La reforma del acceso a la función pública docente.
A lo largo de estos últimos años he mostrado mi disconformidad con el actual sistema, sesgado en favor de una minoría, que deja sin posibilidades reales de acceso al profesorado interino más joven y a los nuevos aspirantes a docentes, por muy capacitados que éstos estén.Hoy el debate vuelve a estar vivo por el anuncio del Ministerio de Educación de modificar el sistema de acceso a través de un borrador que parece no haber gustado nada a una parte del personal interino ni a la mayoría de sindicatos. Tras haberlo estudiado y recoger opiniones en distintos foros, ésta es mi humilde opinión acerca del mismo:
El debate sobre la reforma del acceso es agrio en cuanto que se trata de un juego de suma cero, esto es, para mejorar las posibilidades de acceso de unos (en este caso el opositor neófito), deben empeorarse las del personal interino, gran beneficiario del sistema transitorio que tenía el muy loable objetivo de consolidar los puestos de trabajo de estos profesionales y reducir la precariedad del colectivo. Sin embargo, no deberíamos perder de vista que el objetivo final de la reforma debería ser lograr un sistema estable que seleccione a los mejores profesionales y que los principios de igualdad, mérito y capacidad que expresa la ley no queden en meras palabras.
Mi opinión, y así lo ha venido manifestando hace tiempo a Asociación Cualificación y Acceso Docente, es que debemos avanzar a un sistema de acceso más equilibrado para todas las partes, lo que incluye al sistema de confección de listas de interinos en las distintas comunidades autónomas, otra cuestión muy polémica. A lo largo de los últimos años he sido opositor e interino no preferente, en paro a veces y precario en otras. Ahora, como funcionario de carrera, trato a diario con todos estos colectivos, por lo que creo que puedo hacer una aportación no sesgada al debate.
Respecto al sistema de oposición, aquí van algunas valoraciones:
- Creo positivo que se recupere el ejercicio práctico para todas las especialidades y el carácter eliminatorio de las pruebas. En caso contrario, es sencillo superar la oposición teniendo grandes lagunas de conocimientos, como expliqué en el post que arriba enlazo.
- Cambiar el desarrollo del tema por 10-15 preguntas cortas también es positivo, en cuanto permite una vez más conocer si el opositor domina globalmente la materia. Se ha dicho que esto puede dar lugar a filtraciones, pero esas filtraciones actualmente también pueden darse en el ejercicio práctico, por lo que la solución no está en renunciar a esta posibilidad, sino en adoptar los mecanismos necesarios para evitar esas eventuales filtraciones.
- También merece una valoración positiva la reforma de la prueba oral, para que ésta incluya una batería de supuestos prácticos que valoren la capacidad didáctica del opositor. En los últimos años he podido comprobar cómo el actual sistema de acceso incentiva al opositor a reproducir mecánicamente una programación y una unidad didáctica preparadas en la academia de opositores sin necesidad de tener el más mínimo conocimiento de didáctica. Esta reforma, por cierto, beneficiaría al profesor con experiencia real en las aulas.
- El baremo (fase de concurso) es otro de los puntos candentes de la reforma. Discrepo con la posibilidad de que la experiencia en centros privados se valore igual que en los públicos, en tanto que el acceso a los primeros no se guía en ningún caso por principios de igualdad. Tampoco creo acertado que se pueda alcanzar el 100% de la puntuación en el concurso sin tener experiencia docente. En definitiva, debería mantenerse un sistema de baremación similar al actual, pero donde la experiencia pudiera suponer como máximo 4 o 5 puntos y no los 7 de la actual disposición transitoria, y en el que no dejen de valorarse las actividades formativas a través de organizaciones sindicales, centros de formación de profesores, formación académica adicional o en idiomas, excelencia académica, etc.
Un problema que, en mi opinión, vienen mostrando todos los sindicatos de enseñanza desde las reformas de 2004 es su falta de visión a medio y largo plazo: se ha cedido a las presiones legítimas de una minoría (la que puede ejercer el derecho a voto en las elecciones sindicales) abandonando a su suerte a los jóvenes aspirantes a docentes. No es consistente que se defienda la educación pública como vehículo para la igualdad de oportunidades mientras esta igualdad de oportunidades se niega sistemáticamente a los jóvenes aspirantes a docentes. No deberíamos olvidar que más tarde o más temprano estos jóvenes acabarán accediendo al sistema y sabrán recompensar o castigar el apoyo que recibieron por parte de los sindicatos.
Considero, en definitiva, que éste es un buen momento para que las organizaciones sindicales que participan en la negociación del sistema de acceso muestren una mayor amplitud de miras que, a largo plazo beneficiará no solo la calidad de la educación y a la dignificación del oficio, sino también a la percepción ciudadana de los sindicatos como organizaciones al servicio de toda la ciudadanía, y no solo de una minoría.
Buen verano.