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La culpa la tiene Reagan, por Paul Krugman

Posted by Roberto on 3:46 in , , ,
Hace tiempo que no reproduzco en este blog ningún artículo del profesor Krugman. El de esta semana es muy ilustrativo, pues lejos de los análisis más superficiales sobre la situación actual que inundan periódicos y blogs, va a la esencia del problema: el giro en los años 80 hacia las políticas ultraliberales de Reagan o Thatcher, que nos han condenado a repetir la historia de los años 30. Es por otra parte muy curioso que los economistas liberales, aparentemente tan celosos de mantener el equilibrio presupuestario y no incurrir en déficits han sido precisamente los gurús intelectuales en las épocas en las que más se ha disparado la deuda pública en EEUU (gobiernos republicanos de Reagan y G.W.Bush). Cuando el aumento del déficit viene no por el aumento del gasto sino por la reducción de impuestos a las clases más pudientes, se ve sin duda con ojos más indulgentes por parte de estos señores.
Al final os dejo otro interesante artículo del catedrático de política económica Antón Costas ahondando en el mismo tema. Espero que os guste.


La culpa la tiene Reagan, por Paul Krugman
Publicado en El País negocios el 28/06/09

Esta ley es la más importante de los últimos 50 años para las instituciones financieras. Proporciona una solución a largo plazo a las instituciones de ahorro con problemas.

En general, pienso que nos ha tocado el gordo". Esto es lo que declaró Ronald Reagan en 1982, cuando firmó la Ley Garn-St. Germain para Entidades de Ahorro.


Resulta que se equivocó en lo de que se habían resuelto los problemas de las entidades de ahorro. Por el contrario, la ley convirtió los modestos problemas de las cajas de ahorro en una catástrofe en toda regla. Pero tenía razón respecto a la importancia de la legislación. Y en cuanto al gordo, bueno, llegó por fin más de 25 años después, convertido en la peor crisis económica desde la Gran Depresión.


Porque cuanto más se buscan los orígenes del desastre actual, más claro queda que el principal giro equivocado -el que hizo que la crisis fuera inevitable- se dio a principios de la década de 1980, en los años de Reagan.

Los ataques a la reaganomía se centran por lo general en la creciente desigualdad y en la irresponsabilidad fiscal. De hecho, Reagan dio comienzo a una era en la que una pequeña minoría se enriqueció enormemente, mientras que las familias trabajadoras sólo experimentaron una exigua mejora. También rompió con las antiguas normas de prudencia fiscal.


Respecto a esto último: tradicionalmente, el Gobierno estadounidense sólo ha incurrido en un déficit presupuestario significativo en tiempos de guerra o de emergencia económica. La deuda federal como porcentaje del PIB no paró de caer desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 1980. Pero el endeudamiento empezó a aumentar con Reagan, volvió a caer en los años de Clinton y reanudó su ascenso durante el Gobierno de Bush, dejándonos mal preparados para la emergencia que ahora tenemos encima.


Sin embargo, el aumento de la deuda pública fue pequeño en comparación con el incremento de la deuda privada, posibilitado por la liberalización financiera. El cambio de las normas financieras estadounidenses fue el mayor legado de Reagan. Y es el regalo que sigue vigente.


La consecuencia inmediata de la Ley Garn-St. Germain fue, como he dicho, convertir el problema de las entidades de ahorro en una catástrofe. La crisis de las cajas de ahorro se ha eliminado de la hagiografía de Reagan, pero el hecho es que la liberalización dio al sector -cuyos depósitos tenían garantía federal- licencia para apostar con el dinero de los contribuyentes, en el mejor de los casos, o simplemente para expoliarlo, en el peor. Cuando el Gobierno cerró los libros contables sobre el asunto, los ciudadanos habían perdido 130.000 millones de dólares, y por entonces ésa era una cantidad enorme de dinero.


Pero están además las consecuencias a largo plazo. Los cambios legislativos de la era de Reagan básicamente pusieron fin a las restricciones del préstamo hipotecario establecidas durante el New Deal; unas restricciones que, en concreto, limitaban la capacidad de las familias para comprar viviendas sin adelantar una cantidad importante de dinero.


Estas restricciones las impusieron en la década de 1930 unos líderes políticos que acababan de experimentar una terrible crisis financiera e intentaban impedir otra. Pero en 1980, los recuerdos de la Depresión se habían esfumado. El Gobierno, declaró Reagan, es el problema, no la solución; hay que dar rienda suelta a la magia del mercado. Y así se eliminaron las normas de precaución.


Esto, unido a unos criterios de préstamo más flexibles para otros tipos de créditos al consumo, provocó un cambio radical en el comportamiento estadounidense. No siempre hemos sido una nación de grandes deudas y pocos ahorros; en la década de 1970, los estadounidenses ahorraban casi el 10% de sus ingresos, algo más que en la década de 1960. Fue después de la liberalización de Reagan cuando el ahorro empezó a desaparecer del modo de vida estadounidense, culminando con la tasa de ahorro nula que predominaba en vísperas de la gran crisis. La deuda de las familias alcanzaba sólo el 60% de la renta cuando Reagan asumió la presidencia, aproximadamente igual que durante el Gobierno de Kennedy. En 2007 había aumentado hasta un 119%.


Todo esto, se nos aseguraba, era bueno: es verdad que los estadounidenses acumulaban deudas y no ahorraban nada de su renta, pero sus finanzas parecían ir bien si teníamos en cuenta la subida de valor de sus viviendas y de sus carteras bursátiles. Vaya.


Las causas inmediatas de la crisis económica actual se encuentran sin lugar a dudas en acontecimientos que se produjeron mucho después de que Reagan dejase el poder: en la abundancia mundial de ahorros creada por el superávit en China y en otros países, y en la gigantesca burbuja inmobiliaria que esa abundancia de ahorros ayudó a inflar.


Pero fue la explosión del endeudamiento a lo largo del cuarto de siglo anterior lo que hizo que la economía estadounidense se volviera tan vulnerable. Muchos de los que habían pedido préstamos que estaban por encima de sus límites tenían a la fuerza que dejar de pagarlos cuando la burbuja se pinchó y el desempleo empezó a aumentar.


Esta morosidad provocó a su vez caos en un sistema financiero que -también gracias a la liberalización de Reagan- había asumido demasiados riesgos con demasiado poco capital.


En los tiempos que corren, se puede echar la culpa a muchos. Pero los principales causantes del caos en el que nos encontramos fueron Reagan y su círculo de asesores, hombres que olvidaron las lecciones de la última gran crisis financiera de Estados Unidos, y condenaron al resto de nosotros a repetirla.


Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de Economía en 2008. © 2009 New York Times Service. Traducción de News Clips.


También muy interesante:
Paisaje después de la batalla, por Antón Costas

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Los nietos de Keynes, por Gonzalo Pontón

Posted by Roberto on 0:14 in , , ,
La "verdadera interpretación de los hechos" de estos mandarines de la economía [los macroeconomistas neoclásicos] es que lo que ha pasado "era imposible que sucediera". Ácido artículo en el que Pontón pega un repaso a gurús de la desregulación y ayatolás de las "expectativas racionales". Interesante toque de atención sobre cuál debe ser el papel del economista como científico social.

Publicado por GONZALO PONTÓN en El País el 08/06/2009

La depresión mundial reinante, la enorme anomalía del desempleo en un mundo lleno de necesidades, los desastrosos errores cometidos... nos ciegan para ver lo que está sucediendo bajo la superficie y nos impiden alcanzar la verdadera interpretación de los hechos". No, la cita no es de Paul Krugman, ni tampoco de Joe Stiglitz, ni se refiere a la neoplasia que padece ahora la economía global. Quien así se expresa es Keynes, en una conferencia pronunciada en Madrid en junio de 1930 titulada Las posibilidades económicas de nuestros nietos.


Pues bien, ahora los nietos de Keynes ya saben cuáles son esas posibilidades: más de lo mismo. Tras centenares, miles, de artículos y bastantes libros sobre la actual crisis económica, parece haber un consenso general sobre la sintomatología de la enfermedad: estenosis aguda de los mercados financieros, severa arritmia de los equilibrios globales, trombosis en las vías arteriales del dinero por la toxicidad de la deuda, colapso del empleo y metástasis generalizada.


No hay, en cambio, unanimidad sobre la patogenia: unos dicen que las tercianas del ciclo económico no habían sido erradicadas, otros, que las "expectativas económicas racionales" han sufrido un ictus, otros, aun, apuntan a una inmunodeficiencia adquirida del mercado.


Y mucho menos hay consenso sobre la terapéutica: antitérmicos para los tipos de interés o hipotensores para los impuestos, transfusiones de dinero directamente en vena o por vía parenteral, vitamina B12 para la demanda agregada o prozac para estimular la serotonina del consumidor...


Pero, desde luego, lo que no se ha visto es una asunción pública de responsabilidades por parte de los facultativos de guardia, que no advirtieron las primeras manifestaciones del desorden celular, ni de los internistas, que causaron daños yatrogénicos, ni de los especialistas, que favorecieron los intereses de la dirección del centro.


Los filósofos morales nos han mostrado el camino hacia la "vida buena" sin ocultar los males del recorrido. En términos económicos, se trataría de pasar del estadio de la necesidad al estadio de la "estabilización" (Keynes), o del estadio de la desigualdad al estadio del "comunismo" (Marx). Para llegar a puerto habría que sufrir una transición en la que se perderían libertades individuales: según Keynes, durante la etapa capitalista; según Marx, durante la dictadura del proletariado.


Ahora ya sabemos, por experiencia histórica, que la "dictadura del proletariado" nunca se produjo, pero sí la pérdida casi absoluta de las libertades individuales a manos de los dirigentes, burócratas y aparatchikis del régimen soviético.Dado el estadio evolutivo de la especie humana en que nos encontramos, parece que no estamos en condiciones de concebir otra transición posible hacia la "vida buena" que el capitalismo. Sea, pero no aceptemos que sus dirigentes, sus burócratas y sus aparatchikis impidan o prostituyan el estadio de transición. Me estoy refiriendo a los macroeconomistas, sobre todo a los de la escuela neoclásica, que son los que tienen más poder en los gobiernos, los bancos centrales, las entidades de crédito, los mercados de valores o las agencias de calificación del riesgo.


La "verdadera interpretación de los hechos" de estos mandarines de la economía es que lo que ha pasado "era imposible que sucediera". ¿Por qué? Por dos razones fundamentales: primera, porque el mercado es eficiente, se autorregula y, más pronto o más tarde, corrige sus fallos; segunda, porque es imposible que los mercados financieros valoren mal los activos, y por eso apenas requieren regulación. No crean que éstos son postulados exclusivos de los economistas neoclásicos, o "de agua dulce" (los de Chicago); también los neokeynesianos se tragaron en buena parte lo de las "expectativas económicas racionales". Éstas se deducen de modelos econométricos capaces en teoría de prever todas las contingencias futuras, incluido el riesgo, las variables aleatorias y los factores estocásticos. Sin embargo, Alan Greenspan, gurú de los economistas "de agua dulce", para tratar de explicar este inmenso fallo del mercado, ha dicho que "los modelos de gestión del riesgo son aún demasiado simples para capturar la entera dimensión de las variables críticas que gobiernan la realidad económica", y ha reconocido que la gestión monetaria de la Reserva Federal "se había basado en una imperfection" (la regulación innecesaria). Así, pues, ¿toda la tesis del mercado eficiente se basaba en una impostura intelectual? Apaga y vámonos.


En cuanto a la falta de regulación de las entidades financieras ("lo que está sucediendo bajo la superficie") se sorprenden de que un "caballero" como Bernie Madoff resultara ser un chorizo. ¿De veras no habían oído hablar nunca de John Law, de John Blunt, de Necker o de Cabarrús? ¿Ni tampoco de Charles Ponzi, Bernard Cornfeld, Drexel Burnham o Michael Milken? Dicen que es algo que no se va a repetir: "¡Ay, Federico García, llama a la Guardia Civil!".


Ante tanta impostura ¿cómo es que la sociedad no dirige su indignación hacia estos popes? No toleramos los errores médicos garrafales que causan un mal. Y nos hubiéramos enfurecido con las autoridades sanitarias si no hubieran reaccionado preventivamente ante una amenaza tóxica como la gripe H1N1. ¿Por qué no lo hacemos con quienes no tomaron medidas para prevenir la deuda tóxica?


El profesor Robert Skidelsky, gran biógrafo de Keynes, está ultimando un libro sobre The Return of the Master en el que sostiene que el fracaso intelectual de esta crisis es responsabilidad de los economistas. Para él la economía es hoy una disciplina regresiva envuelta en el cartón piedra de las matemáticas y sugiere que se separen en distintas facultades los estudios de macro y de microeconomía.


Es un hecho que muchos macroeconomistas engreídos han abusado de la fiabilidad de sus modelos. En realidad, la carne de los modelos econométricos la pone la estadística, y la guarnición, un aparato matemático que no deja de ser una taquigrafía para escribir menos páginas y que, muchas veces, no es más que una tramposa deturpación de las matemáticas como ha denunciado en su libro L'illusion économique el profesor Bernard Guerrien. Eso sí, las pocas páginas que deja libres de ecuaciones están escritas en una jerga pretendidamente segregacionista que, a estas alturas, resulta tan casposa como insultante.


No cabe la menor duda de que los economistas tienen un gran papel que desempeñar junto al resto de científicos sociales para mejorar el mundo, pero deberían dejar atrás su obsesión, un tanto infantil, de querer parecer científicos naturales, porque esa pretensión, después de Kurt Gödel, resulta irrisoria, cuando no patética. Deberían entender su ciencia como la concibe el profesor Alfredo Pastor en su libro La ciencia humilde, porque siempre hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que caben en nuestra filosofía.


Quizás así algún día podrían ser tan útiles para la sociedad como los dentistas, máximo honor al que aspiraba para sus colegas aquel burgués británico, culto, refinado y extraordinariamente inteligente que se llamó John Maynard Keynes.


Gonzalo Pontón es el fundador de la editorial Crítica.


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La caída del tigre celta

Posted by Roberto on 9:04 in , , ,
Interesante artículo sobre cómo está viviéndose la crisis en un país con una política económica marcadamente liberal como es Irlanda. El sueño irlandés se ha convertido en una pesadilla. Tomen buena nota los tenaces neocons españoles.

Años de políticas ultraliberales han debilitado el Estado y hundido los servicios sociales
El sueño que el PP pretendía para España sume a Irlanda en una pesadilla
S.C. Publicado en Elplural.com el 21 de abril de 2009

Irlanda, cuyo crecimiento les valió el sobrenombre de “tigre celta” en alusión a los pujantes economías asiáticas, es ahora uno de los países europeos que más está sufriendo los rigores de la crisis. Su PIB se hunde, los precios caen y el paro se dispara y en la mayor parte de los indicadores empeora la media europea. La quiebra de todo tipo de negocios es visible en la calle, la delincuencia y el consumo de drogas aumentan y se toman medidas contra los extranjeros en un país que lleva a gala ser tierra de emigrantes. El modelo en el que se basó el crecimiento irlandés tiene algunos paralelismos con España, como la burbuja inmobiliaria, sin embargo existen diferencias importantes, y es que en la isla tienen que afrontar la crisis sin apenas presencia gubernamental y deteriorados servicios sociales, tras años de adelgazamiento del Estado a través de políticas ultraliberales. Era el modelo que defendían abiertamente Aznar o Aguirre, citando frecuentemente el “milagro” irlandés, y que ahora siguen reivindicando aunque obviando las penalidades de Dublín.

Irlanda se enriqueció rápidamente con un modelo económico basado en impuestos bajos, incentivos a la inversión, un euro fuerte o el rigor presupuestario basado en el recorte en las inversiones de los servicios sociales. Algunas grandes empresas acudieron atraídas por las ventajas fiscales, se importó mano de obra, especialmente la procedente de otro país católico como Polonia y los intereses bajos llevaron a inversiones generalizadas en ladrillo. El valor de las casas había aumentado hasta en diez veces su valor desde el inicio del boom.
Hundimiento del PIB hasta del 8%
“Una década y media de boom cambió por completo la sociedad, la cultura e incluso la religión; una nación de campesinos se convirtió en otra de especuladores inmobiliarios que conducían Porsches y compraban pisos en Bucarest y Sofía con créditos que los bancos concedían encantados”, resume el ex banquero John O’Keefe según recoge La Vanguardia. En un extenso reportaje el diario da cuenta de las cifras de la bonanza precedentes y las actuales del hundimiento, así como de la erosión social que se traduce en rupturas familiares, aumento de la mendicidad y del consumo de drogas, y es que Irlanda cuenta con algunos de los peores registros económicos de la UE. En 2008 el PIB cayó 3% y las estimaciones para este año son de una contracción de hasta el 8% -en España el Gobierno contempla un descenso del 1,6% y las previsiones más pesimistas del Banco de España de un 3%-. A pesar de la intervención gubernamental se mantiene la incertidumbre sobre los depósitos bancarios, y es que el respaldo de todos ellos costaría el 250% de la producción anual.
Deuda privada disparada
En la actualidad, las familias irlandesas deben el 200% del PIB nacional, la cifra más alta del mundo desarrollado. Irlanda es, después de España, el país europeo que más rápidamente destruye empleo. La diferencia con nuestro país es que allí los parados sólo pueden cobrar 15 meses de desempleo -24 en España- y se encuentran con unos deteriorados servicios sociales tras años de recortes por la ortodoxia ultraliberal. El Estado no dispone de margen para recurrir al gasto público para impulsar su paralizada economía. Si en tiempos de bonanza, el Gobierno insistía en bajar impuestos, ahora los sube a pesar del riego de ahogar a sus contribuyentes, precisamente ahora, pero el déficit apremia.
Repliegue interior
Ahora, Irlanda acaba de endurecer las leyes de inmigración para algunas profesiones en un intento por proteger los empleos locales pero también de tranquilizar a una opinión pública cada vez más xenófoba en medio de las dificultades pero que estuvo durante años demandando mano obra barata.
Espejo roto en el que el PP se sigue mirando
Irlanda fue durante años el espejo en el que se miró el Gobierno del PP, y de hecho sus dirigentes y medios afines lo presentaban recurrentemente como el ejemplo a seguir. No hace mucho, Aguirre celebraba sobre Irlanda que el “milagro económico tuvo su origen políticas liberales”, denostando “el intervencionismo, el nacionalismo económico o cualquier variedad conocida o por conocer del populismo, del socialismo o del comunismo”. Ahora Irlanda interviene bancos y nacionaliza el empleo. Y Aznar sigue reivindicando menos Estado, menos “colectivismo”, facilitar el despido y cuestionar las prestaciones por desempleo.

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Europa es de derechas, por Joaquín Estefanía

Posted by Roberto on 4:15 in , , , , , ,
Interesante artículo de Estefanía que reflexiona sobre la política económica de la UE en la crisis actual y sobre hacia dónde debe ir Europa en el futuro.

Por JOAQUÍN ESTEFANÍA. Publicado en El País el 01/06/2009

La mayoría de los Gobiernos de los 27 países de la Unión Europea (UE) son de derechas; de derechas es la mayoría del Consejo Europeo, y el presidente de la Comisión, Durão Barroso, fue el cuarto mosquetero (y anfitrión) de la foto de las Azores, que dio el visto bueno a la invasión de Irak; por último, la mayoría del Parlamento Europeo, que se renueva dentro de unos días, es mayoritariamente de centro derecha.

A algunos ciudadanos españoles de más de una generación, que siempre identificaron Europa con las libertades perdidas durante el franquismo (la ciudadanía política y civil) y con la creación del Estado de bienestar (la ciudadanía social) -y que siempre vincularon a Europa con un proyecto progresista- parece olvidárseles esta realidad ideológica. Las elecciones al Parlamento Europeo, del que dependen ya más de la mitad de las iniciativas legislativas que afectan a la vida cotidiana de los europeos, son la oportunidad de limitar ese escoramiento ideológico.

Además, en ese espacio público compartido que es la Unión Europea (UE) se padece una grave crisis económica que habiéndose iniciado en EE UU es ya más profunda en el viejo continente; que se manifiesta en una enorme reducción de la actividad, fuertes crecimientos del paro (más de 20 millones de personas) y un incremento nulo de los precios que algunos analistas identifican con una próxima deflación. Más allá de las dificultades institucionales, a este contexto de la coyuntura se añade un factor estructural negativo -el fracaso de la Agenda de Lisboa, que pretendía hacer de la UE la zona más avanzada del planeta con un modelo social propio- y una paradoja: pese a que la mayoría de Gobiernos de la zona son conservadores, la política económica que se está aplicando es una política keynesiana, de expansión de la demanda, que en nada se parece al modelo neoliberal del que presumían hasta el año 2007.

Dada la naturaleza, profundidad y velocidad de la Gran Recesión, los ciudadanos parecen (a través de los sondeos privados y el eurobarómetro) asumir un hecho que todavía no han verificado los políticos de algunos países de la Unión (por ejemplo, España): que ninguna fuerza política es capaz, por sí sola, de sacar del atolladero económico, global y sistémico, a sus representados. ¿En qué momento se manifestará, sin ningún tipo de velos, la necesidad de un pacto que sustituya con garantías de éxito al que en la segunda posguerra mundial firmaron los socialdemócratas y los democristianos y que hizo de Europa una historia integradora de éxito y de progreso que todos querían emular? Ese pacto dio lugar a la edad de oro del capitalismo (el periodo en el que la economía creció más, y más prolongadamente, hasta la mitad de los años setenta) y a la creación del Estado de bienestar, como mejor utopía factible de la humanidad.

Felipe González, que preside la célula de reflexión de hacia dónde va Europa y uno de los escasos políticos que está utilizando la campaña electoral al Parlamento Europeo para hacer europeísmo militante, ha volcado los contenidos de ese nuevo pacto en cinco puntos: consolidación de una política económica anticíclica, que invierta el curso de la recesión, y propuestas para un nuevo orden financiero que impida recaer en los errores y abusos cometidos (más y mejor regulación); una nueva agenda que sustituya a la de Lisboa y que vincule inseparablemente el modelo económico con el Estado de bienestar europeo (cómo ser una potencia económica y tecnológica que compita en la era de la globalización y cómo y cuánta cohesión social se puede financiar para mantener el modelo social que se exhibe como seña de identidad europea); una política energética que tenga en cuenta al tiempo la seguridad en el suministro con las limitaciones que impone la lucha contra el cambio climático ("es el problema global de mayor envergadura que enfrentamos en el medio y largo plazo"); políticas migratorias comunes, en las que se tenga en cuenta la cooperación con los países emisores y que vayan a las causas de los flujos incontrolados; y una política de seguridad que no sólo tenga en cuenta el terrorismo sino la lucha contra las mafias criminales organizadas.

¿Hay tiempo para ponerse de acuerdo en estas políticas de carácter más transversal que ideológico? En parte depende del resultado de las elecciones al Parlamento Europeo. Por ello es imprescindible votar.

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Ideas que guían este blog

"El liberalismo económico es la zorra libre en el gallinero libre"

Rosa Luxemburgo

"Donde hay educación no hay distinción de clases"

Confucio

“El alojamiento es una necesidad humana prioritaria, como el alimento y el agua, y una condición esencial de la vida civilizada. Cuando se comprendan estas verdades, se reconocerá el problema de estar sin hogar como lo que verdaderamente es: una afrenta contra la dignidad humana y la denegación de un derecho humano básico.”

Lord Scarman

"Querer informarse sin esfuerzo es una ilusión que tiene que ver con el mito publicitario más que con la movilización cívica. Informarse cansa y a este precio el ciudadano adquiere el derecho de participar inteligentemente en la vida democrática"

Ignacio Ramonet.

"Al mismo tiempo que mejora la organización de los mercados de inversión, aumentan, sin embargo, los riesgos del predominio de la especulación. Los especuladores podrían no resultar perjudiciales si fueran como burbujas dentro de una corriente empresarial estable; lo grave se produce cuando es la empresa la que se convierte en una burbuja en medio del desorden especulativo".

"Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es probable que el trabajo se haya hecho mal".


J. M. Keynes. 1936

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