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Aznar: una imagen vale más que mil palabras

Posted by Cuadernos Keynesianos on 10:13 in , ,
José María Alfredo Aznar López, ex presidente del Gobierno y Catedrático de Ética política y Humanidades de la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM)




Palabras de un liberal

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¿Es el Gobierno español paranoico? por Vicenç Navarro

Posted by Cuadernos Keynesianos on 12:09 in , , , , ,
En mi último post hablé sobre el funcionamiento de un ataque especulativo. En este artículo del profesor Vicenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas en la Universidad Pompeu Fabra y Profesor de Public Policy en la John Hopkins University (Baltimore) nos da su particular opinión sobre este reciente hecho.

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¿Es el Gobierno español paranoico? por Vicenç Navarro

Publicado en El Plural el 17 de febrero de 2010

Este artículo señala que, en contra de lo que sostienen autores y medios de información liberales, el gobierno español (y otros gobiernos de la UE) están sujetos a una campaña hostil de los mercados financieros especulativos que tienen como objetivo afectar al euro, campaña que coincide con las presiones realizadas por instituciones (como Davos) y medios de información liberales (como The Financial Times y The economist) sobre tales gobiernos para que desarrollen las medidas que favorezcan los intereses que representan. El artículo aporta evidencia de tales hechos.

Lo que estamos viendo estos días es la confluencia de dos hechos. Uno de ellos es la movilización de los mercados financieros especulativos para desestabilizar el euro. El otro, es la presión ejercida por el capital financiero (es decir, la banca), así como por el mundo de las grandes empresas (y por los medios y economistas liberales afines a tales intereses financieros y empresariales) sobre el gobierno español (así como sobre otros gobiernos de la eurozona) para que responda a la crisis financiera mediante políticas liberales, que favorezcan sus intereses. En ambos casos, el leitmotif del ataque se presenta como la necesidad de reducir el déficit y la deuda pública de España y de aquellos otros países que los mercados financieros consideran estar excesivamente endeudados. Su solución es la gran reducción del gasto público y de los derechos sociales y laborales de las clases populares. Es así como –según ellos- se calmarán los mercados financieros.

Estos dos hechos son una realidad fácilmente demostrable, y que no pueden trivializarse a las personas que los denuncian acusándolos de paranoicos, tal como hicieron varios intelectuales (como Moisés Naim, director de la revista Foreign Policy) y economistas liberales (como Xavier Sala i Martín) en unas declaraciones realizadas a El País (02-11-10). En ellas, Moisés Naim alabó, incluso, a los mercados financieros por disciplinar a los gobiernos que no hacían lo que –según él- tenían que hacer (es decir, reducir los derechos laborales y sociales). Declaraba, el que es también colaborador semanal de El País, que no era correcto “poner a los especuladores o inversores como malos y a los gobiernos como víctimas, cuando en realidad los ataques de los inversores son los que obligan a las administraciones a mantener políticas públicas sostenibles”. Una postura semejante se reproducía en el editorial de El País, titulado sarcásticamente “Bienvenido a la conspiración” que aplaudió a los mercados financieros por su impacto disciplinario sobre los gobiernos, acusando también a las voces dentro del gobierno Zapatero de haber denunciado tal hostilidad de los “mercados” de ser paranoicos.

A la luz de la profunda crisis causada por tales mercados especuladores (y de la extensa evidencia que documenta que los grupos bancarios, en su acción conjunta, fueron responsables de la mayor recesión existente desde principios del siglo XX), la bondad expresada hacia ellos por dichos autores es sorprendente. Tales autores dan la impresión de que no han entendido ni lo que ha estado ocurriendo todos estos últimos años, ni la crisis profunda que estamos sufriendo. Su fe liberal parece impermeable a la evidencia que les rodea.

Los llamados “mercados financieros” tienen muy poco de mercados y son instituciones e individuos con nombres conocidos. Hoy el centro de los mal llamados mercados financieros son las famosas (infames) “hedge funds”, fondos altamente especulativos, manejados, en parte, por grandes grupos bancarios. Cualquier lector mínimamente informado sobre temas económicos y financieros, habrá leído cómo Wall Street (el centro del capital financiero de EEUU) estuvo en el centro del escándalo de los banqueros, cuya codicia y comportamiento especulativo contribuyó a crear la crisis financiera más importante del mundo después de la Gran Depresión En realidad, estos mercados están altamente centralizados y tienen nombre propio, como Goldman Sachs, J.P. Morgan, Bank of America y otros bancos que, a través de sus influencias políticas en el Congreso de EEUU (el Comité de Finanzas del Senado de aquel país está en su bolsillo) consiguieron durante la Administración Clinton (la administración del Partido Demócrata más cercana a Wall Street que haya existido en la historia reciente de EEUU) y la Administración Bush (una de las administraciones más corruptas que aquel país haya tenido), la desregulación de la banca, lo cual quiere decir que los bancos pueden hacer lo que quieran, creando y expandiendo los ”hedge funds” con toda una batería de instrumentos especulativos (incluyendo los famosos credit default swaps), que están en el centro de aquellos mercados financieros. Pues bien, estos “inversores” están intentando causar el colapso del euro. Y esto no lo dicen los “paranoicos” sino ellos mismos. Según declaraciones hechas al Financial Times (F.T.) (14.02.10) “varios hedge funds han informado al F.T. que han acordado posiciones conjuntas en contra del euro, basado en su lectura de la situación política en Europa y debido a su temor al deseo de regulación del capital financiero por parte de los estados”. Es difícil decirlo con mayor claridad. Estos “hedge funds” han estado manipulando y especulando con la deuda de aquellos países. Este pasado domingo, el The New York Times (14.02.10) publicaba, en primera página, cómo Wall Steret contribuyó a crear tal crisis del euro. Documenta también tal rotativo como Goldman Sachs, junto con sus aliados en el gobierno conservador griego, manipuló la deuda del gobierno heleno, ocultando su verdadero tamaño y especulando con ella de manera que agravó la crisis griega. Fue precisamente el nuevo gobierno socialista griego el que descubrió y denunció tal comportamiento, creando las represalias del “mercado financiero”. Andrew Cockburn, en otro artículo detallado en CounterPunch (13.02.10) titulado significadamente “The Economic Velociraptors” documenta cómo se está orquestando este ataque.

La presión liberal sobre los gobiernos
En cuanto a las presiones de las instituciones y autores liberales para que el gobierno español aplique medidas liberales para salir de la crisis, creo que la evidencia existente es también robusta y convincente. Sólo hace falta leer los editoriales del Financial Times y del The Economist durante estos últimos treinta años para encontrar la evidencia.. Estos dos rotativos fueron los mayores promotores de la filosofía económica liberal en Europa y, tienen, por lo tanto, gran responsabilidad en el desarrollo de la crisis financiera que ha creado una enorme miseria en el mundo. Léanse los editoriales de tales rotativos, y verán lo que han estado promoviendo en los últimos treinta años. Ambos estimularon políticas –tales como la desregulación de los mercados financieros- que llevaron directamente a la crisis. Editorial tras editorial, aconsejaron tomar las medidas que causaron el desastre mundial. Son ellos, pues, los que carecen de toda credibilidad, y es de una extrema insensibilidad autocrítica que ahora sermoneen al respecto de cómo resolver la crisis. Lo primero que deberían hacer para ganar credibilidad es hacer una autocrítica, lo cual es como pedirle peras al olmo.

Las continuas referencias a la postura editorial de tales diarios (como hacen los rotativos liberales en España) como voces de autoridad, representa un provincialismo ignorante de los hechos. Y ninguno de ellos se ha excusado por ello. Todo lo contrario. Por paradójico que parezca continúan con el mismo dogma liberal a pesar de que la evidencia de su error es extensa y abrumadora. Imagínese que una revista médica hubiera estado promoviendo un tratamiento médico que hubiera causado millones de muertos en el mundo, y que no hubiera corregido y cambiado de tratamiento. ¿Habría alguien que le estuviera escuchando o, incluso, citando como voz de autoridad? Pues esto es lo que está ocurriendo con el Financial Times y el The Economist.

Un tanto semejante ocurre con Davos, el Vaticano del movimiento liberal. En un escrito mío en Público, “La escasa credibilidad de Davos” (11.02.10) señalaba los errores y manipulaciones que había realizado un informe de Davos, sobre la competitividad de la economía española, en la que ésta aparecía por los suelos, a nivel de países del tercer e incluso cuarto mundo. Las falsedades de este informe alcanzaban niveles nunca vistos antes en dichos medios, tales como señalar que el conocimiento de matemáticas y ciencias en España está a la cola de la mayoría de los países del mundo, a nivel del cuarto mundo (PISA muestra que España está ligeramente inferior al de los países más ricos del mundo). Tal informe estaba dirigido por el mismo Xavier Sala i Martín, que niega en unas declaraciones que el gobierno español esté sujeto a ninguna presión internacional de los mercados y asociaciones e instituciones internacionales, los cuales –según Sala i Martín- responden de una manera lógica y razonable frente a lo que él define como la raíz del problema, es decir, la supuesta excesiva proximidad del gobierno Zapatero con los sindicatos, que dificulta que se hagan los cambios que los mercados y él desean.

Todos estos autores, rotativos, agencias y medios comparten la ideología liberal (que es la ideología del capital financiero y del mundo empresarial), promovida también en nuestros rotativos de mayor difusión. De ahí su acción coincidente, que tiene como objetivo común: disminuir el nivel de vida de las clases populares aplicando medidas de gran austeridad que les permitan salir de la crisis en términos favorables a sus intereses. Cuando el grado de coincidencia es tan amplio, no hace falta ninguna conspiración o conjura. Tal ideología les define, motiva y marca lo que promueven y creen en ello, pues coincide, y justifica sus intereses. Lo que es frustrante es que el gobierno Zapatero parece estar creyéndose lo que sus críticos liberales le dicen, tomando toda una serie de iniciativas (desde la reducción del gasto público –que es una nota de suicidio en estos momentos de gran recesión- hasta las reformas del sistema de pensiones) que, como bien ha dicho el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, no tienen nada que ver con la crisis del euro o de la economía española.


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Cómo funciona un ataque especulativo

Posted by Cuadernos Keynesianos on 2:39 in , , , , , , ,
Mucho se ha hablado a lo largo de las últimas dos semanas sobre si existe una conspiración contra España o incluso contra el €uro alentada desde medios como el Financial Times en Reino Unido. Otro tema distinto es si a Europa le conviene un €uro más débil: los hay que afirman tajantemente que sí y por otro lado los que no están tan seguros de ello.

Los ataques a la zona €uro han llegado incluso desde el blog del Nobel Paul Krugman, que ha puesto en duda las bondades de la moneda única para países como España, argumentando la imposibilidad de devaluar para ganar competitividad y remarcando que la rigidez del mercado de trabajo europeo y la divergencia de políticas fiscales hacen que la UE no sea lo que el Nobel Robert Mundell denominó un Área Monetaria Óptima. La cosecuencia que de esto se deduce es que el reajuste de sus economías será lento y doloroso. Ignora u omite Paul Krugman los beneficios que esta moneda ha tenido para favorecer la integración y la estabilidad en la UE y el peligro de entrar en una guerra de devaluaciones competitivas.

Como decía, los rumores sobre ataques especulativos a la moneda han llegado hasta el punto que incluso el CNI se ha puesto a investigar sobre el tema, mientras José Manuel Campa y Elena Salgado hacían gira por Europa intentando tranquilizar a inversores y periodistas. La cuestión de la conspiración, por cierto, ha provocado no poca mofa en el FT y el banco suizo UBS.

Pues bien, mi idea hoy es explicar para los más legos en la materia cómo funciona un ataque especulativo contra una divisa o la deuda de un Estado. Para ello, creo importante recordar el episodio histórico de la tormenta monetaria que tuvo lugar en la UE durante 1992-1993, en la fase final del Sistema Monetario Europeo que acabaría dando paso a la Unión Monetaria Europea, pues las similitudes no son pocas:


Tras la caída
, con la crisis del dólar, del sistema de Bretton Woods, vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta comienzos de los años 70, las economías europeas se pusieron manos a la obra en fijar un sistema de tipos de cambio semifijos y ajustables que redujera la incertidumbre y favoreciera el comercio y la integración económica. La serpiente monetaria, vigente desde 1973 hasta 1979 acabaría cediendo paso al Sistema Monetario Europeo. Se creó el ECU, una cesta de monedas con la que cada divisa tenía una paridad central, restringiéndose las fluctuaciones entre dos divisas al ±2,25% con carácter general. La moneda más importante en el ECU era el marco alemán, por lo que las monedas quedaban fijadas indirectamente a ésta.

Tras la firma del Acta Única Europea y a partir del 12 de enero de 1987, se acabó con los reajustes en las paridades de las monedas con el objetivo de dotar de credibilidad al sistema a las puertas de la creación de la moneda única. A partir de 1990 se consagraría la libertad de movimientos de capital.


Estos hechos coincidieron con el proceso de reunificación en Alemania y con ella llegarían los problemas monetarios: el déficit fiscal en el que tuvo que incurrir Alemania hacía temer tensiones inflacionistas, y el objetivo básico del Bundesbank era (su miedo a la hiperinflación después de los hechos de los años 20 es bien conocido) mantener la inflación a raya, por lo que procedieron a subir los tipos de interés. El problema para el resto de países surge con el denominado trinity problem: es imposible para un país mantener a la vez la autonomía en la política monetaria, control de tipo de cambio y libertad de movimientos de capitales. La subida de tipos en Alemania obligaba a monedas más débiles como la peseta o la lira seguir sus movimientos para evitar la fuga de capitales hacia
el marco, en momentos en que estas economías tenían la necesidad de mantener unos tipos más bajos. Y aquí es cuando empieza a gestarse el ataque especulativo: los inversores piensan que una determinada divisa no va a poder soportar mucho más el tipo de cambio actual y actúan de la siguiente manera:

  • Pienso que una moneda, pongamos la libra esterlina está sobrevalorada y debe, por tanto, devaluarse: me endeudo en grandes cantidades en esa moneda.
  • A continuación hago una venta masiva de libras mientras anuncio que el tipo de cambio no podrá sostenerse. Otros inversores me imitan detrás y comienzan a desprenderse de sus libras.
  • En un primer momento, el Banco Central de Inglaterra intenta mantener la cotización comprando libras y vendiendo sus reservas, por ejemplo en marcos. Sin embargo, existe un momento en que las reservas empiezan a agotarse.
  • Al final la devaluación es inevitable. Una vez acontecida, con mis marcos recién adquiridos compro de nuevo libras (mucho más baratas), liquido mi deuda y me embolso la ganancia.
Esto es lo que hizo el conocido especulador y ahora aclamado filántropo George Soros obligando a la libra a salirse del SME a la vez que se embolsaba ganancias por 1.000 millones de dólares. La lira también tuvo que salirse del sistema. El franco, por su parte, pudo aguantar el tirón a base de pedir préstamos a Alemania (su caída hubiera arruinado el proyecto de unión monetaria). España, que sufrió también un fuerte ataque contra la peseta, no tuvo más remedio que recurrir por tres veces a la devaluación, si bien consiguó seguir en el barco.

Tras este ataque, se acordó en julio de 1993 que las bandas de fluctuación del SME se incrementaran hasta el 15% y se aceleraron los trámites para llegar a la moneda única, lo que se hizo más evidente tras contemplar la devastadora crisis especulativo-financiera asiática. Hoy, con la moneda única, estos ataques son mucho más
complicados para los especuladores.

¿Cómo funciona la especulación con la deuda de un Estado?

Vamos a ver a continuación lo que puede haber pasado estos días a raíz de la explosión de la situación en Grecia y los temores de extensión al resto de economías europeas:

  • El especulador tiene sospechas de que los gobiernos de determinados países puedan tener problemas para atender a las obligaciones generadas por la deuda emitida.
  • A continuación toma los títulos de deuda prestados en un banco (ojo, los toma prestados, por lo que paga por ellos sólo el euribor).
  • Se anuncia a bombo y platillo que el Estado de turno corre un grave riesgo de insolvencia. Se produce a continuación una venta masiva de títulos haciendo bajar su precio.
  • Finalmente, recompro los títulos más baratos, liquido mi deuda con el banco y me embolso las ganancias.

Este juego no es independiente del que se realiza con los Credit Default Swaps o CDSs, unos derivados financieros que sirven para asegurarse ante la pérdida de valor o el impago de un determinado activo subyacente, por ejemplo, la deuda pública. Los CDSs pueden incluso cubrir ante el riesgo de una rebaja en la calificación crediticia del subyacente (ojo al parche). Lo más curioso de esta historia es que un especulador puede comprar CDSs aunque realmente no tenga deuda asociada que cubrir. El mecanismo es el siguiente:

  • Cuando el título de deuda tiene buena reputación, comprar el CDS resulta económico.
  • Tras la caída de la cotización de la deuda y el aumento del riesgo país, la cotización del CDS aumentará. Ahora tan solo me queda venderlos y forrarme.
  • Es obvio que si a la operación especulativa con la deuda soberana le sumamos las ganancias con los CDSs el negocio es redondo.

Existen algunas diferencias entre un CDS y un contrato de seguro convencional. Las más remarcables son:

  • El comprador del CDS (el que se asegura frente a la contingencia) no tiene por qué tener en su poder el activo subyacente, como hemos dicho antes.
  • Los que venden el CDS (es decir, los que aseguran del riesgo al comprador) pueden no ser una entidad regulada, ni se les exigen garantías para hacer frente a las contingencias del contrato. En pocas palabras, el CDS es un seguro que no asegura de nada.

Pues lo más curioso de todo es que en EEUU el volumen de contratación de CDS supera con creces a la negociación conjunta en la bolsa, el mercado hipotecario y el de deuda del Tesoro.


Para saber más acerca de los CDS y sus peligros, visitar GurusBlog.


No deberíamos preocuparnos mucho de
estos juegos de casino de no ser por el hecho de que ponen en serio peligro los puestos de trabajo y los ahorros de miles de personas en los países en los que se producen los episodios especulativos.

Para profundizar: El modelo de Krugman de los ataques especulativos.


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Sobre la sabiduría convencional económica

En diciembre de 1935, el economista de Cambridge John M. Keynes prologaba la Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, una obra alumbrada con un claro objetivo: luchar contra la tiranía de los dogmas de la economía neoclásica, que tan impotente parecía mostrarse para luchar contra la Gran Depresión de los años 30 y devolver a la economía a una situación de pleno empleo de los recursos. Allí afirmaba que “la dificultad reside no en las nuevas ideas, sino en rehuir las viejas que entran rondando hasta el último pliegue del entendimiento de quienes se han educado en ellas, como la mayoría de nosotros”.

Más tarde, en 1958, mientras florecía en las sociedades occidentales el Estado del Bienestar, el profesor de Harvard
John K. Galbraith reparó en la persistencia de las creencias aceptadas y en la recurrente pugna entre lo que es correcto y lo que nos resulta agradable cuando escribió La Sociedad Opulenta y acuñó una expresión que acabaría haciéndose célebre: la de la sabiduría convencional. Decía Galbraith que cualquier idea original que se aparte de la sabiduría convencional será inevitablemente tachada de infidelidad o apostasía, y es por esto que en cualquier organización en la que se pretenda prosperar "es mucho más seguro estar equivocado con la mayoría que estar en lo correcto solo".

Apuntaba Galbraith que no es posible atacar a la sabiduría convencional con ideas: sólo a golpe de dramáticos acontecimientos como el crack de 1929 o la crisis actual puede aquélla llegar a ser cuestionada, si bien finalmente, como la Vieja Guardia de
Pierre Cambronne, muere mas no se rinde.

Hoy me propongo, a riesgo de no gustar a casi nadie, hablar de algunos populares dogmas de la sabiduría convencional económica, que no lo olvidemos es altamente aceptada, por ser a la vez familiar y agradable.

La sabiduría convencional viene defendiendo desde
Adam Smith con la teoría de la mano invisible que no hay mejor manera de promover la eficiencia social que desde el egoísmo individual. Defiende también la hipótesis de que los mercados financieros son eficientes (para qué regularlos pues), que las expectativas de los inversores son racionales así como perfecta la información de la que disponen todos los agentes, y finalmente, que la remuneración que cada individuo recibe en el mercado refleja su contribución marginal a la sociedad.

Aunque la insensatez de la banca, su insostenible apalancamiento y su perverso sistema de incentivos, con las dolorosas consecuencias que todos conocemos, deberían haber puesto en entredicho estos postulados, así como los modelos estadísticos de valoración de activos y riesgos como el CAPM o el VaR, observo con no poco desconcierto cómo las instituciones que casi hunden al sistema están volviendo a las andadas e intentando paralizar los tímidos intentos de reforma.
Incluso en épocas de recesión como la actual, en la que legiones de trabajadores y capital están desocupados en masa, dice la
sabiduría convencional que el presupuesto público ha de permanecer siempre equilibrado, pues el déficit lastrará a nuestros hijos y nietos, si bien detrás de esta preocupación podemos sospechar que no reside más que el interesado propósito de las clases más pudientes de ver rebajados sus impuestos y avanzar hacia la privatización de los servicios básicos.

Desde no pocos ámbitos se predica además que no hay mejor manera de impulsar el crecimiento que reduciendo drásticamente el gasto público. La evidencia teórica y empírica apunta más bien a lo contrario: un gasto público bien enfocado puede incrementar la renta y la recaudación impositiva presente y futura de modo que sus efectos presupuestarios pueden incluso ser casi neutros. Una vez el impulso del gasto público reestablece el crecimiento del producto y el consumo privado, entra en juego el acelerador de la inversión. La historia, además, nos ha mostrado en repetidas ocasiones lo devastador que puede ser el empecinamiento en conseguir a toda costa el equilibrio presupuestario en tiempos de crisis: la gestión del presidente estadounidense
Hervert Hoover subiendo tipos y recortando gastos durante el inicio de la Gran Depresión y posteriormente de Franklin D. Roosevelt durante la recaída de 1937 o las políticas contractivas en Japón en 1996, que consolidarían su década perdida, son enseñanzas de las que deberíamos haber tomado buena nota.

Dicen los
sabios convencionales que el problema del mercado de trabajo en España reside en su elevada rigidez y en unos costes laborales unitarios (remuneración entre productividad) demasiado elevados. Su solución: abaratar el despido y flexibilizar el sistema de fijación de salarios. Sin embargo, no puede considerarse rígido un mercado en el que un tercio de los empleos son temporales y con costes de despido prácticamente nulos, que provoca que los ajustes siempre vengan vía cantidades. Si bien es razonable que debemos ganar en flexibilidad interna y mejorar aspectos como el trabajo a tiempo parcial, el problema de España, más allá de simplismos, reside en su desequilibrada estructura productiva, y no hay mejor manera de disminuir el coste laboral unitario que incrementando la productividad a través de la educación y de una nueva y necesaria reconversión sectorial. Este hecho, además, tendría unos efectos equiparables a una devaluación interna ante la imposibilidad de ganar competitividad mediante el manejo del tipo de cambio en el contexto de la moneda única.
Implementar esta reforma exige como condición indispensable desistir de seguir huyendo hacia delante, algo a lo que las mentes empresariales y sindicales más conservadoras no andan muy dispuestas.

Proclama la
sabiduría convencional que la inflación es mala por definición. Las lecciones que nos ha dado la historia sobre los desastrosos efectos de la hiperinflación no admiten discusión, siendo especialmente destacable el caso alemán durante la República de Weimar en 1923, que llevó a la ruina a las clases medias y propició el ascenso del nazismo. El Bundesbank acabaría haciendo de la lucha contra la inflación su obsesión, y el BCE no es sino un vástago de aquél. Aunque esto está muy bien, otra cosa bien distinta es fijar, como se ha hecho, un objetivo de crecimiento de los precios del 2%, que puede degenerar rápidamente en tensiones deflacionistas durante una crisis como la actual.

Cuando los precios caen de forma sostenida (y recordemos que en España hemos experimentado tasas interanuales negativas durante 8 meses consecutivos), suceden cosas tan curiosas como que podamos ver el PIB real de Japón crecer a la vez que su PIB nominal cae, y otras más graves como que los tipos de interés reales sean positivos mientras los nominales rondan el 0%, no pudiendo hacer nada la política monetaria para reducirlos más. En un contexto de deflación puede ser más rentable guardar el dinero debajo de un colchón que invertirlo, y esto hace a la autoridad monetaria impotente para reactivar la actividad. Si la deflación acaba por instalarse en las expectativas de los consumidores y empiezan a posponer sus compras contrayendo aún más la demanda, el cóctel es ya explosivo. En conclusión, quizás los bancos centrales deberían empezar a plantearse unos objetivos de inflación más elevados, en torno al 6% propone Kenneth Rogoff, antiguo economista jefe del FMI. Pues bien, no pocos analistas andan ya sugiriendo que los tipos de interés deberían comenzar a repuntar en pocos meses para prevenir una eventual Gran Inflación, a pesar de la aún tímida recuperación de los índices de precios y las obscenas cifras de paro aún al alza. Si estas voces son tenidas finalmente en cuenta por la autoridad monetaria, me temo que no podemos sino esperar un largo periodo de estancamiento y de elevadas tasas de paro.


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Ideas que guían este blog

"El liberalismo económico es la zorra libre en el gallinero libre"

Rosa Luxemburgo

"Donde hay educación no hay distinción de clases"

Confucio

“El alojamiento es una necesidad humana prioritaria, como el alimento y el agua, y una condición esencial de la vida civilizada. Cuando se comprendan estas verdades, se reconocerá el problema de estar sin hogar como lo que verdaderamente es: una afrenta contra la dignidad humana y la denegación de un derecho humano básico.”

Lord Scarman

"Querer informarse sin esfuerzo es una ilusión que tiene que ver con el mito publicitario más que con la movilización cívica. Informarse cansa y a este precio el ciudadano adquiere el derecho de participar inteligentemente en la vida democrática"

Ignacio Ramonet.

"Al mismo tiempo que mejora la organización de los mercados de inversión, aumentan, sin embargo, los riesgos del predominio de la especulación. Los especuladores podrían no resultar perjudiciales si fueran como burbujas dentro de una corriente empresarial estable; lo grave se produce cuando es la empresa la que se convierte en una burbuja en medio del desorden especulativo".

"Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es probable que el trabajo se haya hecho mal".


J. M. Keynes. 1936

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