gran Depresión simplemente proporcionando a los bancos más liquidez, lo cual habría impedido una drástica caída de la oferta monetaria. Es bien sabido que Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal, se disculpó ante Friedman en nombre de su institución: "Tiene usted razón. Fue culpa nuestra. Lo sentimos mucho. Pero gracias a usted, no volveremos a hacerlo".


Resulta, sin embargo, que prevenir las depresiones no es tan fácil al fin y al cabo. Dirigida por Bernanke, la Reserva Federal está proporcionando liquidez igual que si fuera un equipo de bomberos tratando de apagar un fuego de gran magnitud, y la oferta monetaria ha crecido con rapidez. Pero el crédito sigue escaseando, y la economía continúa en caída libre.


La afirmación de Friedman de que la política monetaria podría haber evitado la Gran Depresión fue un intento de refutar el análisis de John Maynard Keynes, quien sostenía que, en situaciones de depresión, la política monetaria es ineficaz y que hace falta una política presupuestaria -gasto deficitario a gran escala por parte del Estado- para luchar contra el desempleo. El fracaso de la política monetaria en esta crisis demuestra que Keynes lo entendió a la primera. Y el pensamiento keynesiano está detrás de los planes de Obama para rescatar la economía.


Pero estos planes podrían resultar difíciles de vender. Los informes de prensa dicen que los demócratas esperan aprobar un plan con amplio apoyo de los dos partidos. Les deseo buena suerte.


Lo cierto es que la toma de posiciones políticas ya ha empezado, y los líderes republicanos están poniendo obstáculos a las leyes encaminadas a estimular la economía al tiempo que pretenden ser los adalides de una deliberación prudente en el Congreso, lo cual no deja de tener su gracia, teniendo en cuenta el comportamiento de su partido en los últimos ocho años.


Más en general, después de declarar durante décadas que el Estado es el problema, no la solución, por no mencionar las críticas a la economía keynesiana y al New Deal, casi ningún republicano va a reconocer la necesidad de aplicar a la crisis económica una solución de gasto a lo grande, al estilo Roosevelt.


Sin embargo, el mayor problema al que probablemente se enfrentará el plan de Obama es la exigencia de muchos políticos de que se demuestre que las ventajas del gasto público propuesto justifican sus costes, demostración que nunca se exige a propuestas de recortes tributarios.


Es un problema que Keynes conocía bien: regalar dinero, señalaba, tiende a recibirse con menos objeciones que los planes de inversión pública, "que, al no ser completamente despilfarradores, tienden a juzgarse de acuerdo con principios estrictamente 'empresariales". Lo que se pierde en dichos debates es el principal argumento a favor del estímulo económico, o sea, que en las actuales condiciones un aumento drástico del gasto público proporcionaría empleo a estadounidenses que de otro modo estarían en paro, y dinero que de otro modo se mantendría ocioso, y pondría a ambos a trabajar para producir algo útil.


Todo esto me hace temer por las perspectivas del plan de Obama. Estoy seguro de que el Congreso aprobará un plan de estímulo, pero me preocupa que el plan pueda retrasarse y/o rebajarse. Y Obama tiene razón: realmente necesitamos medidas rápidas y audaces.


Ésta es mi hipótesis de pesadilla: el Congreso tarda meses en ratificar un plan de estímulo, y la legislación que acaba aprobándose es demasiado cauta. Como consecuencia de ello, la economía se hunde durante la mayor parte de 2009, y cuando el plan empieza por fin a surtir efecto, lo hace sólo con fuerza suficiente para frenar la caída, no para detenerla. Mientras tanto, la deflación se instala, y empresas y consumidores empiezan a basar sus planes de gasto en la perspectiva de una economía permanentemente deprimida; y bien, uno puede ver en qué desemboca esto.


Por lo tanto, ésta es nuestra hora de la verdad. ¿Haremos realmente lo necesario para evitar la segunda Gran Depresión?


Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y Premio Nobel de Economía de 2008.Traducción de News Clips. © 2008 New York Times News Service.


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Propuestas económicas ¿alternativas?

Posted by Roberto on 15:07 in , , , ,
Hoy me ha llegado a mi correo este interesante vídeo sobre las propuestas económicas que presentan los altermundialistas al sistema económico neoliberal que gobierna las relaciones económicas globales y que tantas desigualdades y pobreza genera.



En el vídeo, como podemos ver, se presentan cinco propuestas:
  • 1. Crear un impuesto a las transacciones especulativas de capital.
  • 2. Prohibición de los paraísos fiscales.
  • 3. Control de los mercados, recuperación del protagonismo del sector público.
  • 4. Inversión pública para crear empleo y flexibilización del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (que limita el déficit público al 3% del PIB en la zona €uro)
  • 5. Creación de una Renta básica de ciudadanía: 600 € para todo ciudadano, independientemente de que dé o no palo al agua.
La pregunta que nos debemos hacer es: ¿son estas propuestas tan heterodoxas y transgresoras?

El problema, creo, es que estos planteamientos sigan considerándose heterodoxos a estas alturas de la vida, u opuestos a la ciencia económica, estando avalados por estos señores. Estas ideas bien deberían ser por tanto la norma que gobernara la economía globalizada, y lo raro que no se aplicasen.

A la vista de la marcha de la crisis y deriva de las tesis económicas neoliberales, creo que aplicando estas medidas no sólo ganaríamos en equidad, sino también en esa eficiencia que tanto parece preocupar a algunos macro y microeconomistas que se pasan la vida intentando modelizar la economía para obtener los resultados que de antemano han fijado a partir de un montón interesados e irreales postulados que más bien suenan a broma de mal gusto .

Mención aparte merece el tema de la Renta Básica de Ciudadanía, una medida muy bienintencionada pero opino que bastante torpe. Como este es un tema tan profundo como espinoso, me lo guardo para un próximo post.

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Los jóvenes murcianos destinan casi el 74% de su salario mensual a la compra de una vivienda

Posted by Roberto on 15:34 in ,
Un total de 3.850 jóvenes murcianos han a tenido que volver a casa de sus padres

MURCIA, 13 Ene 2008 (EUROPA PRESS)


Los jóvenes de la Región de Murcia tienen que destinar el 73,8 por ciento de su salario mensual a la compra de una vivienda, tal y como refleja el último boletín del Observatorio Joven de Vivienda del Consejo de la Juventud de España, correspondiente al segundo trimestre de 2008.


De esta forma, la Región de Murcia se sitúa 10,2 puntos por debajo de la media estatal, quedando por encima de Ceuta y Melilla, Asturias, Galicia, La Rioja, Castilla y León, Navarra, Castilla la Mancha y por último Extremadura, donde un joven destina el 49,30 por ciento de su salario neto mensual, según informaron fuentes del Consejo de la Juventud de la Región de Murcia en un comunicado de prensa.


Asimismo, el boletín refleja que el salario medio de un joven murciano, menor de 35 años, queda en 886 euros, 140 menos que la media estatal. Además, la mujer sigue estando "discriminada" en este sentido, ya que cobra de media 91 euros menos que un hombre haciendo el mismo trabajo.


En este sentido, el estudio advierte que los ingresos mínimos necesarios para adquirir una vivienda libre se alejan cada vez más del poder adquisitivo real de los jóvenes murcianos, teniendo que ingresar 30.504 euros al año, es decir, un 145,91 por ciento más del salario medio que percibe una persona joven.


A esto hay que añadir que con 46.119 jóvenes en paro, la tasa en la Región de Murcia es del 14,8 por ciento, un punto por encima de la media estatal.


Otro concepto que refleja el Observatorio Joven de Vivienda es la superficie máxima tolerable, ya que suponiendo que una persona joven pudiera adquirir una vivienda libre sin endeudarse por encima del 30 por ciento de su renta, esta vivienda no podría pasar de los 40,7 metros cuadrados construidos.


Por otra parte, y tras un período de crecimiento relativamente sostenido, la tasa de emancipación de la población joven en la Región de Murcia ha entrado en recesión.


Si se compara el primer y el segundo trimestre del 2008, 3.850 jóvenes murcianos han a tenido que volver a casa de sus padres, bajando en un trimestre un 1,1 por ciento, cuando la media estatal tiende a crecer aunque sea muy paulatinamente -ha aumentado un 0,36 por ciento-.


MEDIDAS

Ante esta situación, el Consejo de la Juventud de la Región de Murcia (CJRM) reivindica la puesta en marcha inmediata de políticas que hagan posible el derecho que tienen los jóvenes a emanciparse para poder tener una vida autónoma sin la dependencia económica de otros miembros de la familia.


Para ello, exigió un Plan de Emancipación Juvenil, elaborado desde el Instituto de la Juventud de la Región de Murcia, que tenga como objetivo adecuar los precios de la vivienda en compra y en alquiler al salario medio que perciban los y las jóvenes; así como proporcionar un número suficiente de viviendas asequibles para el nivel de ingresos de los y las jóvenes, de forma que en ningún caso el coste mensual suponga una cantidad superior al 30 por ciento de sus ingresos.


Igualmente, pidió que se garanticen un cupo de viviendas para jóvenes, potenciando la construcción de viviendas públicas protegidas en régimen de alquiler para la población con menos ingresos, adaptando éstas a las necesidades de la juventud; y establecer un porcentaje obligatorio de reserva de Vivienda de Protección Oficial para jóvenes en el suelo edificable.


Todo ello sin olvidar la promoción de ayudas directas a la juventud en la primera compra y rehabilitación de vivienda libre, allí donde no exista oferta pública suficiente, subvencionando total o parcialmente a jóvenes con escasos recursos económicos los gastos e impuestos derivados de la compraventa de vivienda habitual, siendo avalados por entidades públicas.


También solicitó modificar la legislación necesaria para garantizar una cuota de viviendas protegidas en edificios de viviendas libres; y poner en marcha las medidas necesarias para evitar que las viviendas de VPO pierdan el fin social por el que fueron concebidas y fomentar la política de la vivienda en alquiler dentro de las viviendas protegidas.


Estimular y apoyar fórmulas de organización de los y las jóvenes para la promoción de sus propias viviendas, bien sea en alquiler o en propiedad y elaborar un Censo de viviendas vacías, potenciando así su puesta en el mercado, son otras de las medidas que propuso.


Además de pedir la revisión de las Haciendas locales para evitar que se especule con el suelo; regular la normativa referente a la reserva del tres por ciento de las viviendas de protección oficial para todas las discapacidades; y desarrollar un modelo de ciudad accesible donde se eliminen barreras arquitectónicas y de comunicación.


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El retorno triunfante de John Maynard Keynes

Posted by Roberto on 11:33 in , , , , ,
Las inmobiliarias tanto americanas como españolas siguen en su particular cruzada de pedir dinero público a los estados para salir del atolladero en el que nos han metido [ver], pues como ya hemos comentado alguna vez, en tiempos de vacas flacas los neocons que hace no mucho renegaban del intervencionismo estatal gustan de socializar pérdidas.

En este artículo, el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz nos alerta además de que las rebajas impositivas no son adecuadas para combatir la actual coyuntura (atento, don Mariano), pues los excedentes se destinarían parcialmente al ahorro, saliendo del flujo circular de la renta y no contribuyendo por tanto a impulsar el crecimiento. Hace ya muchos años, Keynes se dio cuenta de esto: el gasto directo por parte del Estado tiene un mayor efecto multiplicador que la misma cantidad de dinero puesta en manos del contribuyente. Es el momento pues de fomentar la inversión (que no gasto) en infraestructuras, educación y políticas redistributivas, que no solo no suponen una carga para las generaciones venideras, como afirma la derecha cavernaria española en contra de lo que se está haciendo en todo el mundo (pasando por Sarkozy, Merkel...) sino que supone, por el contrario, un estímulo al crecimiento futuro.

Finalmente, Stiglitz alerta de que las medidas de estímulo keynesianas lleguen a ser utilizadas, precisamente, para favorecer los intereses de los neoliberales que con tanta ferocidad las han atacado. Tras el artículo, os adjunto una entrevista en la que critica con dureza a todos aquellos que quieren aprovechar la actual crisis para recortar los programas de protección social.

El retorno triunfante de John Maynard Keynes, por Joseph Stiglitz

Publicado en El País el 11 de enero de 2009

Ahora somos todos keynesianos. Incluso la derecha en Estados Unidos se sumó al bando keynesiano con un entusiasmo desenfrenado y en una escala que, en algún momento, habría sido verdaderamente inimaginable.

Para quienes nos adjudicábamos alguna conexión con la tradición keynesiana, éste es un momento de triunfo, después de que nos dejaran en el desierto, prácticamente ignorados, durante más de tres décadas. En un nivel, lo que está sucediendo ahora es un triunfo de la razón y la evidencia sobre la ideología y los intereses.

La teoría económica se había dedicado a explicar durante mucho tiempo por qué los mercados sin obstáculos no se autocorregían, por qué se necesitaba regulación, por qué era importante el papel que jugaba el Gobierno en la economía. Pero muchos, especialmente la gente que trabaja en los mercados financieros, presionaban por una suerte de fundamentalismo de mercado. Las políticas erróneas resultantes -impulsadas, entre otros, por algunos miembros del equipo económico del presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama- ya antes habían infligido enormes costos a los países en desarrollo. La luz se hizo justo cuando esas políticas empezaron a generar costos en Estados Unidos y otros países industriales avanzados.

Keynes sostenía no sólo que los mercados no se autocorregían, sino que, en una crisis pronunciada, la política monetaria probablemente resultara ineficiente. Se necesitaba una política fiscal.

Pero no todas las políticas fiscales son equivalentes. En Estados Unidos hoy, con una montaña de deuda inmobiliaria y un alto nivel de incertidumbre, los recortes impositivos probablemente resulten ineficientes (como lo fueron en Japón en los años 1990). Gran parte, si no la mayor parte, del recorte tributario norteamericano del pasado mes de febrero fue destinado al ahorro.

Con la enorme deuda que deja atrás la Administración de Bush, Estados Unidos debería estar especialmente motivado para obtener el mayor estímulo posible de cada dólar invertido. El legado de subinversión en tecnología e infraestructuras, especialmente del tipo verde, y la creciente brecha entre los ricos y los pobres requieren una congruencia entre el gasto a corto plazo y una visión a largo plazo.

Eso exige la reestructuración de los programas tanto tributario como de gasto. Bajarles los impuestos a los pobres y aumentar los beneficios de desempleo al mismo tiempo que se aumentan los impuestos a los ricos puede estimular la economía, reducir el déficit y disminuir la desigualdad. Reducir el gasto en la guerra de Irak y aumentar el gasto en educación puede incrementar la producción en el corto y largo plazo y, al mismo tiempo, reducir el déficit.

A Keynes le preocupaba la trampa de la liquidez -la incapacidad de las autoridades monetarias para inducir un incremento en la oferta de crédito a fin de aumentar el nivel de actividad económica-. El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, hizo un esfuerzo por evitar que se culpara a la Fed de agravar esta crisis de la misma manera que se la responsabilizó por la gran depresión, asociada con una contracción de la oferta monetaria y el colapso de los bancos.

Y aun así deberíamos leer la historia y la teoría con cuidado: preservar las instituciones financieras no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar un fin. Lo importante es el flujo de crédito y la razón por la cual el fracaso de los bancos durante la gran depresión fue importante es que participaban en la determinación de la capacidad crediticia; eran los depositarios de información necesaria para el mantenimiento del flujo de crédito.

Sin embargo, el sistema financiero de Estados Unidos cambió drásticamente desde los años treinta. Muchos de los grandes bancos salieron del negocio del préstamo y se metieron en el "negocio con movimiento". Se centraron en comprar activos, reempaquetarlos y venderlos, al mismo tiempo que marcaron un récord de incompetencia a la hora de evaluar el riesgo y analizar la capacidad crediticia. Se invirtieron cientos de miles de millones de dólares para preservar estas instituciones disfuncionales. Ni siquiera se hizo nada para reencauzar sus estructuras perversas de incentivos, que alentaban el comportamiento cortoplacista y la toma de riesgos excesiva. Con recompensas privadas tan marcadamente diferentes de los retornos sociales, no sorprende que la búsqueda del interés personal (codicia) condujera a consecuencias tan destructivas desde un punto de vista social. Ni siquiera velaron por los intereses de sus propios accionistas.

Mientras tanto, es muy poco lo que se está haciendo para ayudar a los bancos que efectivamente hacen lo que se supone que deben hacer los bancos: prestar dinero y evaluar la capacidad crediticia.

El Gobierno federal asumió miles de millones de dólares en pasivos y riesgos. Al rescatar al sistema financiero, tanto como en política fiscal, necesitamos preocuparnos por el "retorno de la inversión". De lo contrario, el déficit -que se duplicó en ocho años- aumentará aún más.

En septiembre se decía que el Gobierno recuperaría su dinero con intereses. A medida que se incrementó el rescate, cada vez resulta más evidente que éste era simplemente otro ejemplo más de una mala apreciación del riesgo por parte de los mercados financieros, como vienen haciendo consistentemente en los últimos años. Los términos de los rescates de Bernanke y Paulson eran desventajosos para los contribuyentes y, aun así, a pesar de su volumen, hicieron poco para reactivar el préstamo.

La presión neoliberal para una desregulación también satisfacía algunos intereses. A los mercados financieros les fue bien a través de la liberalización del mercado de capitales. Permitir a Estados Unidos vender sus productos financieros riesgosos y participar en una especulación en todo el mundo puede haber beneficiado a sus compañías, aunque esto les impusiera grandes costos a otros.

Hoy, el riesgo es que se utilice y se abuse de las nuevas doctrinas keynesianas para satisfacer algunos de estos mismos intereses. ¿Acaso quienes presionaron por la desregulación hace 10 años aprendieron la lección? ¿O simplemente querrán imponer reformas cosméticas: el mínimo requerido para justificar los rescates de megabillones de dólares? ¿Hubo un cambio de parecer o solamente un cambio de estrategia? Después de todo, en el contexto de hoy, perseguir políticas keynesianas parece incluso más rentable que ir detrás del fundamentalismo de mercado.

Hace 10 años, en el momento de la crisis financiera asiática, se discutió mucho sobre la necesidad de reformar la arquitectura financiera global. Poco se hizo. Es imperativo que no sólo respondamos adecuadamente a la crisis actual, sino que emprendamos reformas a largo plazo que serán necesarias si queremos crear una economía global más estable, más próspera y equitativa.

Joseph E. Stiglitz es profesor de Economía en la Universidad de Columbia y ganador del Premio Nobel de Economía en 2001. © Project Syndicate, 2008. www.project-syndicate.org. Traducción de Claudia Martínez.





Entrevista a Stiglitz en el blog de Beppe Grillo


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Capitalismo y confianza, por Gabriel Jackson

Posted by Roberto on 16:53 in , , ,
Hoy me he encontrado este artículo de Gabriel Jackson en la Tribuna de El País , cuya temática es muy similar a la de mi último artículo "El fénix y la nueva esperanza", por lo que he estimado interesante reproducirla aquí.

"Capitalismo y confianza", por Gabriel Jackson. Publicado en
El País el 4 de enero de 2008.

Confieso que de adolescente tenía sentimientos muy encontrados respecto al sistema capitalista. Soñaba con profesiones como la de profesor de humanidades o músico de orquesta, que nunca me reportarían un puesto en la Bolsa, y mientras recorría las calles de Nueva York veía a hombres-anuncio de unos diez años más que yo que, proclamando que eran "Doctor en Física por el Instituto de Tecnología de Massachusetts" o "Doctor en Economía por Harvard", vendían manzanas. Pero también tenía un tío que, sin haber estudiado en la universidad, se había montado una buena papelería, se había comprado una bonita casa estucada en las afueras y, a lo largo del tiempo, más que perder había ganado en sus inversiones en Bolsa.

Para complicar un poco más mis sentimientos, yo admiraba mucho a los grupos de jóvenes comunistas que ayudaban a las familias a volver a los pisos de los que la policía acababa de des-alojarlas por no pagar el alquiler. Sin embargo, la razón principal de que no me hiciera comunista fue la repugnancia que en agosto de 1936 me causó el juicio por "traición" contra los "viejos bolcheviques", que después de "confesar" que habían conspirado para matar a Stalin, fueron ejecutados por orden de éste.


Durante toda mi vida adulta nunca he estudiado economía de manera sistemática, pero, como historiador de la Europa contemporánea, y por razones tanto profesionales como personales, sí que seguí atentamente la competencia político-económica entre el capitalismo democrático occidental y el comunismo de cuño soviético.


Durante la grave depresión de la década de 1930, pareció bastante posible que el comunismo, gracias a su centralización económica, supuestamente racional, pudiera realmente tener más éxito que el capitalismo. Sin embargo, desde finales de los cuarenta hasta la deliberada disolución del imperio soviético, entre 1989-1991, fue quedando cada vez más claro que una economía capitalista democrática, descentralizada y de mercados relativamente libres era bastante más productiva y proporcionaba mucha más calidad de vida que el modelo comunista soviético.


Al mismo tiempo, también era cierto que el mundo capitalista, debido a la Gran Depresión de los años treinta y también a la existencia del mundo soviético como modelo alternativo, había desarrollado el "Estado del bienestar", para que sus clases trabajadoras, tanto industriales como del sector terciario, no cayeran en la tentación de optar por la seguridad económica, la asistencia sanitaria universal y la ausencia de desempleo que aparentemente proporcionaban los regímenes comunistas.


La desaparición del comunismo soviético y europeo-oriental, junto a la transformación simultánea de la China comunista, que pasó de una fracasada utopía maoísta a una exitosa combinación de economía capitalista y control autoritario de la política y la cultura, han liberado a los conservadores occidentales (sobre todo en los países anglosajones) de la inquietud que suscitaba una posible alternativa al capitalismo de libre mercado.


En general, las ventajas sociales y culturales del Estado del bienestar fueron aumentando y consolidándose paulatinamente desde finales de la década de 1940 hasta la de 1980. Sin embargo, al desaparecer el rival económico que representaba el comunismo y con el desarrollo industrial de gran parte de Asia y de Latinoamérica, el proceso de globalización que, dominado por el capitalismo, se inició en los años ochenta, comenzó a reducir las ventajas del Estado del bienestar.


Ahora, en medio de las alarmantes experiencias de nuestro siglo XXI: empezando con los escándalos contables de Enron y Arthur Andersen, y siguiendo a ritmo acelerado con las hipotecas basura, las bonificaciones de cien millones de dólares para altos cargos cuyas empresas poco después perdían la mitad o más de su valor en Bolsa, y las diversas bancarrotas y rescates con dinero público de bancos y sectores industriales supuestamente de primera fila, he tratado realmente de instruirme en las necesidades y fallos de la economía actual.


Si simplificamos un poco, pero no mucho, el lubricante fundamental que precisa cualquier transacción con efectos negociables, tarjetas de crédito, valores, obligaciones, depósitos derivados o titularizaciones es la confianza de todos los implicados en la operación.


En el caso de los productos de escritorio de mi tío, la confianza dependía simplemente de su patente calidad y de que sus precios y métodos de facturación fueran justos y fiables. Pero en un ambiente empresarial complejo, centrado en materias primas diversas y caras, y en propiedades inmobiliarias también costosas, que precisan de varios niveles de licencias públicas, y del servicio de abogados, ingenieros e investigadores científicos especializados, los procesos deben conllevar una confianza total en la integridad de las personas. No pueden quedar en manos de vendedores zalameros o de corredores formados en universidades de élite, que recuerdo que en los años ochenta predicaban: "La codicia es buena".


Quienes arriesgan su capital merecen obtener un porcentaje mayor de beneficios que el que obtendrían invirtiendo en bonos del Tesoro garantizados, pero el conjunto del sector financiero debe regularse para que la codicia, el error y el engaño humanos no conduzcan una y otra vez a crisis como la de los años treinta y la actual. Y lo que recuerdo que viví de muchacho, y lo que ahora veo reproducirse, es que la pérdida de confianza paraliza a todo el mundo, y hace que nadie se gaste un céntimo, salvo que sea para cubrir las necesidades cotidianas.


Durante el New Deal estadounidense de Franklin Roosevelt, en las sociedades socialdemócratas desarrolladas de Escandinavia, y en los Estados de bienestar de Europa Occidental posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se daba por entendido que cualquier institución que gestionara grandes cantidades de dinero tenía que estar regulada por funcionarios responsables.


También se daba por hecho que para que el flujo de dinero sirviera para incrementar la prosperidad del conjunto de la sociedad, la gente debía tener un salario decente y poder opinar sobre sus condiciones laborales, y también contar con una asistencia sanitaria y una pensión de jubilación que le dieran confianza a la hora de gastar su dinero. En términos económicos, las décadas que median entre 1950 y 1980 fueron las mejores de la historia para los habitantes del entorno capitalista democrático. Pero el presidente Ronald Reagan, Margaret Thatcher y, en general, los teóricos del conservadurismo económico, comenzaron a postular que "el Gobierno es el problema, no la solución", y que la regulación de los bancos y los mercados de valores obstaculizaba el creativo desarrollo económico.


La existencia de bastantes ine-ficiencias y errores en los servicios públicos concedió cierta verosimilitud a esas ideas, y los fallos de la regulación se agudizaron, por el sencillo expediente de nombrar a reguladores que no creían realmente en las normas que supuestamente debían hacer cumplir.


A mis 88 años, mis deseos para el Año Nuevo son que la gente ambiciosa y enérgica limite su apetito de pura y simple riqueza, y que todos los Gobiernos democráticos, de derecha, centro o izquierda, reconozcan que la prosperidad económica depende absolutamente de la confianza, y que ésta depende de virtudes tan anticuadas como la honestidad y la moderación.


Gabriel Jackson es historiador estadounidense. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.


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La felicidad en un mundo hecho trizas

Por Timothy Garton Ash. Publicado en El País el 4 de enero de 2007

¿Feliz año nuevo? Están de broma. El año 2009 empezará con un gemido y luego irá a peor. Millones de personas han perdido ya su trabajo en todo el mundo por la primera verdadera crisis globalizada del capitalismo. Decenas de millones más lo perderán pronto. Los que tengamos la suerte de seguir trabajando nos sentiremos más pobres e inseguros. Para celebrar su Premio Nobel de Economía, Paul Krugman nos anuncia meses de "infierno económico". Gracias, Paul, y feliz año nuevo para ti también.


Los problemas económicos exacerbarán las tensiones políticas. Pero los rumores de la muerte del capitalismo son exagerados. No creo que 2009 sea para el capitalismo lo que 1989 fue para el comunismo. Quizá el 1 de enero de 2010 me tenga que tragar mis palabras. La predicción es un juego de idiotas (en el almanaque de predicciones de The Economist, The World in 2009, el director tiene una pequeña columna muy divertida titulada "A propósito de 2008: Perdón").


Sin embargo, ahora que empieza este año, no veo ningún competidor estructural en el horizonte, como había -o parecía haber- en los tiempos del comunismo soviético antes de 1989. El modelo de socialismo de Hugo Chávez depende de que los capitalistas compren su petróleo, y, si alguien está pensando en el modelo norcoreano, necesita que le vea un médico.


No obstante, si las ideas sobre el tipo de capitalismo de libre mercado -a veces llamado "neoliberal"- que parece haber triunfado desde 1989 no se reexaminan en este vigésimo aniversario, es que algo funciona muy mal. En primer lugar, como es evidente, está el equilibrio entre Estado y mercado, público y privado, la mano visible y la invisible. Ya antes de la crisis del pasado mes de septiembre, Barack Obama estaba tratando de orientar a sus compatriotas hacia la idea de que la intervención del Gobierno no siempre es una cosa mala. Los meses sucesivos han visto un giro espectacular hacia la atribución de un papel mayor al Estado, normalmente a base de medidas de desesperada improvisación gubernamental (como en el Londres de Gordon Brown), con la legitimación ideológica del keynesianismo, y a veces (como en el Washington de George Bush) como desesperacionismo puro y simple.


Hasta qué punto ese giro es temporal y cuánto resistirá es algo que no podremos saber este año. Aunque la tendencia actual es mayoritariamente a reforzar la mano visible del Gobierno, quizá no llegue hasta el fondo. Un importante reformista económico chino me dijo hace poco que la crisis financiera asiática de hace diez años sirvió de catalizador de más reformas hacia el mercado en la economía de su país, y es posible que con ésta ocurra lo mismo.


Si no se equivoca, podríamos incluso imaginar una especie de convergencia mundial en una variedad de economía social de mercado al estilo europeo, a la que Estados Unidos y China se aproximarían desde extremos distintos. Pero es importante subrayar las palabras "una variedad de". Dentro de la propia Europa, existen enormes variaciones en la mezcla de Estado y mercado y en la forma de organizar dicha mezcla. Lo que sirve para un pequeño país del norte puede no servir para uno grande del sur. No existe una fórmula universal. Lo que importa es qué es útil para cada uno.


Una segunda revisión que hay que hacer en 2009 es qué hace falta para tener un crecimiento sostenible, verde, de bajas emisiones de carbono, con el fin de evitar el inminente punto de no retorno en el calentamiento global. Hay que discutir cuánto y qué tipo de crecimiento. Una vez más, Obama está tratando de descubrir las posibilidades creadas por la crisis y orientando parte de sus estímulos fiscales keynesianos hacia la inversión en energías alternativas. Sin embargo, en conjunto, éste parece un mal año para la lucha contra el calentamiento.


Para avanzar hacia una economía sostenible y de bajas emisiones es necesario que las empresas y los gobiernos paguen los costes inmediatos de unos beneficios a largo plazo. Cuando las empresas y los gobiernos se encuentran contra las cuerdas, suelen hacer lo contrario.


Seguramente, lo máximo a lo que podemos aspirar es a que nuestros dirigentes eviten el nacionalismo económico de los años treinta, con su sálvese quien pueda. Para ello habrá que modificar lo que esperan de ellos los votantes y los accionistas. Mientras nosotros, el pueblo, nos guiemos en nuestras decisiones financieras y políticas por el beneficio económico a corto y medio plazo, no podremos culpar a nuestros líderes que intenten darnos lo que les pedimos.


Una tercera toma de conciencia fundamental, pues, es la que debemos hacer al revisar las pautas por las que nos guiamos. ¿Cuánto más dinero, cuántas más cosas necesitamos? ¿Es lo mismo tener suficiente que tener demasiado? (No, dicen los anunciantes al unísono). ¿Podríamos arreglárnoslas con menos? ¿Qué es lo verdaderamente importante para usted? ¿Qué contribuye más a su felicidad individual?


Lo crean o no, existe ya todo un subcampo académico de estudios sobre la felicidad. El economista Richard Layard ha escrito un interesante libro llamado Happiness: Lessons from a New Science (Felicidad: lecciones de una nueva ciencia). ¿Es a lo que se refería Nietzsche al hablar de la gaya ciencia? Un estudioso holandés, Ruut Veenhoven, ha creado una base de datos mundial de la felicidad, con clasificaciones nacionales. Sus resultados aparecieron en una página web de California bajo el título "Canadá derrota a Estados Unidos en el índice mundial de la felicidad". Por lo visto, ha aparecido otra clasificación, con un "mapa mundial de la felicidad", en la Universidad británica de Leicester. Dinamarca ocupa el primer puesto en ambas. Existe incluso una publicación, el Journal of Happiness Studies (el editor debe de reírse mucho cuando va al banco). Se piense lo que se piense sobre el valor real de este tema -perdón, ciencia-, pueden pasar un buen rato si buscan páginas sobre ello en Internet y tratan de averiguar cuánto es inventado.


Pero, en serio, estas decisiones dependen, en parte, de los ciudadanos de clase media en los países ricos. Es evidente que el planeta no puede sostener a 6.700 millones de personas que vivan como lo hace la clase media actual en Norteamérica y Europa occidental, ni mucho menos los 9.000 millones previstos para mediados de siglo. O excluimos a una gran parte de la humanidad de los beneficios de la prosperidad, o nuestra forma de vida tiene que cambiar.


El lema con el que casi todos nuestros líderes políticos y económicos comienzan 2009 es "recuperar el crecimiento económico, cueste lo que cueste". Como la tripulación de un velero en una tormenta, sólo quieren mantenerlo a flote y avanzar en alguna dirección, la que sea. Sin embargo, incluso cuando estemos en lo peor de la tormenta, que todavía no ha llegado, debemos mirar con atención el rumbo que estamos emprendiendo.


Para eso son necesarios líderes de primera categoría, pero también unos ciudadanos que exijan unos líderes así. ¿Me alegraría personalmente de tener que hacer los cambios de modo de vida que serían necesarios? Casi seguro que no. Pero, al menos, me gustaría saber cuáles serían.


Timothy Garton Ash es catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford y profesor titular de la Hoover Institution en la Universidad de Stanford . Su último libro es Free World. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. www.timothygartonash.com.


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"Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es probable que el trabajo se haya hecho mal".


J. M. Keynes. 1936

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